Una tienda de Austin dejará de vender bicicletas al departamento de policía de la ciudad para sumarse a las protestas contra la brutalidad policial sobre las minorías raciales en la comunidad texana. La noticia sería una más dentro del movimiento Black Lives Matter si la tienda en cuestión no fuera propiedad del proscrito Lance Armstrong y si no fuera también porque no es la primera vez que su tienda de bicicletas hace gala de su activismo social. En 2018, como reacción a un tiroteo en una escuela de secundaria en Florida (17 muertos), se decidió boicotear las marcas Bell, Giro, Blackburn y Camelback, filiales de Vista Outdoor, un fabricante de armas de fuego y municiones, incluidos rifles de asalto como el que provocó la masacre.

En esta ocasión, la tienda de Armstrong ha reaccionado a la convulsión que se vive en Austin desde que el pasado mes de abril la policía mató a tiros a Mike Ramos, un hombre negro y latino. Ramos ha sido considerado el George Floyd texano y la publicación del vídeo de su muerte, a finales de julio, ha encendido todavía más los ánimos.

De lo que no cabe duda es de que la tienda en cuestión es mucho más que una tienda de bicicletas, igual que Lance Armstrong es mucho más que un proscrito, al menos en Austin, su ciudad adoptiva.

Mellow Johnny’s («el suave Johnny») abrió sus puertas en 2008 con 16 empleados y su nombre es una libre y juguetona transcripción de la pronunciación francesa de maillot jaune (maillot amarillo). La cafetería adyacente tiene otro nombre peculiar: Juan Pelota. Así es como se registraba Armstrong en algunos hoteles para ocultar su identidad y la elección también tiene su miga. Los angloparlantes pronuncian Juan de muy similar a one y «una pelota» es lo que le quedó a Lance después de que le extirparan un testículo por un cáncer. Sí, humor tirando a negro.

Ubicada en el número de 400 de Nueces Street, Mellow Johnny’s fue inaugurada poco antes de que Armstrong anunciara su regreso a la competición después de tres años de retiro. Ya se sabe: los asesinos tienen por costumbre volver al lugar del crimen.

En poco tiempo la tienda se convirtió en referencia de la próspera ciudad de Austin, cuyo desarrollo fue paralelo al éxito deportivo de Armstrong. Su población creció más del 50% entre 2000 y 2010. En los últimos años, la ciudad ha atraído eventos culturales y deportivos, además de desarrollar una floreciente industria cinematográfica y ser sede de importantes empresas (Whole Foods, Dell…). Y lo que viene. En 2019, Apple comenzó a construir en Austin un campus que contará con 5.000 empleados.

Mellow Johnny’s Bike Shop nació sobre un terreno abonado. Gracias a la influencia de Armstrong, residente en Austin desde los 18 años, se habían construido carriles-bici y existía una cultura ciclista a la que sólo le faltaba poner una marca y una caja registradora. Hoy en día, la tienda, con una sucursal en Fort Worth, es un centro de reunión social para los aficionados al ciclismo. Es posible darse duchas por un euro, recibir cursillos sobre educación vial, participar en excursiones para conocer el vecindario o entrenarse a nivel más profesional. También se pueden comprar los cotizados maillots de Mellow Johnny’s (120 dólares) o sus mascarillas anti-covid (10) y en la cafetería se sirven cervezas con el mismo nombre.

Curiosamente, en la página web de Mellow Johnny’s no se encuentran referencias a Lance Armstrong, y entre las fotos de la tienda no aparecen sus siete maillots amarillos del Tour, allí expuestos, o sus bicicletas ganadoras, también exhibidas. Su figura pasó de ser el reclamo principal a convertirse en una presencia que no hace falta nombrar, porque lo impregna todo. Así es desde que en 2013 el propio Armstrong reconoció en una entrevista con Ophra Winfrey, y ante 28 millones de espectadores en todo el mundo, que se había dopado a lo largo y ancho de su carrera.

Lo que más llama la atención del caso Armstrong, y su tienda lo vuelve a poner de manifiesto, es la dualidad del personaje, villano reconocido y reconocible, pero también héroe a tiempo parcial. Su rendimiento deportivo estaba trucado, pero su cáncer no fue mentira, como tampoco lo ha sido LiveStrong (ahora Fundación Livestrong), la organización benéfica contra el cáncer que en 15 años recaudó 15 millones de dólares, siete de ellos aportados por el exciclista. Se dice que las donaciones aumentaron cuando surgieron las acusaciones de dopaje. Se sabe que Armstrong renunció a la presidencia poco después de su confesión televisada.

Desde Mellow Johnny’s han explicado así por qué dejarán de suministrar bicicletas a la policía de Austin (el contrato era por tres años y ascendía a 314.00 dólares): «Es difícil en estos tiempos equilibrar las necesidades de un negocio y de la comunidad. Nos hemos involucrado en un diálogo para entender cómo podríamos participar mejor en la seguridad de nuestros clientes y nuestra comunidad tomando la dirección correcta. Y hemos concluido que los propietarios de negocios no pueden estar al margen de las comunidades a las que sirven. Elegimos lo que creemos que hará más para suturar estas divisiones sociales y colocar a nuestra comunidad en el lado correcto de la historia. Hemos tenido que tomar estas decisiones antes cuando sentimos que las empresas cuyos productos vendíamos ponían a los niños en las escuelas en riesgo de violencia».

La pregunta legítima es si habla Armstrong el malvado o el otro. O tal vez lo haga su departamento de marketing, o quizá todo resulte posible. Ser al mismo tiempo y de manera alterna un bendito y un cabrón. Ojalá se pudiera repudiar al ciclista y admirar a Juan Pelota sin sufrir secuelas mentales, ojalá no fuera contradictorio condenar los años oscuros y vestir con cierto orgullo un maillot de Mellow Johnny’s.

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