Es cierto que no se debe hacer leña del árbol caído. Sería injusto y ventajista, pero lo que está claro es que un modelo de juego que en su tiempo fue hegemónico y asombró al mundo fracasó estrepitosamente contra el Bayern de Múnich. El famoso juego de posición de Johan Cruyff, los interminables toques y toques —la mayoría horizontales— han llegado a su fin. Ahora prima el juego vertical, profundo, contraataques eléctricos, jugadores veloces, potentes, con una gran fuerza relativa —potencia por kilo de peso corporal— que suben y bajan con una frescura física envidiable, que son capaces de presionar al poseedor del balón y, en una acción conjunta, al instante siguiente atosigar al contrario en el balcón del área, y ambas con una recuperación de apenas 20-25 segundos, sólo al alcance de corazones de atletas que juegan al fútbol.

Y todos estos esfuerzos descomunales repetidos más de 250 veces. Bienvenidos al futbol del siglo XXl.

Si damos la espalda a esta realidad y seguimos otorgando un protagonismo desmesurado en las sesiones de entrenamiento al trabajo técnico-táctico, entre el 85-90% del total de la práctica, y dedicamos el resto del tiempo 10-15% a cuatro saltitos, cuatro carreritas y seis movimientos con gomitas, y lo justificamos como entrenamientos de preparación física, nos pintarán la cara cuando menos lo esperemos.

Seamos serios cuando hablemos de rendimiento.

Una mula no puede jugar al fútbol pero a un jugador de fútbol hay que entrenarlo como si fuera una mula para que su rendimiento dentro del rectángulo de juego sea óptimo. Fisiología del ejercicio dixit.
Amén.

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