Si hablamos del Real Madrid que se está fraguando para la próxima temporada, se plantea un debate interesante. Sin fichajes (teóricamente) y viendo las soluciones tácticas que tomó Zidane para ganar la Liga, ¿cuál será el perfil del nuevo equipo?

El Madrid de la Liga del Covid no era un súper equipo como en otros cursos, fundamentalmente porque no era una súper plantilla, sí muy solvente para la Liga, pero muy limitada para Europa, porque la Champions es otra cosa. Al grupo le falta talento diferencial y una más lógica configuración de la plantilla.

La base para ganar la pasada Liga —tras muchas pruebas y muchos palos de ciego— fue el trabajo, la defensa, correr mucho, ser un equipo rocoso al que costase mucho ganar y que pudiera vivir en el país del unocerismo. Ahora Zidane ya sabe que a su plantilla la faltan argumentos tanto en defensa como en ataque.

En el aspecto ofensivo, si Hazard no aporta muchísimo más, al Madrid le volverá a faltar gol. Para ser más preciso, diría que al juego de ataque sobre todo le hace falta desequilibrio con gol. Zizou cuenta con distintas alternativas, pero la realidad es que sólo Bale (ya fuera de la ecuación) reúne o reunía esos fundamentos. Benzema ya no es la bestia al contraataque que era hace varios años con Mourinho y, aunque no es lento, ya no es rápido, así que a su fútbol de asociación le falta sorpresa y velocidad. Asensio, por muy optimistas que queramos ser, es una incógnita. Lucas Vázquez ya es solo trabajo en banda, le falta gol a raudales, ha perdido velocidad y su regate no es top. Brahim, Vinicius y Rodrigo, independientemente de los gustos del francés por uno u otro, están verdes. En el caso de los brasileños, que han sido los utilizados, aún no aportan regularidad, y aunque ambos parecen perfiles distintos y complementarios, ninguno ha terminado de romper (tampoco Zizou les ha ayudado con sus rotaciones). Mariano es agresivo y contundente, pero está claro que no le gusta al técnico y Jovic deja más dudas que certezas. Resumiendo y sin andarnos por las ramas: la delantera del Real Madrid para la Liga 2020-21 posiblemente sea la peor de las últimas dos décadas.

El curso pasado y viendo las carencias de los suyos,  Zidane decidió crear un equipo sólido atrás, pero con poca pólvora delante (justo lo contrario que Bayern o PSG, finalistas de la Champions). Su plan inicial fue cambiando tras varios traspiés. Vio que ya no podía contar con dos de sus soportes en el juego, Marcelo y Modric. Lo del brasileño era un secreto a voces que solo él negaba. Lo del croata fue diferente. Con 34 años, Modric ya no era la mejor versión de sí mismo y Zidane lo sabía. La solución, tras demasiadas pruebas, la encontró en los pulmones de Valverde y la solidez defensiva  de Mendy.

El decorado para el próximo curso apenas ha cambiado. Atrás se supone que el lateral francés será protagonista en la izquierda. Parece que vuelve Odriozola para ser de nuevo una opción de descanso para Carvajal, lo cual tiene lógica estructural, pero potencia poco o nada al equipo viendo el rendimiento del donostiarra en Munich. En el eje de la defensa hay más dudas que certezas. Nacho no cuenta, Militao no ilusiona, Varane no lidera y solo Ramos, con 34 años, mantiene un papel top.

El mediocampo del Madrid 2020-21, y más con la política de gasto cero que impide la llegada de las supuestas peticiones de Zidane —Pogba y Camavinga— lo formarán Kroos, Valverde, Casemiro, Odegaard, Modric, Isco y puede que Ceballos.

Viendo esta Champions y sus finalistas, viendo cómo corren el Liverpool, el Atalanta, el Leipzig o la selección campeona del mundo (Francia), me parece que el Madrid se está quedando atrás. El fútbol ha evolucionado del tiki-taka que dominó el mundo entre el 2008 y el 2012, hace casi una década, a este maratón de piernas en mediocampo donde las transiciones y la zancada, así como el desplazamiento rápido del balón, se colocan por encima del juego corto y horizontal.

Hasta Guardiola, cada día más evolucionado en sus ideas —más que seguidores suyos como Setién—, ha entendido que hoy se juega a otra cosa. Por eso Zidane tendrá que afinar y mucho su idea. Su medio ampo de gala,  Casemiro-Kroos-Modric hace tiempo que dejó de ser competitivo. El croata ha sido junto a Iniesta el mejor volante ofensivo de los últimos diez años y es una pena que su fútbol se agote, pero es una evidencia que no puede atacar y defender como antes. Kroos es un súperclase y un jugador capaz de ordenar a un equipo a través del pase. Sin embargo, no tiene la jerarquía dominante de un Xabi Alonso o un Busquets. Después está Casemiro, magnifico en defensa, pero que no ha mejorado en algo básico para un mediocentro y más en la actualidad: el control del balón sobre presión. Poseedor de un gran pase a media-larga distancia, el brasileño es presa fácil de cualquier pressing, lo que le lleva a colocarse en zonas surrealistas en la transición ofensiva, alejándose de la base de la jugada y de los primeros pases. 

Valverde apareció como la gran solución para muchos de los problemas tácticos de Zizou. El uruguayo lo hacía todo y todo bien, aunque debía aprender a dosificarse, pues llegaba hundido a los últimos minutos de cada partido. Pero su final de temporada ha sido como pinchar un globo. Donde parecía haber muchas certezas hoy hay muchas dudas.

Con Zidane, Isco me parace más recurso que discurso… Con Guardiola, jugando a tener el balón en tres cuartos, dando y sumando control y pausa, Isco sería clave, pero el Madrid no juega a eso, lo que le impide rendir a un mayor nivel. Además, el malagueño necesita estar en picos de forma muy altos para jugar con una marcha más, sino, tiende a ralentizar demasiado las jugadas. Así que el cambio, de producirse, debe llegar de la mano de Odegaard y Ceballos, lo que parece mucho arroz para tan poco pollo.

Ceballos es un talento puro que no gusta al francés, algo que ha quedado claro estos años, tanto como que a Zidane tampoco le gusta James, otro futbolista claramente infrautilizado. De manera que todo queda en los pies del joven noruego.

Odegaard, con 21 años, ha hecho una gran temporada en la Real Sociedad, pero como ha ocurrido con Valverde su final de temporada ha sido decepcionante. Futbolísticamente, el noruego pertenece a ese tipo de jugadores que determina el ritmo de juego de su equipo. Con los donostiarras formaba parte de un 4-3-3 en la posición de volante derecho. Jugaba en un grupo perfectamente escalonado, acompañado de talentos individuales con un gran sentido táctico y colectivo como Merino y Oyarzábal. Veremos qué papel le da Zidane, porque Odegaard aún está por definir posicionalmente. En principio, dispone de argumentos para desempeñar su fútbol desde la posición de falso extremo o interior, curiosamente posiciones en las que juegan dos de las promesas del club, Valverde y Asensio.

Sea como fuere, y sin más llegadas que las de Odegaard y puede que Ceballos, nada apunta a que se dé un gran salto de calidad como para pensar en un Madrid muy diferente al visto este año. Zidane tendrá que dar con la tecla que el pasado curso no encontró, algo que ante Brujas, PSG y City quedó muy claro. A tenor de todo lo analizado, esa tecla solo se puede llamar Hazard.

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