Dentro del maravilloso mundo de los movimientos reflejos, el reflejo condicionado es el que se aprende durante la vida a partir de diferentes experiencias. Por ejemplo. Si alguien ha sido burlado de manera traumática durante la infancia (gafotas, cara cráter…), es fácil que al sentir la burla en la edad adulta se le escape una lágrima o un guantazo. El movimiento reflejo condicionado es la única explicación al penalti de Olivera sobre Carvajal, fundamental en la victoria del Real Madrid sobre el Getafe, y probablemente, clave en la resolución del campeonato. Olivera se sintió burlado (argentino, blandito) y soltó la pierna.

Resulta extraño que un uruguayo cometa un error semejante, pues no hay constancia del nacimiento de pardillos en Uruguay. Aunque tal vez lo que perdió a Olivera no fue la inocencia, sino todo lo contrario, el instinto asesino. Ya saben: pasa el balón, pero no el jugador. Disparen primero, pregunten después. En tal estado de enajenación competitiva, el penalti sólo se le hizo presente cuando el árbitro pitó la pena. No se puede afirmar que el Madrid no hubiera ganado de otro modo, pero el Getafe merecía comprobarlo.

Sobre el gol de Ramos me voy extender poco porque los penaltis que se marcan no son noticia (Panenka al margen), salvo que se tiren 19 consecutivos sin fallo. Por cierto, Soria reconoció que tardó en reaccionar por temor a la burla del panenkazo. Intimida que algo queda.

En ese instante (78’) finalizó un partido que el Getafe tenía ganado a los puntos y que estaba haciendo daño a la credibilidad del Real Madrid y a su desbordante confianza. La presión desarmaba al líder y Courtois evitaba la tragedia. Tenía que suceder algo extraordinario para que cambiara el viento o para que empezara a soplar. Y sucedió. Apareció Olvera, uruguayo durante los últimos 22 años pero sin nacionalidad durante apenas tres segundos. Por mucho menos, Kevin Roldán le dio una Liga al Barcelona.

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