El primer sprint de la historia del Tour de Francia se libró en la segunda de las seis etapas que conformaron la primera edición en 1903. El ganador fue el francés Hippolyte Aucouturier (maravilloso nombre, excitante pronunciación), que se había retirado el día anterior. Lo que leen. Así eran las reglas en el primer Tour. Los ciclistas retirados podían reincorporarse en la siguiente etapa, y aunque ya no podían disputar la clasificación general, sí podían pelear por las victorias parciales. Hippolyte, apodado El Terrible, se impuso en Toulousse con el mismo tiempo que Leon Georget: 14 horas, 28 minutos y 53 segundos. Nada menos.

Hippolyte Aucouturier.

La victoria de Aucouturier no sentó bien a Henri Desgrange, director e ideólogo del Tour de Francia. Entendía, y no le faltaba razón, que los retirados partían con ventaja el día después, de manera que añadió una nueva regla a las que él mismo había redactado. Los retirados que siguieran en carrera tomarían la salida una hora más tarde que el resto. De tal modo ocurrió en la tercera etapa… y volvió a ganar Hippolyte, que también se hubiera llevado la cuarta de no tropezar con un perro.

No queda especificado en las crónicas si el primer sprint del Tour provocó también los primeros bostezos. Lo más probable es que los bostezos fueran consustanciales a las primeras ediciones, ya que las etapas partían bien entrada la noche y a oscuras se recorría la primera mitad de la jornada.

Si cuento todo esto es porque no sucedió nada en la quinta etapa del Tour 2020 (o eso me pareció) y las tardes sin emoción son altamente instructivas. Por no haber, en esta ocasión no hubo ni escapados. Ni caídas dignas de consideración. Ni lluvia. Ni viento. Hasta que nos sacudió la noticia: Alaphilippe perdía el maillot amarillo por recibir un bidón del coche a falta de 17 kilómetros de meta (está prohibido en los últimos 20). La sanción de 20 segundos deja a Adam Yates como nuevo líder de la carrera y desmonta la leyenda del chovinismo francés.

Antes de ese respingo sólo habíamos saltado al ver cómo Van Aert se imponía al sprint. El gregario que reventó al pelotón en la subida de Orcieres Merlette lograba la segunda victoria para el todopoderoso Jumbo. Es curioso lo de este muchacho. Será de las pocas personas en el planeta que tengan un buen recuerdo del 2020. En este año horribilis ha ganado la Strade Bianche, la Milán-San Remo, una etapa del Dauphiné y, de momento, una etapa del Tour. Confinamiento incluido. Sería bueno investigar que hemos dado de desayunar a la generación Z.

Como viene sucediendo, la mascarilla arruinó la foto del ganador en el podio. Cuesta entender esta medida profiláctica cuando bien se podría alejar al vencedor de las azafatas, los azafatos y los alcaldes correspondientes. Para Van Aert es menos grave, porque ya ganó en 2019. Pero duele imaginar el caso de un ciclista modesto, posando con la cara tapada para la foto que adornará su cuarto de estar.

Charles Pelissier.

Por cierto, y puestos a divagar, el primer sprinter de la historia fue también el primer ciclista guapo: el francés Charles Pelissier (ganador de ocho etapas en el Tour de 1930, récord de triunfos en una edición que comparte con Merckx y con Freddy Maertens). El hermano pequeño de Francois y Henri era conocido como Valentino (por Rodolfo) o como Brummel (por el dandi, no por la colonia). Le siguieron otros como Hugo Koblet, Alfons De Wolf o Mario Cipollini, todos alterados por su belleza de un modo u otro. Pero esa es una historia para otra tarde.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here