En los tiempos que corren, y quizá desde la creación del término “galáctico”, todo lo que rodea a un club de fútbol fuera del campo es casi mas importante que lo que hagan los jugadores en el terreno de juego. Vale mucho más la publicidad del último fichaje con la camiseta nueva que los tres puntos en juego el siguiente fin de semana. Cada vez con más frecuencia hablamos de “marcas” o estilos de fútbol, del producto que se ofrece al espectador, del valor económico de una liga o del último contrato de derechos televisivos. Nada que objetar, es la realidad de un deporte que crece y por tanto genera y atrae dinero. Usando este mismo lenguaje, diríamos que para que el producto se consuma necesita ser atractivo, y nada llama más la atención que los goles.

No debería ser así, pero parece que hacer un fútbol ofensivo significa ignorar la defensa. En las tres primeras jornadas de liga en Inglaterra ya hemos podido ver los habituales problemas de tres de los grandes de la Premier: Chelsea, United y City encajan goles con facilidad. Podría ser, en parte, porque ahora mismo los defensas centrales de jerarquía y alto nivel se pueden contar con los dedos de una mano y porque parece que el foco de los entrenadores está en sacar el balón limpiamente a costa de las tareas defensivas, cuando se deberían cuidar ambas funciones. Es como si un piloto de Fórmula 1 sólo pudiera aprender a acelerar o frenar. También es posible que el juego en corto de los centrales de la actualidad exagere la importancia de sus errores, que suelen ser traducidos en ocasiones de gol. Un mal control de Van Dijk le regaló un gol al Leeds en la primera jornada; dos errores de Marcos Alonso y Thiago Silva ofrecieron dos goles al West Brom este fin de semana y hasta tres penaltis claros cometió la defensa del City ante el Leicester por defender mal.

El Manchester United es la exageración del modelo: los planteamientos de Solskjaer podrían ser apuestas al 5-3 cada fin de semana. Juega con un 4-2-3-1, con Pogba y Matić (el fin de semana anterior fue McTominay quien jugó con el francés) por detrás de Fernandes, Rashford, Martial y Greenwood. Van de Beek, por el momento, parte desde el banquillo. Defensivamente el equipo depende de lo que pueda ayudar Matić a Maguire, que ha bajado un escalón o dos su rendimiento, y Lindeloff, jugador en el que el club no termina de confiar. Con una semana para el cierre del mercado, los esfuerzos del United se centran en fichar a Jadon Sancho.

Aunque la temporada está recién estrenada y las conclusiones son, cuanto menos, provisionales, el United, como el Chelsea o el City, reinciden en sus errores del pasado. El United ha jugado contra el Crystal Palace (derrota 1-3 en casa) y el Brighton (victoria 2-3 en el último suspiro). El Brighton, además de sus dos goles, golpeó la madera hasta cinco veces, lo cual a mi modo de ver son cinco oportunidades falladas, pero oportunidades claras de gol. El United hizo dos goles en fuera de juego. El partido podría haber sido un disparate, un 5-5, un 6-4, marcadores que son entretenidos para el espectador, pero que el United no debe permitir. Si ofrece al Brighton hasta siete ocasiones claras de gol, qué será de ellos cuando jueguen contra el Bayern o el PSG.

El Chelsea podría darle la respuesta, destrozado por el Bayern en la última Champions League y con resultados tan sorprendentes como un 4-4 frente al Ajax en la fase de grupos. Ante un pobre West Brom, recién ascendido y goleado 0-3 y 5-2 en sus dos primeros partidos, el Chelsea se vio 3-0 en contra en 28 minutos. Los tres tiros a gol de los locales entraron, con Caballero, sustituto de Kepa, igual de transparente que el vasco. Entre algunos comentaristas del futbol inglés existe la opinión de que Lampard escapa a las criticas más severas porque tiene buena relación con muchos periodistas, pero empieza a ser más que evidente que defensivamente tiene mucho trabajo por hacer.

Si Lampard tiene a su favor ser novato, Guardiola no puede decir lo mismo. Su experiencia y su consideración como el mejor entrenador del mundo debería ser suficiente para corregir los errores defensivos del City desde la pizarra, pero ha optado por el atajo fácil: compra. Ake, 41 millones de libras, y Rubén Días, recién confirmado por 65, son los fichajes de esta temporada. Añadamos a Laporte (57), Stones (50), Cancelo (60), Danilo (30), Walker (50)… La cifra total que los medios británicos manejan supera los 400 millones de libras sólo en defensas y el problema sin resolver.

Obligado por las lesiones a jugar de salida con Eric García y Nathan Ake como centrales, Guardiola demostró que no confía lo suficiente en ellos al elegir a Fernandinho y Rodri para protectores. García es joven y tiene margen de mejora. Ake también es joven pero no es Gullit por mucho parecido físico que le encuentren, ni llega al nivel de Van Dijk o De Ligt. El ajuste táctico de Guardiola se estropeó hacia la media hora de juego, cuando el Leicester empezó a encontrar la forma de romper las líneas defensivas y se confirmó con un torpe penalti de Walker para el 1-1.

Para corregir la situación, Guardiola retiró a Fernandinho e introdujo a Liam Delap, joven delantero del filial. Inmediatamente después, el Leicester encontró autopistas en el centro del campo del City y así llegaron rápidamente el 1-2 y el 1-3, otro penalti, este de García, otra vez por llegar tarde a la jugada. Mendy cometió el tercer penalti de la misma manera.

Guardiola declaró tras el partido que el equipo estuvo ansioso y nervioso, y que el Leicester vino a no jugar, a defender y a salir a la contra. En el fondo, lo que quiso decir es que el Leicester no hizo un tipo de juego que se lo pusiera fácil a sus jugadores. Con todo y con eso, su plantilla y su libreto deberían encontrar la forma de romper un cerrojo. Lo justo es señalar que el Leicester hizo un buen partido, que trabajó bien en defensa, con buenos apoyos y moviendo el balón con agilidad en ataque. Es probable que el problema del fútbol de Guardiola es que empieza a verse superado por estilos mas dinámicos, como vimos en la última edición de la Copa de Europa. El fútbol actual pide mas velocidad y dinamismo y no permite un juego excesivamente pausado y de pases horizontales intranscendentes.

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