Nada nuevo bajo el sol. Diría que el Madrid hizo un poco más que la Real Sociedad para ganar el partido, pero estas cosas no se resuelven por decimales. El equipo fue de más a menos y las excusas son ciertas, así que admiten poca discusión: la pretemporada exprés y las bajas variadas. Las deficiencias estructurales tampoco se deberían discutir porque son conocidas. No hay gol o no sobra. Así se ganó la pasada Liga, no lo olvido, pero esa racha estuvo llena de rendiciones ajenas, empezando por el Barça.

Ofensivamente, el campeón sigue dependiendo de Benzema de manera casi absoluta. De sus ocurrencias y de sus remates, mejores las primeras que los segundos. A su alrededor no hay más novedad que Odegaard, buen futbolista, pero todavía tímido, no está claro si educado o introvertido. En los flancos contó con Rodrygo y Vinicius, que siguen como antes del verano. Es decir, verdes, a medio cuajar. Mal día para ser joven cuando un chico de 21 años acaba de ganar el Tour de Francia. La paciencia sigue siendo un buen consejo, pero nos conduce a futbolistas distintos de los que imaginamos. A los genios no hay que esperarlos tanto.

La primera mitad fue madridista, porque Modric todavía aguanta 45 minutos a buen nivel. Kroos ayudó con el timón, Odegaard favoreció la circulación y la Real se aplicó al achique de agua. Sin embargo, el Madrid no llegó con el peligro que se le supone al dueño del balón. Ya sabemos, tampoco es novedad, que Benzema necesita varias para meter una.

En la segunda parte el partido se quedó sin dueño: el Madrid perdió fuelle y los donostiarras igualaron la pelea a base de coraje. Para corregirlo, Zidane dio entrada a Casemiro, Valverde y Marvin por Odegaard, Modric y Rodrygo. La apuesta por el canterano Marvin Olawale Akilabi Park (madre surcoreana y padre nigeriano) resultó algo más que sorprendente, especialmente cuando en el banquillo se encontraba Jovic, aquel delantero, ustedes recordarán, 60 millones. En el minuto 90 fue Arribas quien sustituyó a Vinicius, otro cambio significativo.

Es muy posible que el tropiezo del campeón sea irrelevante. Es probable que el equipo tome vuelo con el tiempo y que no haya equipo más regular en los alrededores. Así ocurrió meses atrás. Sin embargo, el Madrid necesitará lo mejor de sí mismo para continuar el discurso de la pasada Liga, la misma concentración postconfinamiento, el mismo acierto y parecida rendición ajena. Eso, o empatar a cero en Anoeta.

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