Lo prometido es deuda y aquí está la segunda parte de esta labor social que he emprendido para erradicar las frases hechas que llevan a equívocos y no hacen más que confundir.

“Fue un momento de gran calado”. Históricamente, este dicho se creó tras las peripecias de Noé, que luego perdió el arca y tuvo que hacer una película Spielberg para recuperarla. En el proceso de búsqueda al protagonista, Indiana Jones, la petanca se le fue de las manos. Pero eso es otra historia. De gran calado también fue mi primer examen práctico para el carné de conducir, pero eso ya a título personal y por lo que sea, se conoce menos.

“No le busques tres pies al gato”. Si queremos dar a entender que el gato no tiene pies bastaría con “No le busques pies al gato”. Si lo que se pretende es expresar la imposibilidad de algo, dando por hecho que el minino tiene pies y no patas, ¿no sería mejor decir que no le encuentras cinco pies? Tres encuentras seguro y todavía te sobran.

“Es su mano derecha”. Por eso se niega a ir al baño con él, supongo. Hablando de manos, debemos desterrar durante la pandemia la famosa frase atribuida a Poncio Pilatos (“Yo me lavo las manos”) para expresar que algo nos da igual y que no vamos a hacer nada al respecto. Tenemos unos políticos que se han agarrado a esta recomendación sanitaria para justificar su incapacidad e inacción, de la que ya hacían gala antes, y encima quedar bien.

“Despacito, con buena letra”. No será por la canción, transcribo el principio: «Oh yeah, Diridiri, dirididi Daddy Go». La musa inspiradora debió ser Aramis Fuster recién levantada.

“Estar más contento que un niño con zapatos nuevos”. Claro, las rozaduras son el colmo de la dicha. Poned al mismo niño también un jersey de lana sin camisa y seguro que tira la Playstation a la basura.

“Mear fuera del tiesto”. Equivale a hacer algo inadecuado. ¿Quiere esto decir que si alguien mea “dentro” del tiesto está haciendo lo correcto? Y si es en la terraza, saludando, ¿se pasa la pantalla?

«Pasar las de Caín». Ya lo he comentado alguna vez y creo que el que lo pasó peor fue Abel, así de primeras. Luego, el asesino fue condenado a vagar por toda la eternidad con el Marca, o algo así. Eso justifica el dicho, pensándolo bien.

“Se las tuvieron tiesas”. Antes era una riña entre dos jóvenes. Ahora y gracias a la química, se emplea también en peleas de abuelos. Alguna de ellas ha durado hasta dos días y sólo el infarto de uno o de los dos contendientes ha cesado las hostilidades.

“Menos da una piedra”. No sé si Goliat o el lapidado de La Vida de Brian estarán de acuerdo.

“Estar de buen año». Para decir que alguien está sobrado de peso. Esto ha quedado sin valor en la actualidad porque 2020 está bastante lejos de ser bueno, es más, puede ser el peor año en décadas. Y ahora podemos ver que, producto del confinamiento, ha surgido un interés insospechado por harinas y levaduras que ha derivado en la aparición de lorzas nuevas por todas partes. A alguno parece que le han picado las abejas. Dicho descartado.

“He dormido como un bebé”. ¿Llorando cada tres horas y te has despertado cagado hasta el cuello? Pues entonces… He dormido como un diputado en el Congreso como alternativa. Woody Allen nos aconseja que trabajemos y durmamos ocho horas al día, pero poniendo cuidado en que no sean las mismas.

“Andar pisando huevos”. Esto lo sabe poca gente, pero el origen de esta frase está en una orgía multitudinaria con poca luz. Ahora ha derivado en andar despacio por la corrección política. “Estar en pelota picada” surgió como consecuencia del anterior. Los testículos en cuestión estaban muy cabreados, como es lógico, y se acuñó.

La expresión “Estar cuadrado” siempre me ha parecido sosa, incompleta. Yo propongo añadir algo que he escuchado: “Como un sugus”. Y ya de paso rendimos tributo a ese dulce clásico que nos ha acompañado desde la infancia. De hecho, sigue con nosotros porque todavía tenemos en las muelas algún resto incrustado en modo Excálibur.

Ahora que tenemos que llevar mascarillas todo el rato, ha vuelto a tener vigencia una frase que había caído en desuso: “Agachar las orejas”. Se ve cada soplillo por la calle cuando tira la sisa… A palabras recias, oídos gordos.

También hay algunos dichos o refranes que se extienden demasiado y que habría que acortar: “Agua que no has de beber…” Stop. Claro, conciso, aprovechable para publicidad de Mahou, ¿para que seguir?

“La pereza es la madre…”. Ya, hasta ahí, ¿no queremos a nuestras madres?, pues respetémoslas levantándonos a las 12. Además, “nunca es tarde…”. Fin.

“De aquellos polvos…”. Déjalo y no sigas que no lo vas a mejorar.

Para finalizar una curiosidad sobre el origen de la expresión “historia rocambolesca”. Rocambole fue un personaje novelesco del siglo XIX muy famoso creado por Ponson du Terrail, a medio camino entre la novela de aventuras y el folletín. Al susodicho, por lo visto, le pasaban cosas inverosímiles hasta el punto de que se creó una palabra con su nombre que se mantiene hasta nuestros días.

Una de mis series de referencia en la juventud fue Juzgado de Guardia. Era una época en la que no había temporadas, ni plataformas, ni streaming, ni contenido bajo demanda, ni gaitas; tenías que hacer los planes para no perderte lo que te gustara que echaran en la tele. Pues en esa comedia, el cínico personaje del fiscal, Dan Fielding (John Larroquette), decía muy serio la frase hecha con la que nos educa el sistema para ser pobres; “El dinero no da la felicidad”. Tras una pausa valorativa remataba: ¡¡ES LA FELICIDAD!!

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