Una huida hacia adelante o el último quiebro ante el abismo. El Barça, que vive obsesionado con el recuerdo del triplete de 2015, vuelve a dar una vuelta de tuerca en su particular cadalso para colocar a un mito viviente al frente del vodevil. El héroe de Wembley como escudo. La foto histórica para acallar a los disidentes, es el último plan de Josep María Bartomeu para aferrarse al sillón. Ronald Koeman se hace cargo, ahora sí, del FC Barcelona y deja en la estacada a su país, con una Eurocopa en el horizonte. Algo se olía Tintín cuando escribió en letra pequeña que una oferta del Barça le liberaba de compromisos naranjas.

Ronald Koeman golpea la falta con la que el Barça se proclamó campeón de Europa en Wembley en 1992.

Los primeros escarceos

El tren había pasado varias veces por delante de su estación. Incluso, Ronald ya sabe lo que es sentarse en ese banquillo aunque fuera temporada y media como ayudante de Van Gaal. Fue en la primera etapa de Louis en el Camp Nou, en la campaña 98/99. El ex defensor azulgrana acababa de colgar las botas y aquello fueron unas prácticas remuneradas. Un máster al lado de su compatriota antes de comenzar su andadura en solitario como primer entrenador. El banquillo del Camp Nou volvió a aparecer en su vida en el verano del 2003. Para entonces Koeman era el exitoso técnico del Ajax con el que acababa de ganar dos Ligas, una Copa holandesa y una Supercopa. Fueron varios los precandidatos, Laporta y Bassat entre otros, quienes se entrevistaron con él para llevarle a la banqueta del Camp Nou. Pero entonces valió más su palabra y su contrato con los de Amsterdam: «Si el Barça me quiere tendrá que esperar a 2004».

Y desde entonces Barça y Koeman no se habían vuelto a encontrar. Su nombre sonó con fuerza en 2015 antes de la llegada de Luis Enrique y sobre todo en 2019, tras el fulminante despido de Valverde. Pero ahí Ronald volvió a imponer su palabra: quería dirigir a Holanda en la Euro 2020.

En esos más de 15 años que separan el Barça de Rijkaard del Barça de Koeman, el entrenador neerlandés ha labrado una carrera con demasiados altibajos y salpicada con algún que otro título, menor en cualquier caso. Tras decir no al Barça se marchó al Benfica portugués en el verano de 2004 con el que nada más llegar ganó una Supercopa portuguesa. Koeman llegó para liderar el resurgimiento encarnado tras la gloriosa etapa de José Mourinho en el Oporto. Después de un inicio dubitativo el Benfica se recompuso aunque no lo suficiente para disputar el título a su vecino el Sporting de Portugal y al mencionado Oporto. El conjunto encarnado fue tercero y Koeman salió del equipo al final de esa temporada.

La traca de Mestalla

Entonces volvió a su país, para entrenar al PSV Eindhoven, el club con el que levantó la Copa de Europa en 1988. Y los triunfos volvieron, en la primera temporada hizo campeón de Liga al equipo de la Phillips en un final de infarto. Pero el siguiente volantazo esperaba a la vuelta de la esquina. En la jornada 9 de la siguiente temporada, con el PSV líder de la Eredivisie, Koeman acepta la propuesta del Valencia. Las urgencias en la capital del Turia obligaban a un golpe de timón y holandés fue el encargado de ejecutarlo en una situación que guarda similitudes con la que vive actualmente el Barça. Tintín firmo en noviembre de 2007 por lo que quedaba de campaña y dos más. Acto seguido apartó del equipo a Cañizares, Albelda y Angulo, tres símbolos chés. Su última aportación al club, en un ambiente irrespirable, fue la consecución de una Copa del Rey que apenas se disfrutó en Valencia. Solo cuatro días después de levantarel título, aún con partidos de liga por delante, era despedido.

A Ronald le tocaba volver a empezar. Lo hizo de nuevo en su país, al frente del AZ Alkmaar, primero y del Feyenoord, después. Con los primeros ganó la Supercopa holandosa, último título levantado por Koeman, mientras que al frente del Feyenoord estuvo tres temporadas. En De Kuip no consiguió ningún título y pese a sus buenas campañas en la Eredivisie no logró pasar las fases previas de Champions League. Inglaterra era el próximo destino. La acaudalada y global Premier League le abrió las puertas en uno de los clubes que más y mejor cuidan la cantera, el Southampton. Koeman fue el encargado de conducir el legado dejado por Mauricio Pochettino en los Saints.

La aventura de la Premier League

En dos temporadas moldeó a jugadores como Dusan Tadic o Sadio Mané para, sobre todo en el caso del senegalés, lanzarlo al estrellato. En su segunda temporada también fichó procedente del Groningen a un tal Virgil Van Dijk. Si de algo entiende Koeman es de defensas y a partir de un buen entramado defensivo y de la velocidad de sus puntas consiguió colar al Southampton en puestos europeos (sexto y séptimo respectivamente).

Liverpool sería su siguiente parada. Concretamente el costado azul de la ciudad de The Beatles a la que llegó para entrenar al Everton. Allí tal y como había hecho en Southampton volvió a adaptarse al estilo de los jugadores que tenía, más que implantar un libreto propio. Koeman supo explotar las virtudes ofensivas de un joven Lukaku (25 goles) sin sitio en el Chelsea y con Ross Barkley como motor en el centro del campo alcanzó una séptima plaza en su primera temporada que le dio acceso a Europa. La marcha del delantero belga supuso un agujero para el equipo que ni siquiera la vuelta de un icono como Wayne Rooney pudo tapar. 9 jornadas después de empezar la campaña 17/18, Koeman era destituido.

Reverdecer a la Naranja Mecánica

Fue entonces, después de que su país no se clasificara ni para la Euro 2016, ni para el Mundial 2018, cuando la KNVB (Federación Neerlandesa de fútbol) reclamó sus servicios. A Ronald le tocaba transitar por el desierto y emprender una remodelación que diera nuevos bríos a una Oranje amarga y caduca. El ciclo de los Robben, Van Persie, Sneijder, Van der Vaart, Kuyt o Huntelaar tocaba a su fin y había que airear ese vestuario. Koeman dio ese paso sin miramientos y cultivó toneladas de juventud para que la nueva cosecha fuera frondosa.

La apuesta fue el talento y la calidad sin tener en cuenta el carnet de identidad. Una vuelta a las esencias del juego de posición pero con un dogma más flexible, capaz de convertirse en un equipo vertical y atacar los espacios, sin manosear tanto el balón. El talento joven lo representaron De Jong (Koeman fue uno de sus grandes valedores) y De Ligt, que se combinaron con otros con más horas de vuelo en la élite (Van Dijk, Wijnaldum, Memphis Depay). La veteranía tampoco fue desechada por Koeman. Futbolistas como Blind, Strootman o Ryan Babel aportaban la cuota de experiencia y competitividad necesaria.

Ese cóctel perfecto supuso el renacimiento de los tulipanes que fueron subcampeones en la primera edición de la Nations League (2019), después de dejar por el camino a la campeona del mundo, Francia, a Alemania y a Inglaterra.

Y es por ese papel de salvador desarrollado en Los Países Bajos por el que ahora llega al Camp Nou. Le vuelve a tocar vestirse a Koeman de poli malo, para emprender una renovación que tampoco sabe si culminará. El neerlandés firma por dos años pero esta Junta directiva tiene fecha de caducidad y las arcas del club, en pleno mercado postCovid_19, tampoco permiten grandes alegrías. Seguramente el parte de bajas sea menos numeroso de lo esperado y Koeman tendrá que tragar con alguna que otra vaca sagrada. De él dependerá el papel que les reserve a los Busquets, Alba o Piqué, jugadores todavía válidos aunque vayan perdiendo protagonismo frente a otros. Y de convencer a Messi de que siga.

También está por ver cómo afronta Koeman el manido debate sobre el estilo de juego del club. Porque el neerlandés no se ha caracterizado, más allá de su etapa como seleccionador, por apostar por un juego de posición en el que sus equipos sean protagonistas con el balón. Curados de espanto tras la experiencia de Setién, el aficionado culé estará más atento que nunca a las intenciones de sus pupilos sobre el verde que a las declaraciones en rueda de prensa para que el sueño cumplido de Koeman no se convierta en pesadilla. Tintín está ante su encrucijada más complicada porque nadie le advirtió que los sueños también tienen letra pequeña.

Entrevista de Koeman a TV3 en enero de 2019. Va a necesitar esa «suerte» de la que habla.

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