A veces la realidad es tozuda y aunque uno la vaya disfrazando tarde o temprano se muestra tal cual es. El Madrid viajaba a Manchester con el título de campeón de Liga en el bolsillo, un premio merecido tras su temporada, pero ese mérito no debía negar la forma en que se había conseguido. Para colocar las cosas en su sitio, ha bastado con cruzarse en Europa ante un City no especialmente brillante. El edificio blanco se ha derrumbado por falta de cimientos.

Los de Zidane han ganado una Liga repleta de partidos muy mediocres, con tremendas carencias en muchos aspectos del juego, rotos fisicamente y derrumbándose cuando llegó el parón. Tras el confinamiento, el unocerismo a la italiana no auguraba grandes éxitos en Europa, menos aún si teníamos en cuenta los últimos resultados en la presente Champions.

En Manchester el Real Madrid fue víctima de sí mismo, de todas esas carencias que los resultados enmascaraban, víctima de falsas seguridades basadas en estadísticas de papel piedra. En el Etihad, el Madrid se ha dado un baño de realidad, porque muchos de los problemas que ha mostrado los ha arrastrado toda la temporada, aunque fueran tapados por genialidades de Benzema o Sergio Ramos.

La falta de movimientos para salir jugando, los problemas para sacar la pelota limpia sin Ramos, el imposible posicionamiento de Casemiro huyendo de la base de la jugada, que Kroos o Modric bajen hasta la altura de los centrales para limpiar las jugadas —lo que desescalona la cadena de pases—, la ausencia de desborde, la falta de contextos ofensivos que ayuden a Hazard o Rodrygo, el vacío en el área cada vez que Karim baja a ayudar… En definitiva, la ausencia de un plan.

Podríamos hablar del gran partido de De Bruyne, un futbolista superior, de la inteligencia de Gundogan para tocar de primeras, del poderoso golpeo de su portero Ederson, de la habilidad de Sterling y del trabajo de Gabriel Jesús. También podríamos mencionar el acertado planteamiento de Pep, un City no especulativo, a años luz del tiqui-taca, ordenado pero admitiendo el desorden, dominador pero que acepta ser dominado, que asume riesgos… Es decir, un City en modo Champions. Todo eso es verdad, pero quien ganó al Madrid fue el propio Madrid.

Calificaciones

Zidane: Este equipo empezó la Liga buscando una propuesta y poco a poco se construyó bajo la idea del unocerismo, más con Hazard en este estado de forma. Courtois, Ramos, Mendy, Kroos, Casemiro, Valverde y los goles de Benzema dieron cuerpo a algo siempre sujeto con alfileres. Y no hay más. El técnico francés ha sido incapaz de dotar al equipo de argumentos futbolísticos, sobre todo ofensivos, en una plantilla mal gestada. Ganar por dos goles de diferencia al City en su campo no parecía empresa fácil y aunque el partido de Varane nos da la excusa perfecta para justificar el resultado, en los 90 minutos no se vio cuál era el plan para la remontada. En cambio, al City de Pep sí se le entendió perfectamente. 

Courtois: Con mucho, el mejor del Madrid. Gracias a sus paradas el resultado no fue sonrojante. Zidane se empecina en que juegue con el pie en situaciones de máximo riesgo, comprometiéndolo continuamente en situaciones que no encajan con sus cualidades.

Carvajal: Los movimientos fuera-dentro de Gabriel Jesús le descolocaron continuamente en la primera parte. Poco acertado con el balón, le costó superar la presión.

Militao: Con lo poco que Zidane le había utilizado durante la temporada, afrontaba un desafío. No salió mal parado, pero tampoco bien. Tosco con la pelota y descolocado en muchas acciones de marca. Como otras veces, jugó sin personalidad. Sin alma.

Varane: El francés se disfrazó de Karius y, como él, fue el protagonista de los dos goles ingleses con dos errores groseros. Cada vez que no está Ramos, Varane demuestra que no es más que un escudero; bueno, pero solo eso. Jugó superadísimo y sin muestras de jerarquía.

Mendy: Defensivamente brilló en su duelo con Sterling, pero nunca fue una opción para salir jugando por su banda. En la segunda parte desapareció del partido.

Casemiro: Horroroso. Uno de sus peores partidos de blanco. Escondido en la salida del balón y obligando a Kroos o Modric a bajar a la base de la jugada, lo que dejaba sin escalonamiento la salida del balón.

Kroos: Le costó entrar en juego, sin socios con los que jugar. Fue de menos a más y terminó siendo el mejor centrocampista blanco.

Modric: Cinco partidos buenos en el final de temporada habían engañado a muchos sobre cuál era su realidad. Falto de físico, el croata solo dejó tres o cuatro gestos de calidad con la pelota.

Rodrygo: La sorpresa en la alineación. Dio un buen centro en el gol de Benzema y nada más… muy poquito para ser titular.

Benzema: Hizo un gol y falló dos claros con remates insulsos tras grandes gestos técnicos. De lo mejorcito del equipo y el único de la delantera que jugó a nivel de equipo Champions.

Hazard: Viendo su final de temporada solo Zidane entiende que sea titular ahora mismo. No dejó ni una sola jugada del tipo de futbolista que se espera que fuera.

Asensio: Jugó 30 minutos y apenas sí dejó un par de detallitos.

Lucas Vázquez: Entró con todo perdido y sin tiempo para sumar, además debió colocarse en el lateral.

Jovic: ¡Jugó!

Valverde: Su final de año ha sido muy decepcionante, pero el equipo necesitaba de su físico mucho antes. Zizou no lo vio así y apenas disputó 10 minutos.

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