En Francia hay 50.000 rotondas (redondeando, valga el chiste), el doble de las que existen en el Reino Unido, donde se estrenó la primera en los años 60. Camino de meta, los ciclistas del Tour atravesaron varias docenas de esas rotondas, fantásticas para la circulación (reducen un 10% el tráfico), pero endiabladas para los pelotones de ciclistas en pie de guerra.

Al salir de una de una de tantas rotondas se cayó Pogacar; para su fortuna, al chico (21) todavía le aplica el dicho que dedicamos a los niños a pruebas de golpes: “Son de goma”.

Los cruces circulares no tienen autoría conocida y los hay tan antiguos como el de Bath (Inglaterra), de 1768. Sin embargo, la rotonda moderna es una invención de un aviador de la RAF condecorado, Frank Blackmore, que introdujo la regla de prioridad para el flujo circulante. Míster Blackmore se sorprendería por la ausencia de reglas de un pelotón a 60/70 kilómetros por hora, aunque apreciaría la analogía con los aviones en la pista de despegue.

También hubo abanicos. Se anunciaban después de una rotonda, poco antes del puente de la Isla de Ré, y se cumplió el pronóstico. Esta vez se quedaron cortados Miguel Ángel López y Alejandro Valverde, que pudieron enlazar luego. El Bahrein de Landa se mostró en permanente zafarrancho de combate, señal de que el jeque no sólo llama para felicitar a los muchachos.

Marion Rousse.

Alaphilippe fue víctima de una avería y del ritmo infernal; llegó a meta 10:52 con la mente puesta en su siguiente victoria de etapa. Estímulos no le faltan. Ni razones para vengarse del destino o de la prensa malvada. Todavía colea la viñeta del periódico L’Humanité en la que aparece Marion Rousse, su novia y reportera de la televisión francesa (además de exciclista), haciéndole una entrevista en algo menos que ropa interior. La respuesta de la bella Marion ha sido concluyente: “Lástima que este periódico no haga honor a su nombre”. La contestación de Alaphilippe está por llegar.

Una vez más, el pelotón no permitió escapadas, pero hay que reseñar el gesto de Stefan Kung: intentó la fuga en los primeros kilómetros y en los últimos volvió a probarlo, al menos para dejar testimonio de su absoluta disconformidad. Los suizos son encantadores, especialmente con azúcar espolvoreado.

El irlandés Sam Bennett se impuso en el sprint a Ewan y Sagan y rompió a llorar en la entrevista para las televisiones del mundo. Es su primera victoria en el Tour (ha ganado tres etapas en el Giro y dos en la Vuelta) y, por lo que parece, el estrés se le mezcló con la emoción, y tal vez con los sueños que tenía de niño o con la sinusitis, vaya usted a saber. Por si no fuera suficiente, Bennett recupera el más irlandés de todos los maillots del Tour, el verde.  

Capítulo aparte merece la noticia con la que se inició la jornada: el director del Tour ha abandonado la carrera al haber dado positivo por coronavirus. Evitaremos el refranero español («consejos vendo, pero para mí no tengo») para no añadir escarnio a la enfermedad. También dieron positivo miembros del Ineos, Mitchelton, Cofidis y Ag2r. En este caso el aviso es para su respectivos jefes de fila (Bernal, Yates, Martin y Bardet). Con otro positivo más, de un ciclista del equipo o de un miembro del staff, deberán abandonar la carrera. Así que ya lo saben, y vale como regla general: hagan lo contrario que el director.

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