El fútbol de vez en cuando ofrece la oportunidad de cumplir un sueño como un hada al aparecerse a un personaje en un cuento. Pero, como en esas historias, hay alguna condición: para alcanzar el castillo, el trono, la princesa o liberar al poblado del gigante hay que llevar a cabo una hazaña. A Suiza y Polonia se les presentó un duende burlón, que les dijo que llegarían hasta el final del trayecto, pero uno de ellos se quedaría en el camino.

Puesto así, que Suiza o Polonia, según se mire, sea el último obstáculo por superar para llegar a la final de todo un campeonato de Europa no parece el camino mas difícil. Pero llegaron hasta allí por algo, y no olvidemos que Suiza fue capaz de eliminar al campeón vigente y Polonia se impuso a España e Inglaterra. Disputarían merecidamente un partido en el que se esperaba otras selecciones que no supieron encontrar el camino.

El encuentro era una invitación para atreverse a soñar y, sin embargo, en ocasiones aparecía como la mayor de las pesadillas. Todas las monedas tienen dos caras, y si la cara amable del partido de hoy ofrecía un premio que se presumía inalcanzable, la cara amarga recordaba que perdías un tren que quizá no pase por su estación hasta dentro de varias generaciones de futbolistas. El miedo a la derrota fue, inicialmente, mucho más poderoso que el sueño de la victoria. Ambos equipos se amontonaron en el centro del campo sin que hubiese grandes ocasiones de gol, ni jugadas destacables. En el estadio se notaba la tensión, aunque también pudiera ser la acumulación de nubes sobre Wembley y los truenos que se oían en la distancia.

Se estaba poniendo el partido para disfrute exclusivo de los amantes de la estrategia, el juego ordenado y la disciplina defensiva. Para el resto, el partido era espeso, con pocas ocasiones y apenas rescatado por la importancia que le otorgaba ser una semifinal. Si se hubiese tratado de un partido de la fase de grupos no habría llamado la atención. Pero el partido cambió. No fue un trueno, sino un testarazo de Lewandowski que se estrelló contra el palo con fuerza. Grosicki había ganado la línea de fondo y el delantero del Bayern ganó en el salto a Schar. El sonido del remate despertó a unos y otros. Lástima que apenas faltaran 10 minutos para llegar al descanso, porque en esos minutos el partido mejoró en ritmo e intensidad, si bien no hubo ninguna otra ocasión de gol notable.

El descanso, afortunadamente, no modificó la dinámica del encuentro, con ambos equipos buscando el gol. Quizá uno bastase. Ese gol seria como encontrar el tesoro que guarda el gigante y que rescataría a toda la aldea. Suiza no tiene a un gran goleador en su 9 habitual, Seferovic, un jugador con bajos registros goleadores y cuyo mayor mérito parece ser incordiar a la defensa rival. Del caos que él pudiese producir en el área polaca debería aprovecharse Embolo, un delantero rapidísimo, ayudado por la imaginación de Shaqiri. El jugador del Liverpool lleva años siendo el faro de su selección. Polonia, por su parte, sí tiene un 9 capaz de convertir cualquier balón que pase cerca suyo en un gol: Lewandowski podría ser el hechicero que resolviese la trama del día, y si no fuese él, Polonia también contaba con Milik y Piatek.

Transcurría el partido y persistía el 0-0. Con el avance de las manijas del reloj desparecía el intento de elaborar jugadas de ataque, y se llevaba el balón al área lo más rápido posible. Partido clásico inglés en Wembley. La defensa suiza, en cada recuperación, enviaba a Shaqiri, y el jugador del Liverpool buscaba un remate lejano o la combinación con Embolo o Seferovic. Un mal control de este dejó el balón suelto en el área. El disparo de Xhaka tocó la pierna de Bednarek, el central polaco, y salió cerca del poste de Szczesny.

Polonia buscaba rápido a Zielinski y este intentaba abrir hacia la banda para Grosicki. Las llegadas de Polonia tenían algo mas de peligro, si acaso fuese por la presencia de Lewandowski, solo superado por la defensa suiza a base de acumular jugadores, hasta que no pudieron más. La jugada, una vez mas de Grosicki, acaba en un centro a Milik en el pico del área. Tras amagar el disparo, cede a Lewandowski en el punto de penalti. El balón iba demasiado fuerte, de modo que cuando Lewandowski quiso controlar el balón, este salió hacia arriba un poco separado de él. Su instinto de 9 le hizo intentar una volea, suficientemente fuerte, endiabladamente ajustada, para batir a Sommer. Polonia tendrá la oportunidad de cumplir un sueño más. Suiza queda en la estación, esperando al próximo tren y deseando que no se retrase mucho. No están acostumbrados a la impuntualidad por esas latitudes.

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