Mejorar continuamente es algo que todos nosotros y a todos los niveles nos deberíamos aplicar, como individuos y como sociedad. Ser cada día un poquito mejores en cualquier cosa que hagamos. Como los niños pequeños que cada día tratan de aprender una cosa nueva, lograr hacer algo hoy que ayer no eran capaces de hacer. Pero es recomendable ir pasito a pasito, fijando objetivos alcanzables, no intentar correr antes de andar porque lo normal es que se peguen un trompazo. Esa misma receta es válida para un equipo de fútbol. Tiene que tratar de mejorar cada día, en cada entrenamiento, en cada partido, en cada temporada. La clave es cómo mejorar. Cuál es el siguiente paso para evitar pegarse un castañazo en el intento.

Probablemente Simeone se equivocó en muchas cosas en el partido contra el Leipzig, en cómo cubrir el agujero dejado por la baja de Thomas, en la alineación en general, en el propio planteamiento del partido, en no saber cambiar su rumbo antes cuando se veía que la cosa no iba bien, hasta en los cambios y cuándo hacerlos. Así que sí, podemos decir que es un hecho que Simeone no tuvo su mejor partido y que ha tenido noches mejores. Pero que un sector de la prensa le está esperando hace tiempo es otro hecho no menos cierto. Por eso no extrañó leer esa misma noche titulares como, “Cambio de ciclo”, “Simeone ¿forever?” o “Simeone, hasta aquí hemos llegado”. No deja de ser el mismo mensaje que los medios han deslizado durante esta temporada con todo tipo de artillería: por supuesto con columnas de opinión, pero también con encuestas convenientemente sesgadas (en caliente y editadas tras partidos con derrotas u online en las que votan no se sabe quién ni de qué equipo). Echar a Simeone para “evolucionar”, para jugar mejor o más bonito, para no comer siempre pizza… o para ganar la Champions, claro. Esa es la idea.

En mi entorno atlético, cada vez mayor gracias a las redes sociales, echar a Simeone como solución a los males del Atleti es una ocurrencia que nos deja ojipláticos. Primero porque deportivamente no se sostiene. Enumerar sus logros, comparándolos con épocas anteriores, o con toda la historia del Atleti, no pueden permitir a nadie razonable concluir que debamos cambiar de entrenador. Ciñéndonos a la derrota en Champions —que no sé por qué parece que tenemos que ganar y si no es un fracaso—, el Atleti no está, ni por historia, ni por presupuesto, ni lo más importante, por plantilla, entre los ocho mejores equipos de Europa. Perder en cuartos de final, en semifinales o en la final de la Champions, algo que ha pasado cinco veces en los últimos siete años, no es precisamente para dar un volantazo y cambiar de entrenador. Al contrario.

Pero es que ni siquiera la parte deportiva es la razón fundamental para que muchos queramos que siga Simeone. El fútbol moderno ya no es el fútbol de antaño. El Atleti, a diferencia de algunos privilegiados, ya no es un club de fútbol por mucho que lo tenga en el nombre. Ahora, es una SAD, esa entidad jurídica que vino para acabar con la deuda del fútbol y que de momento ha servido para incrementarla y para convertir a los aficionados, que eran dueños de sus clubes, en clientes sin voz ni voto, y a los clubes en engendros sin alma en la mayoría de los casos. El Atleti es una SAD en apariencia reluciente con escudo/logo modernista y nuevo estadio cinco estrellas. Pero es eso, apariencia, un castillo de naipes que puede desmoronarse en cualquier momento. El Atleti es, sino el primero, el segundo equipo más endeudado de España, con una deuda astronómica que no soportaría un par de temporadas sin Champions. Espada de Damocles con la que el equipo afronta cada temporada. Deuda histórica la llaman y es como las malas hierbas, parece que va a desaparecer cuando dicen que la “arrancan” (venta del último crack de turno, ¿recuerdan a Falcao y lo que dijo Gil?), pero que siempre reaparece, por lo visto sola, y crece y crece y crece, sin que nadie tenga la culpa. Echar al entrenador que te ha garantizado ir cuadrando la maltrecha economía del Atleti tampoco parece una idea muy brillante.

Pero tampoco la supervivencia económica es la razón fundamental para mantener al Cholo. El Atleti lleva 33 años, se dice pronto, bajo el dominio de los Gil. No solo ha sido una época rácana en títulos si exceptuamos precisamente el periodo Simeone, sino que ha sido negra en otros aspectos, principalmente a nivel de valores, rojiblancos y de los otros. No voy a recordar ahora la trayectoria de estos dirigentes, ahí está la hemeroteca, incluso hay sentencias judiciales que la describen. El destino quiso que, tras decenas de entrenadores y fracasos, llegase Simeone que, además de acabar siendo posiblemente el mejor entrenador de nuestra historia, entiende mil veces mejor que la directiva qué es el Atleti. A mí, y a otros muchos atléticos, el Cholo nos representa. Es uno de nosotros sentado en el banquillo. La afición del Atleti se agarró durante años a Torres, igual que ahora se engancha a Simeone, porque ambos han ayudado a mantener nuestra identidad que es mucho más importante que hacer una temporada supuestamente mala (parece que a muchos ser terceros en Liga y caer en cuartos en Champions les parece muy poco). Pregunten en Valencia o en Manchester (los inventores de la bufanda verde-amarilla) lo que ocurre cuando un equipo, que ahora es en realidad una empresa, pierde su identidad y queda el escudo (si no lo cambian) y poco más. Y cuéntenles que el Atleti debería echar a Simeone, verán lo que les dicen. Ahora mismo el Atleti es Simeone. El resto, la SAD, mucho más TRISTE que perder una Champions.

Sin que sirva de precedente, porque normalmente cada vez que habla suelo sentir bochorno, por una vez estoy casi de acuerdo con Cerezo que ha dicho que “es sorprendente que haya gente que cuestione la continuidad de Simeone”. Amén, solo que le faltó añadir “y no cuestionen la mía o la de Gil”. Pero no, los sesudos análisis sobre qué cambiar en el Atleti se ciñen al entrenador, porque no juega bonito, o porque necesitamos crecer y dar ese paso que nos falta para ganar Champions y Ligas. O porque cobra mucho, no como Gil, que se lleva más de tres millones al año, cosa que esos mismos críticos obvian cuando no me consta que haya muchos directivos en el fútbol español con ese sueldo teniendo en cuenta su currículum y su gestión. Igual que pasan de puntillas, o directamente mienten, sobre la dirección deportiva. Da igual que la plantilla se haya ido devaluando desde la temporada en que se ganó la Liga. Cierta prensa nos vende verano tras verano que tenemos la mejor plantilla de la historia, aunque no sea cierto, y luego usa ese supuesto hecho para atizar al Cholo cuando no gana ningún título.

A los que piden que se acabe la etapa Simeone, yo les diría ¿por qué no acabar con la era Gil y Cerezo? ¿O cambiar la dirección deportiva? ¿Por qué entre todo lo que rodeada la SAD hay que cambiar lo que lleva nueve años funcionando? ¿Por qué no arreglar lo que lleva más de treinta años siendo una pesadilla? Soñemos con algo mejor que ganar una Champions, porque, aunque suene extraño para madridistas y culés, hay otra forma de entender el fútbol (y la vida) más allá de los títulos. Bastaría por ejemplo con que Gil y Cerezo, en un alarde de “generosidad” tardía, diesen un paso a un lado, no hace falta ni que vendan, simplemente dejando la gestión, al menos deportiva y de representación institucional, en manos de un grupo de exfutbolistas (y todos los atléticos tenemos algún nombre común en la cabeza). Estoy seguro de que harían del Atleti un club digno y honrado del que nos sintiésemos orgullosos, sin dirigentes que hiciesen declaraciones lamentables y sin los tejemanejes que esta directiva acostumbra a perpetrar y que hace nada nos costó una sanción en Europa.

En ese caso, a lo mejor tendría sentido sustituir a Simeone porque volveríamos a ser un club en el que habría personas capaces de transmitir y mantener la esencia del Atleti. Y aún así, cambiar de entrenador a este nivel es una tarea complicada y de resultados inciertos. No hay más que ver los sustitutos de Ferguson en el United (14 años tardó en ganar su primera Champions), los de Wenger en el Arsenal (nunca la ganó, pero ahí está su trayectoria), o más cerca, los lopeteguis y setienes en equipos con los recursos de Madrid y Barcelona. Este equipo y este entrenador han sido, y son, nuestro orgullo. Todo lo contrario que la directiva. Seguro que siempre se pueden cambiar cosas para mejorar, pero lo suyo es empezar por lo que no funciona. Tenemos una pieza del puzle, un entrenador bueno o muy bueno, cosa que no abunda. Además de la casa. Toquemos otras piezas, hay otras muchas cosas que mejorar antes de dar un paso en falso y acabar mucho peor de lo que estamos. Así que, sí, de momento y mientras otras cosas no cambien, SIMEONE FOREVER.

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