Se pudo ir con una estampa inmortal: un gol de chilena que valió una Champions. Pero se acabará marchando (sí, ese día llegará como muy tarde el 30 de junio de 2022) cuando lo bueno que consiguió en el Madrid haya quedado tan lejos que nadie pedirá un homenaje por su adiós. Gareth Bale sigue siendo un extremo blanco: uno de los que más cobra de la plantilla y uno de los que menos juega. El negocio hace dos años que lo tiene en el bolsillo pero no en la memoria colectiva. ¿Qué alimenta más: un quinto coche de lujo o dejar un buen recuerdo a quienes hiciste felices un tiempo?

Hace unas semanas el galés habló de los pitos del Bernabéu y cómo le acababan afectando a su rendimiento. Me sorprendieron sus declaraciones porque, si tuviera en cuenta el qué dirán, ya se habría despedido del club hace tiempo. Se aferra a su contrato mientras dedica su tiempo libre en el banquillo a hacer gamberradas propias de repetidores de la ESO. No es descartable que algún día lo sorprendan en el vestuario fumando a escondidas y haciendo pintadas en la puerta de los retretes: “Puto calvo”.

Al menos, ya no escuchamos aquello de que sigue teniendo cartel en la Premier, que era una expresión para ir de listos tomando por tontos a los ingleses, como si la Liga y la Champions no se vieran allí. Como si todavía viviéramos en los 90 y más de uno viera los partidos del Plus codificado. Bale se ríe de todo el mundo (lo último, decir que él ha hecho todo lo posible por salir; risas enlatadas porque es difícil hacerlo de manera natural), hasta de sí mismo, como en el reciente anuncio de una cadena de televisión británica, síntoma de que ya le da todo igual. Todo, menos renunciar a una parte de su sueldo. Si, como declara, quiere “jugar al fútbol” y todavía está “motivado”, quizás debería aceptar perder algo de dinero y ganar minutos de césped.

Parecía imposible que Bale siguiera vestido de blanco esta temporada pero de todos los nombres que aparecen cada día en la operación salida ninguno es el suyo, como si en el club ya se resignaran a tenerlo siempre presente, como un remordimiento. En el fútbol todos llegan porque les quieren y la mayoría se va cuando ya no; pero pocos se marchan cuando les odian. No descartemos meter a Bale en ese selecto grupo. Saber irse de los sitios antes de que deseen verte a una galaxia de distancia (empezando por tu entrenador) es más difícil que ganar una Champions con un gol de chilena. Lo primero exige poner los pies en el suelo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here