Conocí a la muy atlética familia de Carmen el día después de la final de La Décima. La vida es para los valientes. Hechas las presentaciones, deslizaron caballerosamente su felicitación a la que yo respondí quitando importancia al asunto, como si no me doliera todavía la garganta por el grito que pegué con el gol de Ramos. En el camino de vuelta, Carmen me confesó que le había sorprendido gratamente que su padre y su hermano sacaran el tema para darme la enhorabuena porque su éxtasis futbolístico se resume en una frase con rima: “Gana el Atleti, pierde el Madrid: noche feliz”.

Desde ese día, tan sensible como soy a las desgracias ajenas, me siento un deudor: no es el fútbol el que le debe una Champions al Atleti, sino yo. Deseé fuertemente que mi familia política pudiera celebrar una Copa de Europa. El «cuidado con lo que deseas» me vino a ver dos años después: otra final Madrid-Atleti. Tuve que aclarar en ese momento que había letra pequeña en mi petición: esa Champions no podía ser contra el Madrid. Aunque en algún momento débil llegué a pensar que si tenía que ver a mi equipo perder una final continental (ese día llegará), no estaría mal del todo que fuera justo entonces. Mejor que los triunfadores colaterales de esa catástrofe sea gente que quieres.

Hasta que recordé lo que disfrutan los atléticos viendo perder al Madrid. ¿Cómo se puede desear el bien a quien no te lo desea a ti? Incluso una vez que al Atleti le convenía la victoria madridista frente a un tercero, preferían ver perder a los blancos antes que el beneficio propio que podía causarles que ganara el Madrid. No quieren nada que venga del lado blanco de la capital.

Ahora, con el Madrid eliminado antes que el Atleti por primera vez en la historia de la Champions, me pregunto si de verdad quiero que ganen este año por fin la orejona que les debo. El problema es que siempre fui mal pagador, más por olvido que por querer escaquearme. Tampoco pasar facturas es lo mío, bien podrían llamarme ‘el cobrador del chándal’, y eso impone bastante menos que el frac. 

Como el fútbol exige elegir bando siempre, hasta cuando te tienes que regir por el odio para decidir con quién no vas en un partido determinado, pienso que quizás haya llegado el momento de apuntarme a la filosofía rojiblanca de apoyar al débil. Creo que esta vez voy a bancar al At…alanta.

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