Terminada la pretemporada, Zidane estaba como Sócrates. Sólo sabía que no sabía nada. Como comentamos en el prólogo, ni los tres centrales, ni los dos delanteros centros, ni el nivel físico del equipo,  ni casi nada, salvo la confianza en la plantilla, le daban buenas vibraciones. Ante esta tesitura, Zizou tomó la línea recta y recurrió a la vieja guardia. Empezaba la Liga.

Celta 1, Real Madrid 3

Saltaron al campo los más conocidos, con Odriozola y Vinicius. El sistema, 1-4-3-3. Casemiro, Kroos y Modric, con un despampanante Bale (que empezó la temporada como un tiro y la acabó como un susto), con Karim y Vinicius. El Madrid se beneficia del ritmo lento de los gallegos y se impone de principio a fin.

Real Madrid 1, Valladolid 1

Pues como a Zidane le fue bien con sus pretorianos de viejas batallas, aquí decide echarle más gallina al cocido, y James por Vinicius. Otra vez 1-4-3-3, y a intentar volcar el campo. No sale bien. Zizou está a punto de darse cuenta de que lo que le valió ya no es suficiente y que ya decía Einstein que si muchos experimentos no te dan la razón, uno malo te la quita seguro. Las sensaciones desde su vuelta es que con la pegada no da, y que hay que recurrir mejorar el equilibrio cuando falla la red del poder ofensivo.

Villarreal 2, Real Madrid 2

Con Hazard lesionado y después del chasco contra el Valladolid, Zidane repasó los videos de la pretemporada. Recurrió al 1-4-4-2, pero con Bale de vértice y dos delanteros centros. Tampoco cuajó el sistema. Lucas Vázquez dio más equilibrio, pero el ataque seguía siendo un sindiós. Y Jovic un ente extraño, que no se parecía al que vimos en Alemania salvo en el corte de pelo. En esos momentos el Atleti era líder y al Madrid se le pronosticaba como un serio candidato a la Europa League. Dos empates seguidos, con los antecedentes de la temporada pasada, era el pasaje al fracaso.

Real Madrid 3, Levante 2

Zidane vuelve a cambiar el libreto. Y lo hace porque lo que estaba sucediendo no gustaba a nadie. Uno de los grandes errores de la crítica fue no darse cuenta de que estaban confundiendo la valentía de un técnico, en busca de un sistema ganador, con el titubeo de un alineador que no sabe qué hacer con el equipo. En este partido recurre a un doble pivote Kroos-Casemiro, con James enganchando y Vinicius-Karim de delanteros. El Madrid, por fin, juega bien de verdad. Lucas equilibra y el doble pivote funciona. James, exento de trabajo defensivo, juega casi con un puro en la boca. Pero hay que viajar a París, el Madrid baja el pistón y aparecen las carencias defensivas. Casemiro se va a la caseta y, sin él, llegan los miedos. El partido acaba con el Madrid pidiendo la hora.

■ Y después de esto, el PSG nos pone mirando a Cuenca. Y Zidane se viste de verdad de entrenador. No le queda más remedio. Están claras dos cosas: en el intercambio de golpes ya no somos pesos pesados y sin coralidad defensiva, el Madrid está abocado a sufrir. Era necesario un golpe en la mesa, y el entrenador se lo dio.

Sevilla 0, Real Madrid 1

Aquí se empieza a ganar la Liga. No ya por el resultado, sino por la conclusión. El equipo ha de volverse más italiano. Zidane rescata postulados de esa Juve donde él jugó, y se mira en el espejo de Lippi. El Madrid cierra líneas, adelanta la presión y reduce los espacios. Vuelve la presión a 4 en bloque alto que empezamos a ver en la segunda parte de la pretemporada. Los laterales se quedan arriba para recuperar el balón cuando el equipo lo pierde el balón en la transición ofensiva. Nadie esperaba eso del Madrid, pero la herida que deja el PSG hace que el equipo se confabule. Para ganar el campeonato de la regularidad hay que estar juntos y rendir tributo al esfuerzo.

Real Madrid 2, Osasuna 0

Si antes hablábamos de la intensidad y el compromiso, tampoco debemos olvidar otra de las improntas del método Zidane: las rotaciones. Después del palizón de Sevilla, tocaba la segunda unidad. Manteniendo el 1-4-4-2, con doble pivote Case-Valverde, Vinicius y Rodrygo empiezan a reivindicarse de verdad ante James y Bale. Zidane ya no se anda con medias tintas. Para que un equipo trabaje y presione no puede haber excepciones. Algún compañero se pregunta el porqué del ostracismo del colombiano y el galés, cuando habían empezado casi de titulares. ¿Es qué Zidane se ha vuelto loco? La respuesta es que no. Simplemente que el que no está por la labor de jugar y cavar trinchera, sobra. Por cierto, otra oportunidad para Odriozola que el chaval desperdicia.

 ■ Llegaba el Atleti…

Atlético de Madrid 0, Real Madrid 0.

Si los rojiblancos se esperaban a ese equipo de plastilina de la pretemporada, patinaron. Zidane da otra vuelta de tuerca a la intensidad y el achique, y cambia el 1-4-4-2, por un 1-4-1-4-1 de puro granito. Casemiro de pivote entre centrales y, por delante, otro pivote mixto con Kroos-Valverde. El Madrid sigue peleado con el gol, pero se ha convertido casi en 11 de los 300 de Leónidas. Ni a Zidane se le puede negar ya la pizarra, ni a los jugadores el compromiso.

Real Madrid 4, Granada 2

En este partido a Zidane le vuelve a picar la tentación del campo cuesta abajo. Camaleónico, con respecto a los partidos anteriores, vuelve al 1-4-3-3. Pero ya no hay engaños, el equipo juega con las líneas pegadas, la defensa a muchos metros del portero y la presión adelantada es irrenunciable. El Madrid borra del mapa al Granada, se coloca 3-0 en el marcador, y se dedica a sestear como si pudiera. Casi cuesta el empate. El equipo vuelve a nadar en el mar de la duda. Bajar la intensidad es jugar con una pistola cargada.

Mallorca 1, Real Madrid 0

El Madrid se dejó el liderato en la isla. Zidane siguió sumando certezas.  Isco y James era más bien un Isco o James. Los dos a la vez restaban solidez al equipo y no funcionaba la posesión efectiva de balón. El ataque vuelve a poner en evidencia lo de los dos delanteros centros. Otra vez vuelve la conclusión de que no hay que relajar los mecanismos de presión. Y en las rotaciones, más de lo mismo, Odriozola no da nivel, James sólo se implica con el balón en los pies y Jovic es el único jugador de los últimos tiempos que no se entiende con Karim (más difícil que esto debe ser el mecanismo de un chupete). Ni qué decir tiene que después de esta derrota “se busca sustituto a Zidane».

■ Y después llegaba el Barça…

Barcelona 0, Real Madrid 0

Un partido aplazado por cuestiones políticas y que se quiso convertir en mucho más que un Clásico. Con las medidas de seguridad de un Boca-River, pero con quizá más policía (si cabe), el Madrid era una víctima propiciatoria. No fue así.  El equipo se demuestra trabajado y supera a los blaugrana en todas las facetas del juego. Zidane recurre al 1-4-4-2 en posicional y al 1-4-1-4-1 cuando no tiene el balón. Casemiro y Valverde se multiplican, Isco ya le ganó la partida a James (como otras tantas veces) y, como siempre, falta gol. El Madrid no ganó el partido por esto y porque el árbitro (Hernández Hernández) hizo honor a su apellido y se tragó dos veces el pito en el área blaugrana. Empate en el marcador, victoria en las sensaciones.

Y esta es la historia de los primeros diez partidos de liga. El Madrid ya es candidato oficial y oficioso a pelear por el título. Zidane había rescatado la plantilla que no valía. A pesar de que Hazard iba de lesión en lesión, y de que se seguía discutiendo a todos los refuerzos (con razón), el Madrid era un equipo. Lo siguiente lo seguiremos viendo en el próximo capítulo, donde las lanzas que apuntaban a la cabeza de Zidane se convirtieron en cañas de bar, en las que ya se comentaba eso de… ¡A ver si este tío vuelve a hacer un equipo campeón! Y es que con Zizou siempre es mejor ser creyente que profeta.

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