Hoy en día cuesta imaginar una camiseta de fútbol sin nombre en la espalda. Lo tenemos por una costumbre arraigada, un elemento más de la escenografía del fútbol. Pero el hábito no es tan viejo. Esta temporada se cumplen 25 años desde que el fútbol español incorporó el nombre de los jugadores en las camisetas. La decisión fue tomada por la Liga de Fútbol Profesional (LFP) el 13 de julio de 1995 y entró en vigor en la temporada 95-96. La Premier, innovadora en tantas cosas, lo había incorporado en la temporada 93-94. En España, el primer partido con las nuevas camisetas lo disputaron Sporting y Albacete (3-0). Fue el 2 de septiembre y el primer gol con nombre sobre el dorsal lo marcó Ígor Lediakhov.

La Eurocopa de 1992 fue el primer torneo internacional en el que los jugadores llevaron el nombre en sus camisetas. Dinamarca se proclamó campeona y la Selección española, que no logró clasificarse, lo vio por televisión. El partido inaugural lo disputaron Suecia y Francia (1-1) y Jan Eriksson fue el primer goleador con nombre.

El Mundial de Estados Unidos de 1994 estrenó en la Copa del Mundo la nueva moda y los jugadores de España lucieron sus nombres en el debut contra Corea del Sur (2-2). Por si tienen curiosidad, este fue el once: Cañizares; Ferrer, Alkorta, Abelardo, Sergi Barjuán; Hierro, Nadal; Luis Enrique, Julen Guerrero, Goicoechea; Julio Salinas. Salinas fue el primer goleador español en aquel torneo, aunque luego ha sido más recordado por su fallo ante Italia…

Los nombres en las camisetas llegaron a la Bundesliga y a la liga italiana el mismo año que a España. Sin embargo, en Italia ya habían sido incorporados por el Milán de forma experimental en las temporadas 1979-80 y en la 1980-81, la campaña en que fue descendido a la Serie B por el amaño de partidos conocido como Totonero. Los nombres no fueron usados en todos los partidos y, por lo que se ve, la idea no caló entre los aficionados.

Por lo que respecta a la Bundesliga, el primer gol con nombre en la camiseta lo marcó Ryszard, del Fortuna de Düsseldorf, y al comentarista de la televisión alemana le llamó más la atención el número del jugador que su nombre: “El goleador, con la camiseta número 26”. Ni qué decir tiene que la introducción de los nombres vino acompañada de otra novedad: los titulares ya no se numeraban del 1 al 11 como en los cincuenta años anteriores, lo que provocaba algunos sarpullidos entre los más clásicos.

Francia fue la última de las grandes ligas europeas en añadir el nombre a las camisetas. Lo hizo en la temporada 97-98, aunque la UEFA había obligado a los equipos a lucir el nombre de los jugadores desde la temporada 1996/97. Por tanto, sólo los equipos franceses que compitieron en Europa llevaron el nombre en las equipaciones aquel año. Hubo jugadores que tuvieron dos números diferentes. Es el caso de Henry, que llevaba el 12 en Liga y el 28 en la Europa League.

La práctica que el balompié incorporó en los 90 estaba vigente en Estados Unidos desde los años 60. El 19 de abril de 1960, Bill Veeck, propietario de los Chicago White Sox de béisbol, anunció que los nombres de sus jugadores figurarían en las camisetas. Tres meses después, también los incluyó el fútbol americano. En la NBA no se incorporaron simultáneamente. Los Lakers fueron los pioneros en 1960, mientras que los Celtics no lo hicieron hasta 1972. Según el historiador Paul Dietschy en su libro Historia de fútbol, “esta costumbre apareció en Estados Unidos, donde la personalización de los jugadores y la individualización del rendimiento son aspectos importantes”.

También en Estados Unidos, las camisetas del Cosmos neoyorquino mostraron a la Vieja Europa lo bien que quedaban los nombres de los cracks en su camiseta blanca. De Pelé a Cruyff pasando por Beckenbauer, todos lucieron su nombre por si algún despistado no era capaz de reconocerlos.

Pelé, en 1977, con la camiseta del Cosmos. CORDON PRESS

Las formas que han elegido los futbolistas para identificarse merecen capítulo aparte. Es el caso de Guti, que quiso que en su espalda se leyera Guti HAZ, acompañando a la abreviatura de su primer apellido las iniciales del segundo (Hernández) y las de sus dos hijos, Aitor y Zaira. Otro caso curioso es el del exdefensa sevillista Escudé, que incorporó una peculiar transcripción de su nombre: SQD. Otro ejemplo singular tiene como protagonista a Vágner Silva de Souza, cuyo nombre en la camiseta era Vágner Love para corroborar así su fama de mujeriego.

En ocasiones, los jugadores han utilizado todos el mismo nombre como muestra de solidaridad o pésame. El Barcelona lo hizo en un partido frente al Betis (2-0) que se disputó la semana del atentando en Las Ramblas. En todas las espaldas se podía leer «Barcelona». También ha ocurrido este año en protesta por los abusos raciales en Estados Unidos. En numerosas competiciones deportivas (incluida la Premier) los deportistas han coincidido en un mismo nombre: Black lives matter.

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