Sí, es cierto que el Rey hoy tiene que marcharse, acosado por las invectivas de la izquierda radical norcoreana y por los aullidos incivilizados de los independentistas murcianos. Sin embargo, no podemos olvidar que, bajo su mandato, España ha conocido los años más prósperos de su gloriosa historia.

Sí, es cierto que el Rey está acusado por una porción ínfima de la prensa y por algunos fiscales montaraces de ciertos países que nos han odiado siempre, de determinadas acciones que, según bajo qué prisma, podrían ser, en un momento dado, constitutivos de infracción administrativa (y quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra). Pero que nadie olvide el papel capital de nuestro anterior Jefe de Estado durante la crisis catalana, durante la pandemia del COVID, durante el conato de invasión selenita que tanto sufrimiento dejó en ciertos lugares de la meseta castellana, bien conocidos por todos (no en balde hay monumentos inmortales que lo atestiguan y lo harán por siempre). Que nadie olvide, en fin, su condición de piedra angular del inmarcesible edificio de nuestra Nación.

Sí, es cierto que el Rey hoy se nos marcha, acompañado de su elegante esposa, ejemplo de madre abnegada, Soberana entregada y eficiente, cuyos dones (la firmeza, el rigor, la minuciosidad) podemos ver reflejados claramente en nuestra actual Reina Doña Leonor.

Sí, es cierto que, prestando un último servicio a la Patria, el Rey hoy se nos marcha, acosado por la enemiga de quienes quieren ver a España destruida (vano intento pues es eterna) pero ello no debe empañar ni un ápice nuestra devoción por la institución monárquica, que está más allá de las posibles debilidades de las personas que puntualmente la encarnen. 

Madrid, agosto de 2051

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