Quizá los que primero lo intuyeran fueran ellos, los futbolistas. Los que se fueron y los que rechazaron venir. Como si el fútbol español hubiera ido poco a poco, piano piano, perdiendo el tempo de la partitura, al auspicio de dos solistas gigantescos. Eran sus actuaciones individuales las que nos cegaban y a la vez tapaban los desafines en la caja de resonancia de nuestro fútbol. Entre tanto la orquesta iba menguando, aligerando esa clase media tan necesaria para dar el contrapunto a la melodía principal. Los nuevos intérpretes del fútbol crecían en otras latitudes y como si de un reflejo de nuestro paso por Eurovisión se tratara, los equipos españoles cada vez tenían menos que decir en Europa. Ahora tras la marcha de Messi, el balompié nacional se encuentra ante un páramo en el que la única preocupación no es cuándo volverán a florecer los éxitos, casi se teme más por las consecuencias de un producto tan devaluado en lo deportivo como en lo económico.

La última vez que los derechos de televisión, auténtico maná de los clubes en el siglo XXI, se vendieron fue en el comienzo del verano de 2018. Entonces Telefónica le ganó la partida a Mediapro y tras pagar 2.940 millones de euros (un 15% más que el anterior contrato) por tres temporadas (2019-2022) se hizo con los derechos de retransmisión de La Liga. Curiosamente, unos días antes los derechos internacionales del campeonato doméstico habían sido vendidos por 4.485 millones de euros (+30%) para el período de cinco años (2019-2024) a Mediapro. Solo dos semanas después de esas ventas esos precios ya parecían desorbitados una vez se confirmaba la marcha de Cristiano Ronaldo a la Juventus de Turín. Por primera vez en los últimos diez años La Liga perdía el binomio Messi-Cristiano sobre el que había construido no solo su tiranía deportiva en Europa, sino también el principal activo para expandir el campeonato a los cinco continentes. Todo ello después de perder a Neymar Jr. un año antes.

La huida

El astro brasileño, señalado por todos como el heredero al trono cuando Messi y Cristiano abdicaran, ponía rumbo a París en el verano de 2017 seducido por los petrodólares del PSG. El tridente de Berlín se deshacía y la entidad azulgrana sufría el primer impacto serio tanto para su economía como para su desarrollo deportivo en el campo. La cuesta abajo para los azulgranas no había hecho sino comenzar, por mucho que Messi siguiera apagando los fuegos del día a día. Por contra una liga menor como la Ligue 1 adquiría un foco desconocido hasta entonces gracias al megaproyecto parisino-qatarí, capaz de juntar en un mismo once a Neymar Jr y a la promesa más deslumbrante del momento, Mbappé. El regate de PSG al fair play financiero también fue histórico, al acometer en la misma ventana de fichajes el pago de la cláusula del brasileño (222 millones) y retrasar los 180 pagados por Mbappé al siguiente año, argumentando que esa primera temporada se trataba de una cesión.

Mbappé, considerado por todos como el siguiente dominador del fútbol mundial, tiene contrato con el PSG hasta 2022. Sacarlo de allí es hoy por hoy imposible. CORDONPRESS.

La fiscalidad italiana jugó un papel fundamental en la marcha de Cristiano a la Juventus. Más allá de que su ciclo en el Real Madrid estuviera o no acabado, la ley aprobada en el Parlamento de Roma por el entonces gobierno progresista presidido por Paolo Gentiloni resultó clave en su desembarco en capital del Piamonte. Con esta Ley de 2017 se esperaba atraer inversiones extranjeras al país, ya que introducía la posibilidad para quien fijara su residencia en Italia de pagar cada año unos impuestos de 100.000 euros sobre las rentas obtenidas en el extranjero. Esto no se refiere al sueldo que le paga la Juve, del que se hacen cargo los bianconeri y tributan al impuesto más alto. Se refiere más bien a los contratos de esponsorización, inversiones, propiedades inmobiliarias, etc. que Cristiano tenga más allá de las fronteras italianas. Incluyan ahí, por tanto, los emolumentos ganados por los contratos de imagen, por los que CR7 paga un máximo de 100.000 euros. Su llegada al Calcio en 2018 supuso una subida del 5,77% en las acciones de la Juventus el mismo día que se anunció el fichaje. Tras su primera temporada allí, los ingresos audiovisuales ayudaron a que la facturación total subiera un 13,5% (hasta los 2.720 millones de euros) en la 2018/2019.

Ahora la marcha de Messi no solo es la puntilla para Bartomeu, su junta directiva y el proyecto de reconstrucción azulgrana. Su espantada también golpeará seriamente las arcas de un fútbol español que por primera vez en los últimos diez años no tiene al menos un gran crack sobre el que capitalizar su producto.

Los cracks que no llegan

Desde que Cristiano Ronaldo se marchó del Real Madrid, los blancos llevan dos años consecutivos cayendo en octavos de final de la Champions. El Barça con Messi solo ha conseguido plantarse una vez (2019) en semifinales de la máxima competición continental en los últimos cinco años. En ese período solo los dos títulos cosechados de Europa League (Atlético, 2018 y Sevilla 2020) han mantenido a flote el pabellón español. Pero el principal inconveniente para llevar a cabo esa reestructuración en la que ahora el Barça se mete de lleno y el Madrid o el Atleti le llevan un par de temporadas de ventaja es la imposibilidad de fichar a los jugadores de clase mundial. A los futbolistas top capaces de dirimir a su favor una eliminatoria de Champions.

Pep junto a Kevin de Bruyne y Rodrigo, dos jugadores capitales para su Manchester City. CORDONPRESS.

Tampoco hay tantos. Pues en un breve repaso parece imposible sacar a Mbappé de París antes de 2022 cuando finaliza su contrato con el PSG. Si buscamos el mejor centrocampista del momento, Kevin de Bruyne, resulta una quimera pensar que Guardiola lo vaya a dejar escapar, ahora que además puede juntarlo con Leo Messi en una dupla inconcebible hasta hace unos días. Más de lo mismo podríamos decir del mejor defensa central del planeta. Klopp hizo un movimiento maestro con Virgil Van Dijk y en plena efervescencia red, el tulipán no parece dispuesto a cambiar de aires. Solo en la portería, último reducto de esa columna vertebral de cualquier equipo campeón, mantiene La Liga jugadores top en su puesto. Oblak, Ter Stegen y Courtois se reparten el Top-5 mundial junto a Neuer y Keylor Navas.

Otras alternativas como Romelu Lukaku, Marcus Rashford, Robert Lewandowski e incluso Timo Werner, contrastados y con una buena experiencia en la élite, son también inalcanzables para los nuestros. Los cuatro están en clubes económicamente muy fuertes y con proyectos deportivos que vienen de ganar o aspiran a ello en un período corto de tiempo.

¿Y la clase media?

Ante este panorama, la anteriormente conocida como Liga de las Estrellas, se ha quedado con apenas un par de satélites. Un duelo de cañones con sordina que rebaja las expectativas fuera de nuestras fronteras y que reduce los decibelios del campeonato nacional español. Un campeonato que a partir de ahora tendrá que vender el duelo Hazard vs Griezmann como el plato más apetecible de un menú que ya no es cinco estrellas. El foco a partir de ahora habrá que ponerlo también en los banquillos marcados por un claro tono noventero: Simeone, Zidane, Koeman, Lopetegui…

El nutrido grupo que conformaba la clase media del fútbol español ha encontrado mejores opciones económicas y deportivas más allá de nuestras fronteras. La lista podría empezar por Di María y acabar en Rodrigo Moreno, recién fichado por un equipo que acaba de ascender a la Premier League como es el Leeds United de Bielsa. Entre medias Fabián se marchó a Nápoles, Rodri y Laporte al Manchester City, Lucas Hernández al Bayern Múnich, Sarabia al PSG —donde se reunió con Ander Herrera (previo paso por el United)—, Fornals al West Ham, Kepa al Chelsea, Lo Celso al Tottenham, Nzonzi a la Roma, Samu Castillejo al Milan, Muriel al Atalanta, Traoré al Wolverhampton o Ferrán Torres, el último de esa larga lista, que acaba de poner rumbo a Manchester con Pep. La mayoría de estos jugadores, traspasados en los últimos cinco años, no pertenecían a Madrid o Barça, por lo que sus huecos han sido en muchos casos más difíciles de reemplazar para sus equipos.

Los regates de las grandes promesas

El último eslabón de esta cadena son las promesas del futuro. Esos adolescentes que ilusionan gracias al descaro y determinación con las que se plantan en la élite cuando el acné todavía está visible en su rostro. Y también ellos, en una amplia mayoría, han optado por otras ligas y otros campeonatos que les han ofrecido mejores planes de futuro para sazonar su crecimiento con presencia y protagonismo en los grandes escenarios desde muy pronto. Ahí por encima de todos emerge la figura de Erling Haaland que prefirió el Dortmund y la Bundesliga para seguir pegando zarpazos a base de goles tras despuntar en el RB Salzburgo. Lo mismo le ocurrió a Jadon Sancho (20 años) que abandonó el abrigo de Guardiola para liderar a los de la cuenca del Rhur cuando todavía no había cumplido la mayoría de edad. Quien sí permaneció en Manchester fue Phil Foden (20 años), otro prodigio inglés de la misma quinta que Sancho, y que poco a poco se ha ido haciendo un hueco entre los Citizen. En esa misma línea de niños prodigios podríamos situar al alemán Kai Havertz (21 años), quien tras despuntar en el Bayer Leverkusen parece que ha optado por el Chelsea, el enésimo proyecto millonario que está gestando Abramovich ahora con la batuta de Lampard.

Jadon Sancho es una de las estrellas del Borussia Dortmund, aunque el United lo quiere como buque insignia para su próximo proyecto. CordonPress.

Solo Joao Félix (20 años), de entre esa camada de adolescentes, se atrevió a mirar a España como siguiente plataforma de crecimiento. Su fichaje por el Atlético de Madrid sonó desde el principio a apuesta de club para organizar alrededor del luso el próximo gran proyecto colchonero. Tras un año con demasiados altibajos su figura sigue resultando la más ilusionante de cuantos visten de rojiblanco. Habrá en este punto quien se acuerde de Vinicius (20 años) o Rodrygo (19 años), las dos apuestas juveniles del Madrid. Pese a todo lo que han jugado y pese a todo lo que se ha hablado de ellos hasta la fecha, sus figuras están uno o dos escalones por debajo del resto de promesas aquí tratadas y además ambos tuvieron que dar el salto desde el fútbol sudamericano, con todo lo que ello implica. Tiempo tienen por delante para callarme la boca. Tampoco entraría en esta lista Ansu Fati (17 años) pues pese a su gran irrupción este año se trata de un canterano del Barça y por tanto los azulgrana no han tenido que imponerse a ningún otro gran proyecto para hacerse con sus servicios.

El fútbol español está ante una encrucijada histórica, que puede marcar un punto de inflexión para la próxima década. En una clara situación de inferioridad frente a sus principales rivales del viejo continente. La impresión es que ya no es solo la Premier quien nos ha adelantado en cuestiones económicas y en proyectos deportivos, también la Bundesliga planta cara en competitividad y como plataforma de lanzamiento para los más jóvenes. Mientras el Calcio se muestra al acecho gracias a sus grandes beneficios fiscales, una bicoca para atraer a futbolistas con suculentos contratos. Todo ello dentro de un contexto de pandemia mundial, con las arcas de nuestros equipos fuertemente golpeadas, y con un cisma continuo entre la Federación y La Liga en un momento donde la unidad debería ser la única consigna para que el fútbol español no pierda el tren.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here