Messi ha pedido salir del Barça y la onda expansiva de esa bomba todavía se desconoce. No descarten que por delante se lleva a más de uno incluido a un Bartomeu que a esta hora no encuentra poltrona tras la que esconderse. La hecatombe se confirmaba a eso de las 19:15h de un ya histórico 25 de agosto de 2020. Han conseguido lo que querían, no ahora, desde hace años. No les ha valido con descapitalizar el club, echar a perder la mejor herencia recibida en 120 años de historia, y dejar las arcas temblando. También han hartado al mejor jugador que ha vestido nunca esa camiseta. Messi ha dicho basta, tras la última humillación del Bayern y unas cuantas horas de silencio que ahora pesan como siglos.

La decisión de Messi de abandonar el club solo viene a ratificar todos los nubarrones que se cernían sobre Can Barça. Aunque la tormenta adquiere ahora unos tintes de catástrofe bíblica que deja las más que posibles salidas de Luis Suárez, Busquets o Arturo Vidal, en apenas gotas en mitad de un océano. En medio de esa marejada alta tendrá ahora que desenvolverse Koeman, al que le pedían que nada más llegar repitiera la jugada de Guardiola con Ronaldinho y Deco. Y como un boomerang se ha encontrado con el burofax de Leo en las oficinas del club. Diriman ustedes quién es quién en este ocasión entre el argentino y el uruguayo.

El club ha confirmado a los pocos minutos la recepción de ese burofax y la solicitud de Messi de salir de la entidad azulgrana ¡gratis! Esa es la clave de bóveda de todo este asunto. Messi acogiéndose a la ya famosa cláusula que se firmó en su última renovación, por la que puede romper de manera unilateral su contrato con la entidad azulgrana al finalizar cada temporada, solicita al Barça ese último deseo. En el club, mientras reparan los daños colaterales y recuentan las posibles víctimas, aseguran que esa cláusula expiró el pasado 10 de junio.

Lo único cierto a esta hora parece ser el desencanto de Messi. El hastío y las decepciones han terminado haciendo mella en el mejor jugador que vistió nunca esa camiseta y su reacción parece alejada de mantener un pulso con la directiva o provocar la celebración inmediata de elecciones, tal y como se interpretó en un principio. La frase premonitoria de Pep Guardiola un año antes de marcharse del FC Barcelona retumba hoy con fuerza desde Arístides Maillol hasta el barrio de Born, desde Montjüic hasta la barceloneta: «Messi es único e irrepetible. Esperemos que Leo no se aburra y el club le dé los jugadores adecuados para rodearle y siga con una vida personal equilibrada». El aburrimiento tardó nueve años en llegar, pero llegó.

No es el primero. Y a buen seguro que no será el último. Por el camino de esta directiva, encabezada por Sandro Rosell y continuada a modo de spin-off por Josep María Bartomeu, se ha devuelto al club a los ominosos primeros años del 2000. Entre medias dejan un rastro de rencor y cuitas pendientes que han ido cobrándose poco a poco. Primero dejaron sin la presidencia de honor a Cruyff para después abrazar su credo como una simple propaganda de marketing. Antes habían hecho la vida imposible a Guardiola hasta que se marchó. Y ahora han conseguido agotar la paciencia del mejor futbolista de la historia del club. El único de los 25 integrantes de la plantilla que debía ser imprescindible en la reestructuración del equipo. Por calidad y experiencia.

Este 25 de agosto de 2020 es ya el día más negro de la historia contemporánea del FC Barcelona. Han crucificado a D10S a los 33 años pero esta vez la resurrección no llegará en tres días.

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