Messi ha comunicado al Barcelona su deseo de romper el contrato que le liga al club con el que juega y que prácticamente gestiona y preside a su gusto. A algunos aficionados culés se le ha caído la venda o han tenido que dejar de hacer el avestruz y ver la realidad. Messi es barcelonista, sí, pero no a cualquier precio. Como cualquier jugador, es un profesional y el romanticismo juega aquí un papel menor. 

Si se tratase de tomar decisiones románticas y por amor a los colores, sus siguientes partidos los jugaría con la camiseta roja y negra de Ñul, el Newell’s Old Boys de Rosario. No ocurrirá de momento. Messi tampoco se irá al Nápoles para guiar al equipo al título de la Serie A y vencer definitivamente la comparación con Maradona. Tomará una decisión deportiva y económica y quizá la segunda parte de esa decisión pese más que la primera. 

Algún consejero le dirá que su imagen y su marca se beneficiarían si fichase por el Inter de Miami de Beckham y quién sabe si allí esperar a Ronaldo. Pero lo más probable es que Messi se quede en Europa, aunque no tenga todas las puertas abiertas de par en par. El Liverpool ha dicho que si Messi estuviera disponible, su interés en ficharle sería menos de cero. 

Las opciones de Messi pasan por Manchester, París o Milán. El Inter de Milán —diez años sin títulos que celebrar— tiene dinero para acercarse a las pretensiones de Messi y la derrota en la final de la Europa League ante el Sevilla, club al que Messi ha goleado con frecuencia, ha saltado las alarmas. Bien visto, podría ser su equivalente del Nápoles. 

El Manchester United o el Chelsea —por sumar un candidato no probable a la lista— no han desmentido su interés pero tampoco han filtrado a la prensa inglesa la intención de fichar a Messi. Deportivamente es un paso adelante comparado con el Inter, si bien hoy en día ninguno de los dos cuentan con opciones reales de ganar la Premier League y parten lejos de los favoritos en la Copa de Europa. 

Las dos ultimas opciones son más probables. Eso sí, tanto PSG como City ya han estado en el punto de mira de UEFA por su errático cumplimiento del Fair Play Financiero y esta operación se ha cuantificado en 500 millones de libras por dos años de contrato y un posible traspaso a pagar al Barça. Es verdad que la UEFA ha relajado las reglas del Fair Play Financiero debido a la crisis del Covid, pero ni hay barra libre ni las cuentas deben dejar de cuadrar. Antes o después hay que ponerse al día. 

En París, Messi volvería a jugar con Neymar en el reino de Mbappé. La lucha de egos podría ser más interesante que lo que ocurra en el campo, pues ya podemos adelantar sin miedo a equivocarnos que el PSG será el campeón de la Ligue 1 de la temporada 2020-21.

En el City se encontraría con Pep. Algunos rumores ya colocan a Messi en su habitual papel de jugador-presidente y dicen que ha exigido la permanencia de Agüero en el equipo y la renovación de Guardiola mientras el contrato de Messi esté vigente. 

Hace dos temporadas Cristiano Ronaldo dejó el Madrid por un buen traspaso y un estupendo sueldo. Ahora la Juventus deja caer que no le importaría nada que Ronaldo iniciase una etapa diferente en su carrera. Ninguno de los clubes que pudieran acoger a Messi parecen tener el ejemplo en cuenta. 

Interesante Lio (o Leo) que podría acabar tal y como empezó, con Messi un año más en el Nou Camp, como quiere el Barça, cobrando un jugoso contrato y haciendo más daño a la exigida economía del club. Para el madridismo es la mejor opción. Es preferible que el Barça no libere fichas, no cobre traspaso y no pueda rehacer un equipo en claro declive. Y como los propios culés y el club quieren lo mismo, mejor es no llevarles la contraria.

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