Se nos está yendo la cabeza con la ola de protestas y campañas contra todo lo que se mueve: personas, actividades, empresas, alimentos, libros, discos, palabras, gallos… Nos vendría bien pararnos a reflexionar un poco y centrarnos en las cosas que realmente hay que cambiar y no en las gilipolleces derivadas del oxímoron “políticamente correcto”.

El primer problema que nos encontramos es que quienes las promueven no tienen la inteligencia suficiente para contextualizar, ni histórica, ni geográficamente. Esto trae consigo la imposibilidad de razonar y exponer ideas contrarias. Empezamos mal.

En mi opinión, para criticar algo lo primero que hay que hacer es conocerlo, y ese es un esfuerzo que los que propagan campañas estúpidas no están dispuestos a asumir. Mejor, porque no creo que tengan la capacidad tampoco en muchos de los casos.

En Un pez llamado Wanda el personaje cortito se defendía cuando comparaban su inteligencia con la de un primate;  

—Los monos no leen filosofía.

La réplica demoledora se puede aplicar a mucho ofendido moderno;

—Sí la leen, pero no la entienden.

Ser inquieto y curioso, tener ambición y ganas de cambiar las cosas injustas está muy bien. La clave es conocer nuestras posibilidades y límites. A mí me encantaría ganar el Nobel de Física, pero cuando suspendí esa asignatura en junio y aprobé de milagro raspado en septiembre tuve una revelación; eso no iba a pasar…

Conocer lo que puedes hacer y lo que no es una virtud, que no debe frenar motivaciones o sueños y sí evitar ridículos. Es una fina línea que actúa como filtro para destapar a genios y memos, desgraciadamente no a partes iguales.

Una persona que me enseñó y enseña mucho en el mundo profesional dice siempre que la máxima de “Querer es poder” no es verdadera. En realidad “Saber es poder”.

El movimiento se demuestra andando, no con discursos grandilocuentes, alaracas verbales o retórica tramposa. Estamos acostumbrados a escuchar afirmaciones categóricas a personas que ni por asomo las cumplen en su vida privada. Como dice a sus hijos Javier Cansado, esa fuente de infinita sabiduría carabanchelera: “No es lo que hago, es lo que digo”.

La hipocresía sí que tendría que ofender, no los conguitos.

Hay que ser muy atrevido/ignorante para ir por la vida dando consejos o pautas sobre lo que tienen que hacer o decir a los demás, aún más cuando no te lo piden. Más les valdría a semejantes mequetrefes escuchar más y hablar menos.

Ahora resulta que Lincoln era un racista y Churchill un fascista. No hay que leer a Cervantes porque es políticamente incorrecto y por ahí sí que no.

No existe un personaje literario que defienda más la opinión ajena y la libertad para expresarla que Don Alonso Quijano. Me pregunto si alguno de los instigadores de la campaña habrá leído el Discurso a los Cabreros de El Quijote.

Ya me contesto yo solo: NO.

Es difícil encontrar un alegato más certero sobre la libertad, la igualdad y el creciente esquilme de los recursos naturales causado por el hombre. Adjunto un pequeño extracto, aunque recomiendo fervientemente su lectura completa;

“Entonces se decoraban los concetos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia mezcládose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus proprios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quién fuese juzgado”.

Año 1605 amigos, ¿cómo os quedáis…?

El Quijote se censuró en el franquismo y ahora se pretende hacer lo mismo desde el progresismo. La vida da más vueltas que Neymar sufriendo una falta. Si tengo que elegir entre los tres me quedo con Don Miguel sin dudar.

Otra ocurrencia de iluminados es la de suprimir las notas en los colegios, que todos los alumnos aprueben y pasen de curso, aunque no den el nivel, para no dañar su autoestima.

—Ay, pobrecitos los niños burbuja…

Es una solución perfecta: igualar el nivel por abajo para que los estudiantes brillantes se diluyan en la mediocridad. El fondo del asunto es crear una masa manejable que no razone por sí misma y evitar los pensamientos críticos en los individuos más capaces.

Una más, las becas, que ahora se van a otorgar en función de las necesidades y a costa de eliminar las recibidas por la excelencia. En vez de una ayuda social, lo que conseguimos es cercenar por la raíz nuestro desarrollo como país. ¿Por qué tienen que ser alternativas?

Más filfas: los partidos de niños sin marcador, para fomentar la deportividad, el compañerismo y que lo importante no es ganar (ya no saben qué hacer para que triunfe Vinicius).

¿Y la cultura del esfuerzo para conseguir mejorar, y la superación de la frustración como acicate, dónde queda el aprendizaje del comportamiento adecuado en la victoria y en la derrota, compartiéndolas con el equipo? Eso da igual, mejor que los jóvenes se den de bruces con la vida real y se lleven los golpes que les hemos evitado todos juntos. Mucho mejor, donde va a parar.

Hay una auténtica pléyade de caraduras viviendo de la confrontación, acusando injustamente, destrozando carreras profesionales y creando debates absurdos donde no los hay, bajo el paraguas de lo políticamente correcto. Me pregunto a qué se dedicarán muchos de ellos y ellas si llegamos pronto, como espero y deseo, a la igualdad real entre géneros, razas y orientación sexual. No por sistemas de cuotas obligatorias, sino por meritocracia auténtica. Estoy convencido que en su fuero interno les aterra esa posibilidad, porque hay un auténtico negocio montado alrededor, como pasa en el nacionalismo catalán. Alargar el chicle les garantiza a muchos trabajar poquito y seguir viviendo como rufianes.

Un par de ejemplos. Existen informes oficiales de Ministerios sobre la influencia del patriarcado en el clima. Y también sobre las consecuencias respecto al género por el soterramiento de la M-30. Menos mal que en España no hay deuda y sobra el dinero, porque si no esto sería demencial.

Hace algún tiempo escuché una entrevista en la radio a una de las adalides del feminismo, que ha saltado de Twitter a articulista de prensa a golpe de chorrada. Daba auténtica pena escuchar cómo se expresaba. Se excusó un par de veces, cuando se quedó en blanco, con que había dormido mal. Sí Virginia Woolf, eso va a ser.

Pues va por el mundo perdonando la vida a los hombres de manera beligerante y condescendiente a partes iguales (no creo que me entienda, así que confirmo que es una crítica).

Sólo en el actual entorno de sublimación y exaltación de la idiotez, una persona con su bagaje cultural podría conseguir ser referente del feminismo. Lo triste es que haya tantas mujeres de pies a cabeza, inteligentes, cultas, que le dan sopas con honda en feminidad a este personaje y que son menos consideradas e incluso atacadas por no entrar en su rueda.

En el otro lado también tenemos donde elegir. Anualmente se celebra el Día de LA Familia; hombre y mujer heterosexuales, casados por la Iglesia, con hijos y/o hijas bautizados y vestidos iguales. Perfecto, pero eso representa sólo un tipo de familia. Tan respetable como las parejas de hecho, las del mismo sexo, las monoparentales, las parejas sin descendencia, etc. Mi favorito es el matrimonio de anchoas y boquerones en vinagre y es ninguneado también.

La discriminación positiva es lo que me viene bien a mí y la negativa la que no.

¿Tan difícil es respetar los gustos de los demás? A mí no me entusiasma el ballet, pero no se me ocurre tirar huevos a todo el que ande de puntillas e impedir la entrada al teatro a sus aficionados. Me limito a no ir yo, mi opinión NO IMPORTA al resto.

Se busca la viralidad por encima de la verdad, tanto en redes sociales como en los medios digitales sensacionalistas. Y es ahí donde encuentran su caldo de cultivo estos y estas mediocres que se dicen “influencers” para vivir diez veces mejor que sus acólitos. Se van tanto a la izquierda unos y a la derecha otros, que al final se salen de la pantalla y aparecen por el otro lado hasta confundirse, como en los juegos de ordenador de los ochenta. Los dos extremos llegan a las mismas conclusiones sectarias, fanáticas y siguen sin darse cuenta.

Ni qué decir tiene que el único camino posible es la igualdad absoluta entre hombres y mujeres y entre personas de cualquier raza o condición sexual. Es tan obvio que huelga la aclaración. Por eso creo que no podemos perder el tiempo con el maquillaje y tenemos que ir a lo nuclear, a lo realmente importante de las desigualdades.

Para eso elegimos a nuestros representantes y para eso se deberían postular ellos a obtener dicha representación de los ciudadanos. Les pagamos por trabajar para nosotros y resolver nuestros problemas. Basta con observar las limitaciones de muchas de estas personas para entender por qué no lo consiguen. Lo peor es que ni se intenta.

En el Manual del Ciudadano Correcto cada vez hay más prohibiciones y censuras, y es que va a ser imposible pasar el filtro de corrección impuesto por la Nueva Inquisición. Para admirar una obra de Picasso o una película de Woody Allen no es necesario que no tengan mácula en su vida personal, ni que me tenga que apetecer irme de cañas con ellos.

Separo la obra del artista, cada cosa en su espacio.

A ver cuántos de los nuevos McCarthys superan el listón de ejemplaridad que exigen a los demás si rascamos un poco. Es la doble moralidad de los mediocres que, como no son capaces de construir nada, se dedican a destruir el trabajo de los demás.

Entre las últimas entradas en el Manual están los Conguitos, Lo que el viento se llevó, Mark Twain, los mencionados Lincoln, Churchill o Cervantes, los sándwiches de Rodilla, las pizzas (van a hacer daño), los gallos violadores, que se añaden a los ya marcados Allen, Spacey, Louis C. K., la tauromaquia, comer carne, vestir con pieles a los clics pastorcillos, pintar de rosa los pollitos, o la última ocurrencia del PACMA: la denuncia por el trato vejatorio que sufren las sardinas espetadas… En esa organización, con las cañas, dan lametones a un sapo bufo en vez de comer croquetas. Es la única manera de encontrar explicación a alguno de sus desvaríos.

Tanto talante inclusivo va a acabar por excluir todo talento.

Luego pasamos al lado de una persona que está durmiendo en la calle entre cartones y aceleramos el paso, o bajamos el volumen de la radio que anuncia un atentado en Sierra Leona, con cientos de muertos, porque nos distrae para poner un tuit protesta sobre la falta de comida de las palomas durante el estado de alarma. O cambiamos rápido de canal cuando aparece un niño africano desnutrido entre moscas, no vaya a ser que el cabrón nos joda la paella.

Si nos preocupamos por el continente y el mal entendido buenismo moral y denostamos la verdadera LIBERTAD DE EXPRESIÓN, los contenidos artísticos profundos atrevidos y polémicos, aunque sean molestos, ¿qué nos queda? 

Los Javis y Leticia Dolera.

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