Benito Floro (Gijón, 1952) se reveló en el Albacete como el primer entrenador moderno del fútbol español. Su Queso Mecánico pasó de Segunda B a quedarse a un punto de la UEFA. La hazaña convenció a Ramón Mendoza, que le dio la oportunidad de entrenar al Real Madrid. Regresó al Albacete, pero aquella segunda parte le dio la razón al refrán. También tuvo tiempo para entrenar al Villarreal de Riquelme y ser el último director deportivo de la primera etapa de Florentino. Tras entrenar en Marruecos, Costa Rica, Japón, México y a la selección de Canadá, está a la espera de que cuaje alguna de las propuestas que ha recibido.

—Señor Floro, ¿se puede decir que es usted un entrenador retirado o está a la espera de otra oportunidad?

—No retirado. Pendiente de que acabe esta situación para comprobar si alguna de las dos propuestas ofertadas desde extranjero puede cuajar.

—Si se gana en sabiduría con los años, ¿por qué los entrenadores se jubilan?

—La mayor parte de los entrenadores no se retiran o jubilan. Simplemente, somos muchos para tan pocos equipos.

—Simeone afronta su décima temporada en el Atlético, ¿se imagina algo así hace 30 años?

—No sólo lo imagino, sino que se dio en varios casos. Miguel Muñoz, por ejemplo.

—¿Cree que los entrenadores son ahora profesionales mejor valorados?

 —No, siguen siendo la excusa del presidente para cambiarlos ante unos resultados negativos.

—Entre Klopp y Guardiola, ¿con quién se siente más identificado?

—No soy de enjuiciar públicamente a nadie, ni de hacer comparaciones. Puedo decir que hay técnicos que demuestran su calidad viendo el juego de sus equipos, en sus respuestas a los medios y en sus gestos.

—¿Cómo se explica que a un entrenador tan influyente como Guardiola se le resista desde hace tantos años la Champions?

—Eso es algo que, por ética, debéis explicar los periodistas, no un entrenador. Por más que los entrenadores sepan el motivo.  

—¿Los periodistas?

—Sois los responsables de saber la verdad de cualquier hecho que interese a la sociedad futbolera. Si eso lo hiciese un entrenador, no sería ético.

—Parece que ha muerto el tiqui-taca y que el nuevo fútbol está basado en el pressing en campo contrario y en futbolistas-atletas que puedan mantener esa presión, ¿no era eso lo que hacía el Milán de Sacchi?

—Son corrientes de opinión. Lo único que realmente cambia la forma de jugar es la regla del fuera de juego, la cual todavía no se ha cambiado en su fundamento. Por ello, esas tendencias son más un asunto de los medios y de algunos iluminados que pretenden hacer ver que han creado un fútbol diferente cuando la realidad es que desde hace muchos no hay nada novedoso que no se haya realizado ya.

—¿Cree que el 8-2 del Bayern al Barça fue el cambio de una era?

—Una era son muchos años. Yo creo que es una etapa desacertada en varios departamentos del club, cuya recomposición no será fácil.

—¿Entiende que Messi quisiera abandonar el Barcelona después de aquello?

—No sé si quería abandonarlo o no. No estoy al loro de esos comentarios. Es un asunto de él y del club, supongo.

«El cambio de Messi de extremo a segundo delantero fue positivo para su rendimiento, pero para el equipo no tanto»

—¿Un equipo se puede permitir que un futbolista como Messi juegue andando?

—Esa pregunta tiene dos enfoques: ¿por qué está ubicado como segundo delantero? ¿Es eficaz su juego? Sobre la primera, no estoy seguro de mi opinión sobre su cambio de posición de la banda derecha a segundo delantero, pero es lo que creo. Vino muy cansado de los partidos que jugó con su selección para enfrentarse al Real Madrid. Supongo que acordaron el entrenador y él que jugase de segundo delantero, desde donde hizo uno o dos goles con los que ganaron el partido. En esa posición se quedó. Lo de que juegue andando no está bien entendido. Él, en esa zona, hace, y muy bien, lo que tiene que hacer: mirar el balón y las situaciones de rivales y compañeros para arrancar en el momento propicio para desmarcarse, recibir la pelota y hacer el gol o facilitarlo. Su rendimiento como segundo delantero es excelente porque corre cuando debe hacerlo. Otro asunto es que ese cambio fue positivo para su rendimiento, pero para el equipo no tanto. Asunto que no es culpa de él, porque quien entiende de fútbol sabe que el dos contra uno en banda es el abrelatas de la defensa rival y si se cambia a Leo al centro, otro debe ocupar su zona en la banda.

—Entre Maradona y Messi, ¿con quién se queda y por qué?

—Con los dos. Maradona tenía una posición un poco más alejada del área, mientras que Leo está siempre cerca de ella, lo cual es meritorio porque los sistemas defensivos del presente son más fuertes que los de antes en esa zona.

—¿Por qué cree que se defiende mejor ahora?

—Porque el manejo de la línea horizontal en defensa, más la aplicación mixta de los marcajes zonales y los repliegues, generalmente se hace mejor que antaño.

—Qué es más difícil, ¿ganar una Champions o subir al Albacete de Segunda B a Primera?

—Ganar una Champions. Porque para llegar a ganar la Champions tienes que clasificarte en la liga y después competir con equipos fuertes en partidos de ida y vuelta hasta llegar a la final. Y no hay que olvidar nunca que el fútbol es un juego. Como tal está sujeto a la fortuna o suerte.

Benito Floro en su segunda etapa en el Albacete, en 1995. CORDON PRESS

—Después de lo que hizo merecería una estatua en la puerta del Carlos Belmonte… ¿siente que le han valorado lo que hizo?

—Sí, pero la estatua la merece la afición, la directiva, el grupo de jugadores y auxiliares, los técnicos, los periodistas y esa hada llamada suerte.

—Usted fue un adelantado a su tiempo y se encontró con la incomprensión de una parte del mundo del fútbol. Había gente que desconfiaba del fútbol científico…

—¡¿Futbol científico?! No lo he leído ni oído en mi vida. Todo lo que yo hacía ya lo habían hecho otros muchos antes que yo. Incomprensión no es la palabra adecuada; fue caer en medio de un fuego cruzado de los dos poderes mediáticos más hegemónicos. No querer decantarme por ninguno de ellos hizo que ambos descargaran metralla contra mi trabajo.

—Llegó al Real Madrid en 1992, muy poco después de las derrotas del equipo contra el Milán de Sacchi y los holandeses. ¿Aquello acomplejó a los jugadores?

—No sé. Lo que sí sé es que aquel equipo ganaba en España lo que perdía en Europa, porque el Milán como rival era superior; reunió a los mejores jugadores de La Naranja Mecánica y de Italia.

—En aquel Madrid se encontró con Luis Enrique. ¿Se le veían ya maneras de entrenador?

—No, lo que se le veía es que era muy buen jugador tácticamente. Luis Enrique valía para diferentes puestos y eso hace que el jugador comprenda el juego del equipo, una de las tareas más importantes de los entrenadores.

—Se mitifica a Cruyff pero de las cuatro ligas que ganó aquel Barcelona dos se las puso en bandeja el Madrid y otra el Deportivo…

—Para ganar una Liga hay que llegar a la última jornada con posibilidades y él lo logró. Para mí, Cruyff es una persona que estará siempre en el sentir de mi familia y amigos. Siendo rivales, fue el único entrenador que dijo públicamente que lo que me hicieron en Lérida fue una maldad. Además de ser una persona afectuosa.

—¿La derrota por 3-2 en Tenerife ha sido su experiencia más traumática como entrenador?

—Una de ellas. En el Albacete, los mismos protagonistas de aquel abuso nos hicieron parecidas. Trauma no, simplemente que merecíamos ser los campeones. Para mí hubiera supuesto tener todos los títulos de campeón del fútbol español desde primera regional hasta la Supercopa.

—En 1998 se marchó a Japón para entrenar al Vissel Kobe, el actual equipo de Iniesta. ¿Qué se encontró allí y por qué estuvo tan poco tiempo?

—Un país y un futbol muy bien organizado. Nuestro equipo no era económicamente fuerte y tuve que tirar de jóvenes universitarios que jugaban mejor que algunos veteranos. Como suele pasar, los veteranos te hacen la cama y a los ocho meses volví a España.

—Su siguiente destino fue México. Allí han tenido problemas otros entrenadores españoles como Paco Jémez. Míchel se acaba de volver de allí… ¿Nos quieren pocos a los españoles?

—No creo. Mi etapa en Monterrey fue la etapa futbolística más bonita de mi vida profesional y personal. Inolvidable y siempre presente. Me invitan a cada evento que hacen y me tienen mucho aprecio personal.

—Cuando vuelve a España, usted es el entrenador con el que el Villarreal da el salto de calidad y se mete por primera vez en Europa… Se dice que dimitió por la falta de implicación de algunos jugadores, ¿qué pasó?

—Que el equipo estaba desunido porque tres jugadores españolitos crearon un ambiente fastidioso. Cuando se lo hice ver a quien correspondía, percibí que no iba ser posible solucionarlo y preferí no poner en problemas a Fernando (Roig) y José Manuel (Llaneza). Ellos no se lo merecían, así que decidí marcharme.

—En Villarreal se encontró con Riquelme y Palermo, ¿fueron ellos para del problema?

—En absoluto. Eran y son excelentes personas y grandes jugadores. Román Riquelme, Martín Palermo, Coloccini, Bataglia y el Vasco Arruabarrena eran muy buenos futbolistas y excelentes personas, con algunos de los cuales estoy en contacto.

Floro junto a sus ayudantes en su visita al Bernabéu como técnico del Villarreal, en la temporada 2003/04. CORDON PRESS

—En 2009 se marchó a Ecuador para entrenar al Barcelona de Guayaquil. ¿Qué le motivo para abandonar el fútbol de élite?

—Yo no he querido tener nunca intermediario fijo, así que he ido a equipos de máximo nivel de otras naciones que me motivasen por su historial y estadio.

—Después entrenó en Marruecos, a la selección canadiense y en Costa Rica… ¿Qué aprendió en esos países?

—En los equipos aprendí que en todos los sitios cuecen habas futbolísticas. En la selección de Canadá, lo bonito que es dirigir a una selección.

¿Qué asignatura pendiente le ha quedado como entrenador?

—Seguir entrenando y enseñando como hicieron conmigo personas que amaban el fútbol de verdad. Porque si digo la que debió ser, molestaría.

—¿Qué es jugar bien al fútbol?

—Jugar bien al fútbol es realizar todas las acciones colectivas ofensivas y defensivas, acorde a sus esencias y principios. Como si el equipo fuera un sólo jugador, dado que toda acción humana tiene dos fases: la toma de decisión y su ejecución, la misión principal del entrenador.

—¿Qué opinión le merece Florentino Pérez?

—Excelente en todos los sentidos. El Real Madrid es un club ejemplar en todo, desde su capacidad económica, pasando por sus éxitos y por cómo cuida a sus socios. De lo cual doy fe porque mi hijo y mi yerno lo son. Cada día pensando en qué hacer para que se sientan orgullosos de serlo. El nuevo estadio, la ciudad deportiva, el museo… son muestras de la eficacia de su grupo de dirigentes en todas las facetas.

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