El regreso de Cobra Kai

Esta serie es pura fantasía ochentera en la que parece estamos inmersos últimamente, muy probablemente por el éxito de Stranger Things.

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Cobra Kai es un tesoro para cualquier psicoanalista. Una de las causas más comunes de los problemas psicológicos está en asuntos sin resolver durante la infancia o traumas reprimidos. Esta serie llenará sus consultas con total seguridad.

Karate Kid, la película icónica de los años 80, regresa a la actualidad a través de Cobra Kai, serie que está actualmente triunfando en Netflix, pero que en realidad se estrenó en YouTube en el 2018 para atraer su servicio de pago. La nostalgia como clave de éxito parece que es últimamente muy rentable en la industria del entretenimiento.

Esta serie es pura fantasía ochentera en la que parece estamos inmersos últimamente, muy probablemente por el éxito de Stranger Things. Nostalgia de cuarentones, pero que parece que hace gracia a los más jóvenes. Lo retro conecta generaciones, aunque no se sabe muy bien si para reír o llorar.

La serie continúa la historia que comenzó la película en 1984. Gira alrededor de algo tan habitual como la lucha del bien contra el mal, pero que en este caso con un giro interesante en la trama que nos lleva a la confusión. Probablemente su mejor virtud. La historia es sencilla como en la película original y nos devuelve 34 años después a los personajes de Daniel LaRusso (Ralph Macchio) y Johnny Lawrence (William Zabka) para mostrarnos que el paso del tiempo los trató de forma muy distinta.

Cobra Kai, de mala, se convierte en buena, de infumable a entretenida, sentimientos que fluyen a lo largo de los capítulos y sensaciones continuamente encontradas. Una producción y unas interpretaciones mediocres pero que al final consiguen su objetivo, que la veas y hables sobre ella. Hay que reconocérselo, entretiene y, sobre todo, nos devuelve a un tiempo pasado que al menos nos provoca una leve sonrisa. Difícil olvidar las enseñanzas del señor Miyagi; «Dar cera, pulir cera» o la técnica de la grulla. También, imposible de olvidar al personaje de Ali Mills (Elisabeth Shue), conocerla cambió nuestra adolescencia. Un primer amor nunca se olvida.

Recomendar esta serie es fácil, siempre y cuando seas un nostálgico, un aficionado al kárate —por fin entenderemos que es un kata para alegría de nuestra Sandra Sánchez— o simplemente para soñar que en futuras temporada regrese el personaje de Ali Mills. Mientras tanto, los psicoanalistas seguirán haciendo su agosto. 

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