No pasó gran cosa durante los 90 minutos. El Fulham cambió su tendencia táctica, normalmente más abierta, por un sistema más protegido que evitase el juego fluido del ataque del Brentford. La primera acción, o mejor dicho intención, de llegada al área rival fue del Brentford, pero enseguida el partido se convirtió en lo que quiso el Fulham, que además contó con la suerte de que tres entradas de tarjeta naranja se saldaron con amarilla. Cualquier otro día podrían haber sumado al menos una roja.

El Fulham tenia en su banquillo a su mejor delantero, Mitrovic, convaleciente de una lesión y a su jugador mas desequilibrante, el francés Knockaert, por lo que sus esfuerzos se centraron en eliminar la delantera del Brentford, la llamada BMW. El francés Mbeumo no tuvo peso en el juego y fue el primero en ser sustituido, por el danés Emiliano Marcondes. El argelino Benrahma lo intentó más pero se perdió en el exceso de filigranas. Watkins, algo mas activo, no pudo con su par, Hector —uno de los que pudo ser expulsado— ni el resto de la defensa del Fulham. Con el partido controlado pero sin demasiadas ocasiones, el decorado era el de un 1-0 de libro, aunque finalmente no fue así.

La jugada clave llegó justo antes del final de la primera parte de la prórroga, dominada por un Joe Bryan, lateral zurdo del Fulham, convertido en Roberto Carlos por unos minutos. El Brentford sacaba un córner y lo hacía mal, una vez más errando el último pase. El saque largo del portero dejaba un delantero del Fulham en 1 contra 1 con un defensa, pero salió el portero, el español Raya, y despejó de cabeza hacia un jugador del Fulham. En pleno repliegue, un jugador del Brentford tuvo que hacer falta, a distancia considerable. Scott Parker, el entrenador del Fulham, le dio una instrucción a Bryan: Raya se adelanta mucho en este tipo de faltas. Bryan, en lugar de meter el balón en la melé de cabeceadores, lanzó directo y sorprendió al descolocado Raya.  A 3 minutos del final, Bryan se incorporó como un rayo en la contra de su equipo, se internó en el área y volvió a batir a Raya en su salida. A escasos segundos del final, el Brentford marcó un gol que no sirvió para nada.

El guion de película americana de final feliz tenía al Brentford como ganador. Estrenaría su estadio en la Premier, volvería a la primera categoría por primera vez desde la década de los 40 y lo haría con un futbol alegre y vistiendo su primera camiseta, azul marino. No fue así. Y no es ni el primer ni el ultimo final que se sale del guion idílico. El maracanazo, la final de Berna, el penalti de Djukic, el Centenariazo del Dépor en el Bernabéu, la finales de Copa de Europa que perdieron en sus estadios y por penaltis Roma y Bayern. El guion por los aires. El Fulham, el “malo de la película”, no tiene títulos en su palmarés: el giro de guion les traicionó en el último instante en una final de FA Cup en los 70 y la UEFA que perdieron ante el Atlético.

No es justo quitarle méritos al Fulham solo porque la narrativa pedía al Brentford. El Fulham es un equipo que cae simpático en general y que vive a la sombra del Chelsea, que geográficamente esta en el barrio de Fulham. Scott Parker ha hecho un buen trabajo en la temporada de su debut, cambiando la dinámica perdedora del equipo que descendió por una lo suficientemente ganadora para entrar en el play-off y ganarlo. Hacia tres años que un equipo no subía inmediatamente después de descender —en aquella ocasión, el Newcastle de Benítez— lo cual prueba lo difícil del cambio de inercia.

El Fulham se une a Chelsea, Tottenham, Arsenal, Crystal Palace y West Ham como representante de Londres en la Premier, el 30% del total, en una muestra más de que el futbol cada vez refleja más la situación de población y economía de las distintas áreas. En su anterior ascenso, el club invirtió más de 100 millones en ningunear a la plantilla que ascendió y crear un once sin cohesión que les llevó al descenso inmediato y con una bajísima puntuación. Con la lección supuestamente aprendida, la temporada que viene debería ser diferente.

El Brentford cierra así su novena participación en un play-off en las distintas categorías sin conseguir ascender en ninguna de ellas. No servirá de consuelo, pero lo normal en el fútbol y en el deporte en general es perder, y lo importante es saber rehacerse. El club está bien dirigido, económicamente saneado y tiene un buen ojo para los fichajes. Ninguno de sus jugadores ha llegado a los 10 millones de libras. Podría perder a Watkins, Raya y Benrahma este mismo verano, pero a buen seguro tienen a los sustitutos ya localizados. Otra vez será; quizá el año que viene

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