Puede que el frente de ataque del Bayern Munich recuerde a aquellas delanteras míticas, esas que se recitaban de memoria, más propias del fútbol en blanco y negro que de este encorsetado por la táctica. Encontrarse a Gnabry, Müller, Sané y Lewandowski con la misma camiseta habla del reto mayúsculo que uno tiene por delante. A ese campeón de Europa renovado se enfrentó el Sevilla de Lopetegui con el arrojo que le ha llevado a ganar Seis Europa League en los últimos quince años.

Así que aupado por el escenario, el magnífico Puskas Arena, el Sevilla quiso rendir homenaje al magiar más destacado de la historia con el primer cañonazo. Llegó desde los once metros, eso sí, después de que el colegiado, el británico Anthony Taylor, entendiera como sancionable una carga de Alaba sobre Rakitic. Ocampos que es el Ferenc Puskas de este Sevilla engañó a Neuer con la derecha.

El gol despertó a la bestia y las acometidas no cesaron de ahí al descanso. En la sala de máquinas Kimmich y Goretzka volcaban el juego a los costados sin desdeñar el pase largo para que Müller y Lewandowski emularan a la Luftwaffe.

Fernando, que es un pilar de ébano barnizado, chocó con Goretzka y salió malparado a la media hora. La pelea era entre pesos pesados aunque a la media hora los bávaros ya martilleaban la retaguardia hispalense. Percutían y percutían los bávaros sin descanso hasta que Lewandowski se plantó solo ante Bono y disparó con pistola de agua. Su intento de vaselina llegó mansa a las manos del cancerbero.

A la siguiente afinaron hasta la fantasía. Quizá la gran obra de Hansi Flick sea haber recuperado el mejor nivel de Thomas Müller, su pase con el exterior para iniciar la jugada demostró el inagotable repertorio de un futbolista inclasificable. Su centro llovido rajó la espalda de los centrales hispalenses y Lewandowski, siempre atento, descargó al punto de penalti. La dejada despistó a todos menos a Goretzka que apareció desde segunda línea para empujarla a la red. Llovía en Hungría. El chaparrón era bá(r)varo.

El segundo tiempo arrancó con intercambio de golpes. En otro ejercicio de arrojo y calidad el Sevilla merodeó el gol tras un centro de Escudero y un remate de De Jong. Neuer estuvo a la altura de la jugada y mandó el balón a córner. La respuesta del Bayern fueron dos goles finalmente anulados. El primero por el VAR; el segundo por faltita de Lewandowski sobre Escudero.

Pasada la hora de partido el campo se inclinaba claramente hacia la portería de Bono. Y por momentos la resistencia de los sevillistas resultó heroica, todo un máster express para Diego Carlos y Koundé. Una pareja que sigue la senda de centrales hispalenses. Y aferrados a su espalda aguantaron hasta el minuto 90.

Antes incluso tuvieron la sentencia los de Lopetegui. En el único error de la defensa alemana En-Nesyri se plantó delante de Neuer. El cancerbero ganó la partida y desvió a córner la última bala hispalense antes de la prórroga. La agonía se alargaba 30 minutos más.

Y en la agonía disfrutaba el Sevilla, en ese placer masoquista que algunos encuentran en el sufrimiento, los chicos de Lopetegui sonreían. Y casi ponen el 1-2. En-Nesyri recortó a Alaba y su disparo, raso al palo corto, no terminó de sorprender a Neuer. El portero sacó su pie derecho para mandar al limbo la última que tuvo el Sevilla. No perdonó el Bayern en un corner que despejó defectuosamente Bono. El rechace le cayó en la cabeza a Javi Martínez que fresco de ideas y piernas, la embocó cerca de la escuadra, en lo que puede ser su último gol con el Bayern. Remontar aquello resultó homérico pero el Sevilla no hincó la rodilla hasta el 120′ en un ejemplo memorable de competitividad, orgullo y resistencia.

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