La mayoría de los deportes tienen una serie de reglas más o menos simples y de sobra conocidas por los aficionados y otras algo menos habituales, quizá un tanto oscuras, pero también de obligado cumplimiento. Hace unos años un atleta francés, Mekhissi-Benabbad, perdió la medalla de oro de los 3.000 metros obstáculos del campeonato de Europa por quitarse la camiseta antes de cruzar la línea de meta. Aquello ni le hizo correr más rápido ni interfirió con sus rivales, pero es una norma que hay que cumplir. Ha habido casos de jugadores de golf que han firmado la tarjeta sumando mal el número de golpes, lo cual es una descalificación instantánea incluso aunque se otorgase más golpes de los realmente efectuados.

Es más sorprendente cuando los deportistas protestan una decisión porque no conocen las reglas o no las saben entender. Por ejemplo, más de una vez un futbolista ha pedido fuera de juego del rival cuando un compañero estaba fuera del terreno de juego, detrás de la línea de fondo. Ese jugador cuenta, precisamente para evitar que un jugador que “se queda” al tirar el fuera de juego tenga la oportunidad de corregir su error saliendo del terreno de juego.

En los últimos días hemos visto errores de grandes estrellas por incumplir normas. Julian Alaphilippe, el ciclista francés, se dejó el maillot amarillo de líder del Tour por recoger un bidón de líquido tres kilómetros después del límite marcado por el reglamento. Los 20 segundos de sanción no tendrán mayor peso en la clasificación final del Tour pues ya no cuenta como posible ganador. Su error simplemente le costó el honor de pasearse de amarillo un par de días más.

Lewis Hamilton es sin duda el mejor piloto de la parrilla actual de Formula 1 y además cuenta con el mejor coche. Es el favorito de todas las carreras del año y, quizá por su talento y su coche, no necesita poner todos los sentidos en la pista. Es la única explicación posible a su error en el Gran Premio de Italia: con un coche parado cerca de la entrada en boxes, la dirección de carrera dispuso la salida del coche de seguridad y el cierre de los boxes que se indica en la pista con unas luces rojas cuando los vehículos se encuentran en la proximidad del acceso. Hamilton no lo vio y fue sancionado con un stop and go de 10 segundos, es decir, volver a boxes y parar 10 segundos en los que los mecánicos no pueden tocar el coche. Se incorporó a la carrera en decimoséptima posición y acabo séptimo. Para él la sanción no tendrá más consecuencia que la estadística, pues al final de temporada volverá a ser campeón del mundo.

Mucho peor fue la actitud de Djokovic, incapaz de controlar su frustración tras ser descalificado por pegar un pelotazo a una juez de línea. La norma es clara y precisamente existe por lo peligroso del acto; una pelota de tenis, incluso sin ser golpeada con toda la fuerza que puede generar un tenista profesional, puede hacer mucho daño. Los tenistas profesionales conocen la regla (no hay más que ver sus reacciones públicas) pero Djokovic aun quiso protestar: “No va a tener que ir al hospital por eso”, dijo. Después quiso hacer ver al juez árbitro que le dejaba sin torneo y que eso afectaría a su carrera. Su sanción supone acabar el torneo con cero puntos y sin premio económico; además le impide ganar de momento su Grand Slam 18 y acercarse más a Nadal (19) y Federer (20).

Para seguir con su desacertado año fuera de las pistas —recordemos que su Adria Tour supuso una fuente de contagios entre jugadores y personas de su entorno—, Djokovic se saltó la obligatoria rueda de prensa, seguramente para que no le recordasen incidentes pasados y, además de enfrentarse a una segura sanción económica y quizá deportiva, perdió la oportunidad de disculparse en caliente. Lo hizo después, por redes sociales. Hay aficionados que creen que la falta de intención es eximente como para evitar la descalificación, pero yo creo que lanzar una bola así, sin control, debería ser sancionable con o sin “acierto”. Si se trata de evitar la lesión de una persona presente en el partido, se debe sancionar el hecho en sí, haya impacto o no.

Para terminar con quienes creen que la reglas están ahí para otros, sirvan de ejemplo dos jugadores de la selección inglesa de fútbol, Foden y Greenwood, dos de los mejores proyectos con los que cuenta el fútbol inglés, jugadores de City y United respectivamente. Ambos tuvieron a bien celebrar su debut con la selección absoluta y su triunfo ante Islandia (0-1, de penalti en el descuento) invitando a dos mujeres que habían conocido por las redes sociales. Rota la burbuja e ignorado el protocolo de seguridad del Covid, los jugadores han sido apartados de la selección y han recibido reprimendas de sus clubes, que tampoco podrán contar con ellos en un par de semanas.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here