Este fin de semana ha comenzado la Liga con apenas novedades con respecto a los últimos partidos del pasado curso. Siguen los campos vacíos y se mantienen los cinco cambios durante el transcurso de los partidos. Eso sí, Real Madrid, Barcelona, Atlético y Sevilla han retrasado su inicio por terminar más tarde por sus compromisos internacionales.

Messi, después de su espantada y aparentemente con remordimientos de conciencia, ha recapacitado y ha vuelto como un niño bueno a la disciplina de su equipo. Ha sido tal su arrepentimiento que ha sido capaz de entrenarse en solitario en el día libre concedido por su nuevo entrenador. Puro postureo. Si de verdad fuera un entusiasta del entrenamiento, no habría dado la sensación de estar realmente asfixiado en bastantes partidos, incapaz de aguantar 90 minutos con la dignidad que se le supone al mejor jugador del mundo.

En cuanto al eterno rival, se atisba un problema con nombre y apellidos: Eden Hazard. El belga viajó con su selección para jugar un partido y el seleccionador Roberto Martínez no contó con él ni un solo minuto. No sólo eso: el técnico se despachó contra su pupilo con unas declaraciones que han puesto en el punto de mira al jugador belga y, de rebote, al Real Madrid.

Hazard no está en forma y necesita 60 sesiones de entrenamiento para alcanzarla. Y yo le sumaria alguna más. El panorama es más aterrador aún si tenemos en cuenta una reciente foto del jugador publicada en la prensa deportiva en la que se le adivina un preocupante aumento de peso.

Todos conocemos las circunstancias que han rodeado al jugador desde que fichó por el Real Madrid. Y después de un año, el problema más relevante que afronta es la inactividad, algo que lastra a cualquier jugador de élite. A consecuencia de lesiones, operaciones y recaídas, Hazard ha sufrido un deterioro de su nivel físico que se pudo observar en el partido de Champions contra el Manchester City. Nunca debió jugar.

Hay que poner remedio si no se quiere reproducir un caso como el de Bale. Si se desea recuperar al jugador que asombró en el Chelsea, hay que reducir la distancia que existe entre lo que quiere hacer en los partidos y el poder físico que necesita para llevarlo a cabo. Y para reducir esa distancia hay que entrenar. No será fácil. Nos encontramos con un genotipo de jugador que nos va a poner piedras en el camino para conseguir la ansiada performance.

Eden Hazard tiene un metabolismo lento que hace que su IMC (índice de masa corporal) deba mantenerse siempre al limite. Un jugador de élite no debe pasar del 9% de ese índice para que no se vea afectada su fuerza relativa (potencia por peso corporal). Como todos los jugadores explosivos de fibra rápida (fast twich), Hazard tiene una gran masa muscular que al contraerse necesita mucho oxígeno, con lo que en ningún momento puede descuidar la mejora de su volumen de oxígeno máximo con muchas —repito, muchas— carreras de larga distancia con recuperaciones incompletas que le permitan repetir esos esfuerzos explosivos: frenar, arrancar, cambiar de dirección, desbordar… Así recuperaría su perfil fisiológico. Al mismo tiempo, no descuidaría su salud muscular.

Su entrenamiento de potencia (fuerza x velocidad) debe ser muy riguroso y muy metódico para que sus articulaciones en general y su tobillo maltrecho en particular no absorban los impactos de su juego. Dejemos que la musculatura haga su trabajo.

Hazard es un jugador de fútbol y a esta amalgama de contenidos hay que sumarle las sesiones con balón y el trabajo con sus compañeros para dinamizar las tareas y que se asimilen adecuadamente. Hay que hacer los deberes. Los milagros en Lourdes.

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