Hace un año el Madrid hacía oficial el fichaje de una joven promesa japonesa de 18 años, Takefusa Kubo. Para muchos, el fichaje tenía más que ver con una política de marketing y visibilidad en el mercado asiático que con una apuesta deportiva.

Take apareció en el fútbol español con apenas 10 años en las categorías inferiores del Barça. En La Masía pronto destacó como uno de los talentos con más futuro de entre los cachorros blaugranas. Tras descubrirse que el equipo catalán había inclumplido las reglas FIFA que rigen los fichajes de menores, el japonés tuvo que volver a su país, donde con apenas 16 años debutó en primera división.

El Madrid se adelantó a varios de los clubes más importantes del mundo, incluido el mismo Barça, que buscaba repescarlo, y se hizo con los servicios de uno de los jugadores jóvenes más esperanzadores del panorama futbolístico.

Desde el inicio convenció, dejando una gran impresión en la gira veraniega del Real Madrid, donde demostró inteligencia, calidad con el balón y muchísimo desparpajo. Su situación como extracomunitario y el hecho de tener en la primera plantilla a varios jugadores de similares características, llevaron a la secretaría a buscarle un equipo donde pudiese seguir creciendo. El elegido fue el Mallorca.

Su cesión para que se foguease en Primera ha sido una decisión acertada, pero también muy arriesgada. La prueba es que el japonés se ha encontrado con un equipo cuyo fútbol, dibujo y planteamiento no están hecho para él.

Analizar a Kubo como un futbolista ya formado me parece un error. Está dando sus primeros pasos en la élite y, de momento, lo que ya se puede decir es que estamos ante un futbolista diferente, al que hay que mirar desde cierta distancia.

Con 19 años, Take es ya internacional absoluto con la selección japonesa, un equipo que, a las órdenes de Hajime Moriyasu, juega muy bien al fútbol, no hay más que recordar su participación en el Mundial de Rusia, donde fue una de las agradables sorpresas.

Posicionalmente le ha costado encontrar su zona de confort, esa desde la que él puede tener participación y peso en los partidos. El esquema táctico de Vicente Moreno no es ni de lejos el mejor decorado para que Kubo desarrolle su mejor fútbol. No es extremo derecho o izquierdo, posiciones en las que ha jugado por ser zonas del campo donde las pérdidas en duelos individuales no penalizaban al equipo. En un mundo táctico donde no existe el mediapunta, jugadores como él, Odegaard, Brahim, Asensio, Soro y tantos otros, deben reciclarse en posiciones para las que muchas veces les faltan, sobre todo, cualidades físicas, y más en edades tan tempranas.

Take no ha sido una excepción. El japonés sufre en la ida y vuelta y carece de capacidad para defender en su campo, lo que le impide de momento ser volante, pero tampoco es específicamente un delantero y, desde luego, no es extremo, ya que le falta velocidad física para el desborde aunque ande sobrado de regate. Él es un jugador mucho más creativo, destinado a ser el último pase en la frontal, y eso en el fútbol actual apenas existe, y menos en el Mallorca.

Take, siendo ya un buen jugador, es de momento muchísimo más futuro que presente. Su situación está condicionada por dos “realidades paralelas” que marcan el juego en estos momentos: en los últimos 20 años ha desaparecido el mediapunta en los esquemas tácticos en el fútbol europeo, que es cada vez más físico.

En el Mallorca ha ido ganando importancia desde una posición de falso extremo derecho, donde por calidad se ha convertido en la pieza básica para el balance ofensivo mallorquín. Su regate, su juego entre líneas y su capacidad para inventar le han dado protagonismo, pero también se ha visto que reducir tanto su espacio de acción le limita, porque Kubo es un 10 de los de toda la vida, y ahí surge el gran problema y la gran pregunta si lo miramos en clave Real Madrid.

Da igual al equipo que mires: el fútbol ha cambiado y hoy es casi imposible encontrar un 10 que, aun siendo un prodigio técnico, pueda ser titular solo por eso. En el fútbol moderno jugadores como Özil, Silva o Dybala se han visto obligados a aportar mucho más que simplemente calidad. Hoy, sea cual sea la posición, se piden varias cosas a la vez: el lateral tiene que ser extremo, el central debe salir jugando, hasta el portero debe jugar con calidad la pelota con los pies… Aquellos que no lo consiguen, por carencias físicas, técnicas o tácticas, tienen difícil hacer carrera en la élite. Y en ese perfil podríamos hablar en el Madrid de Isco, Asensio o Brahim, pero también de Halilovic, Muniain, Verratti, Canales, Lo Celso, Coric, el propio Dybala y otros muchos grandes proyectos de medias puntas.

Para triunfar en la élite, a nivel Real Madrid, Kubo tendrá que reinventarse como en su día lo hizo Modric y como lo está haciendo Odegaard. Debe asumir que tiene que sumarle más conceptos a su juego, porque solo con su talento y una exquisita técnica no es suficiente para destacar. Ojo, hablamos de equipos Champions.

Modric lo entendió y se convirtió en uno de los mejores volantes del mundo; del extremo habilidoso del Dinamo de Zagreb al Balón de Oro que juega en el Madrid hubo un gran cambio. Tuvo que aprender a jugar cada vez más lejos del área, asumir obligaciones defensivas y, sobre todo, a sumarle a su juego enormes esfuerzos físicos, algo que se potenció en su paso por la Premier, donde correr o correr no es negociable.

Si Kubo asume ese aprendizaje como obligatorio y básico es posible que estemos ante uno de los jugadores top de los próximo diez años, de esos que se van a llevar muchas portadas y galardones, porque el japonés trae de serie argumentos que no se aprenden ni se pueden entrenar.

El Madrid, por esa errática política de fichajes en la que lleva años enredado, ha coleccionado varios futbolistas que están cortados por un mismo patrón, desde Isco, pasando por Asensio, Brahim, Odegaard, Soro, Miguel Baena —posiblemente el mayor talento de la cantera— y evidentemente el propio Take. Todos son mediapuntas talentosos que sufren tanto jugando de extremos, porque les falta espacio, como de volantes porque les falta el aire.

Veremos cómo soluciona este tetris Zidane, ya que su plantilla y las últimas apuestas millonarias del club (Hazard, Vinicius, Rodrygo, Jovic y Reinier), teniendo a Benzema como intocable, no conducen al equipo a un 4-4-2 sino más bien a un 4-3-3, el escenario táctico menos propicio para esa ristra de mediapuntas.

De momento, lo que sí sabemos, es que el japonés está creciendo, y que tanto futbolística como personalmente es muy maduro para su edad. Y ha entendido su rol en el Mallorca, pese a ser un equipo que no favorece su juego. Tiene muy claro cuáles son sus prioridades a los 19 años, con una actitud similar a la que tuvo Fede Valverde en el Deportivo o a la que está teniendo Odegaard en la Real.

La condición de extracomunitario de Kubo es posible que le aleje de la disciplina blanca, más si Calafat sigue inundando de brasileños la plantilla. Entre Militao, Rodrygo, Vinicius, Reinier y Kubo tendrá Zizou que escoger solo tres, así que todo apunta a una nueva cesión donde siga creciendo. Es posible y hasta probable que mientras dure ese Erasmus algún comunitario le adelante. Sin embargo, yo apostaría mi dinero a que en dos temporadas sólo tres de los Siete Magníficos (Isco, Asensio, Brahim, Odegaard, Soro, Miguel Baena y Take) seguirán en la disciplina blanca. Veremos si Kubo es uno de ellos.

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