Messi encarando a Boateng. Pocas imágenes más evocadoras para un culé. El quiebro. La caída. El vuelo. El éxtasis. Nuestra memoria siempre selectiva, siempre tramposa se empeña en recordarnos los momentos felices sepultando así otros más desdichados, que se hunden al fondo de un cajón. El anhelo es no volver a desenterrar esas postales, pero el destino siempre encuentra excusas para ponerte delante de tus fantasmas. El Bayern ha sido siempre uno de ellos para los equipos españoles y aunque el Barça salió victorioso, Messi mediante, de su último envite frente a los bávaros, el encuentro de esta noche remite más a la eliminatoria del 2013 que a la última disputada entre germanos y catalanes hace cinco años. Y en aquella edición el Bayern pasó por encima de los culés.

El Bayern del triplete

Hace siete años el Bayern, entonces entrenador por Jupp Heynckes también aspiraba al triplete. Los muniqueses se habían vuelto a pasear por la Bundesliga, proclamándose campeones a primeros de abril, con seis jornadas de margen. Poco les importó que enfrente estuviera la primera gran obra de Jürgen Klopp. Ese Borussia Dortmund apenas les disputaría el campeonato alemán pero sí sería el último escollo a superar antes de levantar la Orejona. En junio pondrían el epílogo perfecto a la jubilación de Heynckes conquistando la Copa alemana frente al Stuttgart. Pero antes de todo eso, tocaba rendir visita al FC Barcelona. Los culés vivían el Año I d.P. (después de Pep), una temporada convulsa y dramática en lo extradeportivo por la enfermedad de Tito Vilanova, en un período en el que comenzaron a hacerse patentes las guerras intestinas entre las diferentes familias del barcelonismo (guardiolismo y rosellismo, especialmente) y en el cual el equipo de fútbol se mantuvo a flote como la parte más estable de la entidad.

Jupp Heynckes celebra la victoria de su Bayern en el Camp Nou que le daba el pase a la final de la Champions. CORDONPRESS.

De hecho el Barça mandaba en la liga española con puño de hierro. El equipo liderado por Messi conquistó la Liga igualando el registro histórico del Real Madrid de Mourinho el año anterior (100 puntos). El argentino sumó 46 goles en ese campeonato para dejar a los blancos a quince puntos de diferencia. Pero en aquella extenuante pelea los culés se dejaron las energías y varios jirones por el camino. Leo llega entre algodones a la cita frente al Bayern de Munich después de que forzara su vuelta tras una lesión en la anterior eliminatoria frente al Paris Saint Germain. Justo en ese partido Tito Vilanova había vuelto a sentarse en el banquillo tras volver de Nueva York, donde se trató del cáncer de glándula parótida que sufría. Los azulgranas acumulaban bajas sobre todo en la retaguardia. Puyol, Mascherano, Adriano ni siquiera viajaron para enfrentarse al Bayern en el Allianz Arena. Y quizá la única noticia positiva en las semanas previas había sido la vuelta a los terrenos de juego de Eric Abidal, después de 402 días sin poder jugar, tras superar hasta en dos ocasiones un cáncer de hígado. Todos esos vaivenes emocionales hicieron mella en el equipo.

Y el Bayern no tuvo compasión de los azulgrana. El Barça que llegó al descanso perdiendo 1-0, se vino abajo en la segunda mitad, cuando quiso aplicar la posesión defensiva con el balón, para evitar daños mayores y confiar en que cazar un gol en campo contrario para que la eliminatoria estuviera abierta. Pero lo que sucedió fue una hecatombe parecida a la de Atenas en 1994. El equipo se diluyó a cada golpe de los bávaros, inflamados con cada ataque pertrechado por la alianza Robbery (Robben + Ribery). Como si de un panzer se tratara los goles del indetectable Müller en dos ocasiones, Mario Gómez y Robben convirtieron el partido de vuelta en un mero trámite. El 4-0 resonó a epitafio azulgrana por todo el continente. “Pesadilla” o “Mazazo histórico” fueron los titulares al día siguiente. El 0-3 de la vuelta, con Messi reservado en el banquillo para el tramo final de la Liga, solo vino a confirmar que el cambio de guardia en Europa hablaba alemán. El electrizante juego teutón se había llevado por delante la pausa y el fútbol control azulgrana. El 7-0 global no dejaba lugar a dudas.

La primera vez

Pese a ser dos históricos de la máxima competición europea, Bayern y Barça no se vieron las caras hasta la fase de grupos de la Copa de Europa de 1998. Aquella temporada, la 98/99 está marcada en el recuerdo de ambas entidades por motivos bien distintos. El Barça de Louis Van Gaal había puesto todas las ilusiones de esa temporada en la Champions. Aquella campaña la entidad azulgrana comandada en el césped por Guardiola, Rivaldo, Figo o Patrick Kluivert entre otros celebraba el centenario del club y la guinda del pastel era la final de la Copa de Europa que se iba a disputar en mayo en el Camp Nou. El bombo quiso que los azulgranas tuvieran un grupo endiablado coincidiendo con los que a la postre serían los dos finalistas de esa edición, el Manchester United y el Bayern Munich. El Brondby danés fue el cuarto en discordia.

En el fútbol de los 90 no había tantas cámaras como hoy. FCBarcelona.es

El Bayern Munich de Ottmar Hitzfeld era un ogro de cuatro cabezas. Las de Oliver Khan, Lottar Matthäus, Stefan Effenberg y el brasileño Élber, para ser exactos. La eliminatoria se resume en la instantánea de Matthäus cogiendo por el cuello a Giovanni. El Barça siempre estuvo a expensas de los bávaros, sobre todo en el partido de ida disputado en el carismático Olímpico de Munich. El Bayern fue un aguacero de fútbol, una tormenta de centros al área y disparos desde la frontal, ante los que Ruud Hesp se erigió como único frontón. Sin embargo, el cancerbero neerlandés no pudo evitar el gol de Effenberg al filo del descanso. Como si de una secuela de película se tratara el Mundo Deportivo tituló “Van Maal 2” al día siguiente. Ottmar Hitzfeld que venía de proclamarse campeón de Europa con el Borussia Dortmund, estaba construyendo otro equipo campeón en Baviera. El carácter y la mayor determinación teutona se impuso también en el siguiente partido de fase de grupos, en el que el Bayern incluso se sobrepuso al gol inicial de penalti de Giovanni. Zickler y un postrero gol de Salihamidžić en el 87′ dejarían al Barça prácticamente sin opciones de pasar a los cuartos del final de la Copa de Europa.

Ruud Hesp fue el héroe aquella noche en Munich pese a la derrota azulgrana. CORDONPRESS.

Seis meses después de aquella victoria, el Bayern Munich sufriría en el mismo escenario la remontada más cruel y dolorosa que se haya visto en una final de Champions League. Aquel descuento frente al United forma parte de la historia más negra de los bávaros.

Guardiola y Luis Enrique

Solo ellos dos han conseguido imponerse al Bayern Munich sentados en la banqueta del Camp Nou. El actual técnico del Manchester City lo hizo en su primera temporada a los mandos del Barça, en la mágica campaña del sextete (2008/09). Eran los cuartos de final y el tridente formado por Messi, Eto’o y Henry fue demasiado para un Bayern en plena transición. El 4-0 del Camp Nou fue refrendado por 1-1 en el Allianz por lo que la eliminatoria nunca estuvo en peligro. Mas ajustada a pesar del marcador global resultó el enfrentamiento de 2015. Con la MSN en todo su esplendor y con Guardiola sentado en el banquillo bávaro, los de Luis Enrique pusieron tierra de por medio en el Camp Nou, con un 3-0 alumbrado por la enésima genialidad de Messi. En la vuelta, eso sí, el Bayern plantó cara y en el intercambio de golpes que propuso se acabó imponiendo por 3-2. Marcador insuficiente para alcanzar la final de Berlín, en la que el Barça se impondría a la Juventus.

Eto’o celebra con Leo Messi uno de los cuatro goles que el Barça marcó esa noche al Bayern. CORDONPRESS.

Pero de eso han pasado ya 5 años y pese a los intentos azulgranas de revivir y revisitar la MSN incluso con otros integrantes para replicar la fórmula del éxito, la Copa de Europa se ha empeñado en mostrar la decadencia de los azulgrana con toda su crudeza. “Con esto no nos da” que diría Messi. El camino inverso ha sido el emprendido por el Bayern, en una vuelta a sus raíces que le ha ayudado a mitigar la marcha de los dos buques insignias de la última década: Robben y Ribery. Los bávaros incluso han superado la depresión post-Guardiola mejor que el propio Barça y con Hans Flick han vuelto a la senda no solo de la victoria como forma de vida (no pierden un partido desde el 11 de enero), sino también a un juego atractivo, con el balón como protagonista y con una mezcla inmejorable entre la vieja guardia (Müller, Lewandowski, Neuer, Boateng, Alaba) y jóvenes talentos (Alphonso Davies, Kimmich, Gnabry, Goretzka).

En esas circunstancias la resolución a un único partido puede favorecer al Barça que pese a todo tiene unos números horribles ante los bávaros. Solo dos victorias por cinco derrotas y un empate cuando se han visto las caras en Champions. Además el Bayern llega embalado, con ocho triunfos en ocho partidos y tras anotar 31 goles (13 de ellos de Lewandowski) y recibir solo seis. Sus últimas eliminaciones en Champions, eso sí, han sido a manos de equipos españoles (Real Madrid, 2014; FC Barcelona, 2015; Atlético de Madrid, 2016; Real Madrid, 2017; Real Madrid, 2018) y a ello se aferra la culerada hoy con la esperanza de que siga la racha. También al botín izquierdo de Messi, sustento y motor del club en el último lustro, y única razón sensata para aguar la fiesta a los alemanes.

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