La Eurocopa llega a Wembley, sin España, sin Francia, la campeona del mundo, sin Portugal, que no pudo defender su título, sin favoritas como Holanda o Italia, y sin presencia de las selecciones británicas.

La primera semifinal se había etiquetado de final anticipada: El ganador del Alemania-Bélgica seria sin duda el favorito de la final en todas las casas de apuestas. Y, sí, fue un partido digno de una final. Alemania volvía a contar con Neuer en la portería, evitando el derby Madrid-Barcelona de porteros. Hummels, Sule y Rudiger formaron el trio defensivo, y en el centro del campo se alinearon Kimmich, Kroos, Kehrer y Harvetz. Sane y Gnabry formaron ataque con Werner. Bélgica jugaba con una de sus alineaciones más reconocibles: Courtois, Meunier, Kompany, Alderweireld y Vertonghen en defensa, este ejerciendo de lateral zurdo. Witsel y Tielemans en el centro del campo con De Bruyne en la creación. Hazard, Carrasco y Lukaku formaron el tridente ofensivo.

El partido se inició igualado, sin muchas ganas de tanteo, como si Low y Martínez hubieran planteado el partido para marcar pronto y desde ahí gestionar el resto de los minutos. Las llegadas al área se sucedían pero sin gran peligro, centros despejados por los centrales, algún intento de tiro lejano para probar al portero rival. Ataques variados para buscar las debilidades del rival: en ambos casos, sus magníficos porteros estaban protegidos por defensas que ya habían visto sus mejores días pasar. Rudiger consiguió rebanar un balón a Hazard en su internada en el área. Rápidamente cedió el balón a Kroos. Levantando la mirada, condujo unos metros el balón hasta decidir que Gnabry era la mejor opción para seguir el contraataque. Su pase, medido, y el control de Gnabry, perfecto y ya orientado hacia el área de Courtois, le permitió dejar sentado a Vertoghen. Sin mirar, puso el balón en el punto de penalti: allí debería haber alguien, y allí estaba Timo Werner para batir a Courtois. 1-0, 18 minutos de partido.

Bélgica solo ha ganado a Alemania 4 veces en 25 partidos, las 3 primeras hace mas de 100 años. La última, en 1954, cuando Alemania acaba de iniciar su leyenda tras ganar su primera Copa del Mundo. La generación de Ceulemans, Gerets y Pfaff se vio en una situación igual, en la final de la Eurocopa del 80. Un gol en el minuto 88 acabó con sus sueños. Después hicieron buenos torneos pero nunca pudieron levantar un trofeo. La generación de Hazard, de Bruyne y Lukaku estaba, al contrario que aquella 40 años atrás, ante su ultima oportunidad. Ahora habría que derrotar a Alemania, a la historia y a dejarse llevar por la fatalidad. Rayos y centellas, maldecirían los seguidores más veteranos.

Martínez aplaudía a los jugadores desde el banquillo y les pedía calma, con los dedos en las sienes. Nada había acabado. Kompany ejercía de líder y animaba más efusivamente. Bélgica intenta recuperarse del golpe a través de la posesión del balón y consigue mantenerlo lejos de su zona defensiva. Sule cometió falta a unos 35 metros. De Bruyne y Hazard se colocaron junto al balón, cada uno imaginando un lanzamiento al palo contrario al de su compañero. Neuer coloca la barrera e intenta adivinar: chutaría De Bruyne. Esa decisión le permitió, por muy poco, desviar a córner el preciso lanzamiento del jugador del City. Sin tiempo a lamentarse, se dispuso a lanzar el saque de esquina.

De Bruyne tenía el día fino en sus botas. Su córner fue perfecto, lejos de Neuer, que salió a por un balón que no podía atrapar, y certero al salto de Kompany, superior a los centrales alemanes. 1-1 con toda una hora por jugar. La tormenta pasaba.

Con el 1-1 se llegaría al descanso, con aplausos desde la grada. Recién comenzada la segunda mitad, una jugada pudo cambiar el signo del partido: Lukaku se internaba en el área tras un pase en profundidad de Hazard. Neuer salió a su encuentro y pareció derribarle. El colegiado fue a mirar la acción en el monitor del VAR. Neuer parece tocar el balón muy ligeramente, pero además arrolla a Lukaku, al que deja sin opciones de culminar la jugada. Las repeticiones, vistas en el videomarcador de Wembley, provoca el murmuro de la grada. El árbitro ordena saque de esquina. Lukaku se retira lesionado y contrariado. Otra vez se avecinaba la tormenta. Mil rayos.

De vez en cuando el futbol nos ofrece el héroe inesperado, un actor de reparto que quizá no hubiera visto su nombre en los títulos de crédito. No hace falta irse muy lejos, recuerden el gol de Eder en la final de 2016. Ese papel fue a caer en Michy Batshuayi, preferido por Martínez antes que Origi para reemplazar a Lukaku. Su momento llegó en el minuto 75, a pase de Maertens, que había reemplazado a Carrasco minutos antes. Todo se inició mucho más atrás. Courtois recogió un centro tibio de Gnabry y con la mano le dio el balón a Witsel. Este contacto con Tielemans y el jugador del Leicester con De Bruyne. Su intercambio de pases con Hazard había roto la línea de presión de Alemania y el balón llegó a Maertens. Cerrado el paso por Sule, centró al área y allí remató, de nuevo de cabeza, Batshuayi: 2-1.

Los últimos minutos fueron un continuo lanzamiento de balones hacia el área belga. Sus defensas, todos altos, y Courtois, lograron defender sin mayores problemas. Neuer intento sumarse al ataque, a la desesperada. Una pedida de balón dejo el balón a los pies de Hazard en el circulo central y desde allí, sin mirar, intento cerrar el partido. Logró algo más difícil: acertar al larguero. Maertens no llegó a empujar el balón porque el colegiado decidió que hasta allí llegaba el partido. Bélgica jugará su segunda final Europea y 2020 nos ofrecerá un nuevo campeón.

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