La vida está llena de fronteras. Espaciales, psicológicas y temporales. Para cruzarlas basta con un pasaporte, un pensamiento o un momento. Uno se encuentra bien, se le sale la cadena mental y voltea su estado de ánimo de manera prácticamente imperceptible. Igualmente, hay una barrera difusa que separa lo viejo de lo vintage, lo que ya nadie quiere porque cansa de sólo verlo de lo que vuelve a ponerse de moda porque ha excedido su ciclo de vida, y a todos nos gustan las historias de superación, no digamos las de resurrección. 


Pueden ser coches, prendas de ropa, adornos, gafas de sol, cámaras de fotos, utensilios de cocina y hasta futbolistas. Un día todos piden su marcha por la necesidad de cambio inherente al ser humano, y de pronto, otro buen día, rezan para que conserven a ese símbolo del club, aunque haya que dejarle un bastón para jugar los minutos de la basura. Aquí sale a relucir un mero instinto de supervivencia: el sueño del tiempo inacabado, el que vive mientras ese jugador que vimos debutar todavía sigue contribuyendo a nuestra propia rutina.


En el Madrid es raro llegar a rebasar ese límite en el que una leyenda pasa de veterano a inmortal con las botas puestas. El último que acabó su carrera vestido de blanco, Mundial de Alemania aparte, fue Zidane, y lo hizo saludando a una mano con una camiseta de tirantes, en una de las pocas ocasiones en las que perdió la elegancia. 


El Bernabéu no ha vivido homenajes de despedida porque a todos les dan -o piden- el vaso de plástico para continuar la fiesta fuera. Pronto habrá que afrontar el futuro de dos jugadores a los que ya se les puede considerar viejos por edad, 35 y 34 años: Modric y Ramos. El físico del croata es más propio de un fútbol antiguo y aparenta sacarle más años al capitán, cuyo cuerpo parece cualquier cosa menos vetusto. 


No están lejos los días en los que se aluda continuamente a su fecha de nacimiento para pedir sangre nueva, pero son dos símbolos de la era dorada que podrían llegar a la zona vintage si renuncian a la manía canosa de muchas leyendas: querer cobrar más cuando jugarán menos. Los planes de pensiones para cinco generaciones se firman en otros continentes. 

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