Lo que se presumía un duelo de profetas, dos filósofos de los banquillos, fue resuelto por un ángel y dos demonios. El PSG toreó la embestida del Leipzig, menos brava que en pasajes anteriores, porque el escenario siempre pesa a los novatos. Y las decepciones hacen callo. Ese tránsito que inician ahora los pupilos de Nagelsmann ha sido hollado ya por los de Tuchel. Un largo peregrinar por el desierto que en este extraño 2020 amenaza con alcanzar la tierra prometida. El PSG ya está a las puertas de la gloria.

A las próximas generaciones también habrá que explicarles porque en 2020 el PSG pisaba por primera vez una final de Champions. Lo explicaremos con nombres y apellidos: Ángel Di María, Neymar Jr o Kilian Mbappé. Nunca el pánico tuvo un color tan tostado. Bastó una pared entre los dos últimos para empezar a babear, por más que el brasileño extraviara la oportunidad. Perdonando nada más empezar. Lo siguiente fue dar un manotazo al balón, una pillería que terminó en gol pero Kuipers, el colegiado, lo vio claro y lo anuló. El Leipzig se desperezó con un disparo de Sabitzer que atrapó Sergio Rico, hoy titular por el lesionado Navas, sin problemas.

Nunca sabremos hasta dónde hubiera llegado el sufrimiento el día del Atalanta si Di María y Mbappé hubieran jugado el partido de cuartos. Seguramente el padecimiento de los parisinos habría acabado antes. La luz que proporcionan ambos a una ciudad como París, ya de por sí llena de focos y quilates, marca la diferencia. En apenas un cuarto de hora habían cortado las alas al Leipzig y habían agotado su efervescencia. Bastó un toque de seda del argentino de libre directo para que Marquinhos hiciera el 1-0 de cabeza.

El equipo de Nagelsmann es feliz corriendo, su manera de entender la vida. Y tiene sentido, al fin y al cabo la marca que les patrocina se abrió paso en el deporte a través de la velocidad, veáse la Fórmula Uno, el Motociclismo o el Esquí. Así que cuando a los 22 minutos Laimer descubrió una pradera a la espalda de Bernat una sonrisa se le dibujó en su cara. El austriaco la puso en el punto de penalti donde apareció Poulsen. Su remate silbó el palo y provocó el suspiro de Rico. Esta vez el Leipzig no aprovechó su momento y nunca más estaría más cerca como entonces.

Para entonces el partido orbitaba alrededor de la chistera de Neymar. Entre su recital de regates, pases filtrados y paredes de todos los colores, se inventó un lanzamiento de falta que susurró la obra de arte. Pero el palo salvó a Gulacsi y evitó que el brasileño apareciera en primer plano. Un foto que sí consiguió Di María. El argentino puso el 0-2 a la media hora después de que el portero del Red Bull se pegara un tiro en el pie. Di María ha sabido engrasar su fútbol entre dos hors categories como Mbappé y Neymar. Entre esos dos colosos Ángel es el puente para alcanzar el cielo.

Si el partido no quedó totalmente sentenciado antes del descanso fue por el desatino de Neymar. Solo la suerte suprema del gol resulta una faceta a mejorar por parte del brasileño, que ha guiado a su equipo hasta la final más por desequilibrio y asistencias que goles.

El Lepizig que había optado por no salir tan desaforado a la presión como frente al Atleti, temiendo posiblemente las piernas de Mbappé, Di María y Neymar, dio un paso adelante al inicio del segundo tiempo. Y empezamos a reconocer a ese equipo atrevido, agresivo y ambicioso del que ha hecho marca registrada. No le dio en ningún caso para poner en apuros a Sergio Rico, pero sí para aprender que uno en esta vida solo tiene sus ideas, y mejor morir con ellas que vivir en una agonía sin sentido. Notas al pie que ya estarán en la libreta de Nagelsmann.

Ocurre que en semifinales de Champions uno navega entre tiburones. Y cada bocado es una hemorragia mortal. Basta con pestañear, como le ocurrió a Mukele en el 0-3. El regalo no lo desaprovechó Di María, un demonio para el RB, que envió un caramelo a Bernat. No importaron los papeles cambiados. El lateral embocó con suspense de cabeza para sentenciar definitivamente el pase de los parisinos a su primera final de Copa de Europa.

Esa asistencia, la segunda del partido, encumbró al argentino como MVP del partido. De nuevo en Lisboa donde ya firmó una magnífica final en 2014 con el Real Madrid, Di María volverá a disputar una Copa de Europa. El multimillonario proyecto parisino pisa la luna, el lugar para el que fue concebido. Queda por ver si esa tripleta de astronautas, Neymar, Mbappé y Di María, son capaces de devolver a su lugar de origen al santo grial del fútbol. París no estará completa hasta que obtenga el único monumento que le falta: Nuestra Señora la Copa de Europa. Nunca han estado tan cerca.

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