El error es pensar que no les ha bastado. Que los Clubes-Estado, representados en esta final de la Champions League por el Paris Saint Germain, todavía no han tocado su techo. Que Qatar todavía no ha ganado su Champions y que la vieja nobleza europea sigue manteniendo su status-quo, su grandeza, sus títulos. La reflexión es una verdad a medias, porque un hilo más o menos invisible une París y Múnich para conectarlo con Doha, la capital del país con el 5º PIB del planeta, la ciudad donde se disputará la próxima final de la Copa del Mundo, el país donde derechos como la libertad de expresión o la igualdad entre sexos está en entredicho. Sí, los tentáculos de Qatar y las ramificaciones del nuevo fútbol se extienden a los dos finalistas de la Champions League.

Las conexiones con París tienen línea directa desde que en 2011 Qatar Sports Investments desembarcaran en la Ciudad de la Luz en el enésimo intento por utilizar el fútbol con fines político-turísticos. En ese mismo año el país del Golfo pérsico conseguía otro hecho histórico al imponerse en la elección final por ser sede de la Copa del Mundo de fútbol en 2022. A finales de aquel 2011 también se planta una semilla mucho más desconocida con el todopoderoso Bayern Munich que elige Doha y la Academia Aspire para realizar por primera su mini pretemporada en la pausa invernal de la Bundesliga. Nueve años después la cita se ha convertido en rutina para los bávaros.

Los lazos lejos de desvanecerse en este tiempo se han estrechado con ciudades como París o Múnich, capitales del fútbol europeo y mundial. En 2016 los bávaros firmaban un nuevo acuerdo de patrocinio con HIA. Detrás de esas siglas esta el Hamad International Airport de Doha. Solo dos años después, en 2018, un nuevo patrocinador aterrizaba en el Allianz Arena. Una nueva alianza económica que hacía saltar por los aires el contrato con Lufthansa. La compañía alemana dejaba después de 16 años de ser patrocinador y el operador principal de los vuelos del Bayern en detrimento de un competidor llegado desde el Golfo Pérsico. Qatar Airways se convertía en partner premium de los muniqueses por una cantidad económica que el Bayern no desvela.

El montante económico de que Qatar Airways luzca en la manga de la camiseta del Bayern se estima en un máximo de 15 millones de euros por temporada. Y en cualquier caso está lejos de los 1.200 millones de inversión que Qatar Sports Investments (QNB en la manga del PSG) ha realizado en París durante los últimos 9 años para alcanzar este subcampeonato europeo. Lo que parece innegable es que los tentáculos del nuevo fútbol se extienden también entre la aristocracia del balompié europeo y en esas el Bayern ha sido el primero en entender el nuevo panorama. Si no puedes con el enemigo únete a él.

Su victoria, la sexta Copa de Europa de su historia, no solo tendrá imitadores en un estilo de juego que ha combinado lo mejor de la esencia alemana y el legado de Guardiola en Múnich. Su victoria también se replicará desde los despachos donde la veda parece completamente abierta después de que Manchester City y PSG hayan subido un nuevo escalón en el escalafón europeo. Y la pandemia del Covid_19 haya puesto contra las cuerdas a más de un balance económico de los grandes de Europa.

En el fútbol que se juega en los suelos de mármol y vestidos con traje y corbata, se buscan fuentes de ingresos inagotables, que sigan insuflando aire a una burbuja en la que todo nunca es suficiente. Ahí el Bayern ha vuelto a unir lo mejor de esos dos mundos que conecta el poder del balón que representa la vieja aristocracia europea con nuevas fuentes de ingreso de dudoso valor ético y moral. La pelota mientras tanto se mancha, pero sigue rodando, alimentando así un monstruo que amenaza ya seriamente con devorar el fútbol tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Las lágrimas de Neymar o la decepción de Mbappé son solo un impás, un aplazamiento de lo que está por llegar, el triunfo del modelo basado 100% en el talonario.

Por el momento la fórmula híbrida del Bayern es la que ha triunfado. Y en Doha también sonríen. Al fin y al cabo las alas de esa nave también llevan el sello de Qatar.

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