En apenas doce días empezara la nueva temporada en futbol. Todavía es una incógnita si habrá un número determinado de espectadores o seguiremos con los campos vacíos. Esta circunstancia apenas despierta inquietud en los dirigentes del fútbol español y mucho menos en los seguidores que con la televisión podrán matar el gusanillo de ver a su equipo favorito.

Pero los responsables del Consejo Superior de Deportes, de la Federación Española de Fútbol y de la Liga Profesional sí deberían estar preocupados. Tendrían que ser conscientes de que priorizando los intereses económicos por la presión de las televisiones el riesgo de lesiones de los futbolistas aumentará exponencialmente. Pudimos comprobarlo después del confinamiento, cuando los jugadores se lesionaban constantemente. Hubo voces, entre ellas la mía, que alertaron de que ese tiempo era insuficiente después de mas de dos meses de confinamiento . Todos sabemos los estragos que ocasiona la inactividad en los organismos de elite.

El parón prolongado provoca sarcopenia (cambio de músculo por grasa) y una pérdida de más de un 20% de la capacidad aeróbica (cantidad de energía de una vía metabólica, en este caso aeróbica), que produce una disminución alarmante del volumen de oxígeno máximo que necesita el jugador para recuperarse con garantías de los esfuerzos titánicos que exige el fútbol actual.

Me temo que no hemos aprendido nada. Ya no es sólo que los jugadores se lesionen. Es que son percances muy graves con plazos de recuperación de entre seis y siete meses.

Si dijimos que un mes era insuficiente para entrenar después del confinamiento, ahora habrá tres semanas, pero con un agravante añadido: los jugadores apenas han tenido doce o trece días descanso, y no olvidemos que jugaban cada tres días. Si no hay descanso no hay salud muscular. El músculo es el órgano endocrino más importante. El futbol es una sucesión de esfuerzos explosivos repetidos infinidad de veces. Y la fisiología del ejercicio nos dice que trece días son insuficientes para que las piernas de los jugadores asimilen un entrenamiento metódico y riguroso que les permita encarar con garantías las frenadas, las salidas, los saltos y los innumerables cambios de dirección. Si esto no se lleva a cabo en tiempo y en intensidad, será la rodilla y no la musculatura que la sujeta —vasto interno-vasto externo-recto anterior y crural— la que sufrirá los brutales impactos. Y ya conocemos las consecuencias.

La distancia que existe entre el querer y el poder del jugador está en el entrenamiento. Y en es la pretemporada donde se pueden y se deben sentar las bases del trabajo físico que acorten esa distancia y que consigan que la curva de la capacidad funcional del jugador vaya en aumento. Los estímulos de las cargas del entrenamiento, si son débiles, son insuficientes. Si son demasiado fuertes no son aconsejables porque dañan. Solo los estímulos fuertes con la necesaria recuperación garantizan el crecimiento paulatino del esfuerzo. Este protocolo que la fisiología del esfuerzo aconseja hay que llevarlo a cabo a rajatabla si queremos que sea efectivo. Y es en la pretemporada, con sesiones dobles (mañana y tarde) y con una duración de cinco semanas, cuando hay que aplicarlo. El incumplimiento será una moneda al aire con la salud del deportista en juego. Y con eso, pocas bromas.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here