Y ocurrió, y fue un motivo más para que no seamos un país del todo querido por los holandeses. Es imposible olvidar ese momento en el que Andrés Iniesta, a falta de cuatro minutos para el final de la prórroga, dio a España su primer Mundial. El gol más importante de la historia del fútbol español, un gol que ya es tan inmortal como el minuto exacto en el que tuvo lugar: el 116.

Han pasado 10 años desde ese 11 de julio de 2010, una fecha única e inolvidable. Seguro que todo el mundo recuerda dónde y con quién estaba. Hay cosas por las que merece la pena esperar toda una vida y ese minuto 116 fue un regalo que costará volver a recibir. Los mejores regalos son los que quedan en el recuerdo.

Dicen que ese gol cambió España y parece que a muchos españoles. ¿Es posible que el futbol cambie un país? Ahora, después de 10 años, cuesta responder a esa pregunta, pero meses después del Mundial todo parecía distinto. De hecho, se hizo un estudio de “perspectivas de consumo” que mostraba una serie de datos muy curiosos provocados por la victoria de España en el Mundial. Parece que los españoles se consideraban más optimistas: un 63% declaraba haber mejorado su visión de futuro. “Yo también puedo alcanzar mis metas y no quedarme en cuartos”. Otro dato interesante trasladaba que, a pesar de nuestras discrepancias, los españoles nos sentíamos más unidos: un 71% estaban más orgullosos de su país, además de que nuestra reputación en el extranjero había mejorado considerablemente. Una pena todo lo perdido en estos años, pero esa es otra historia.

El Mundial no fue fácil, mucho se criticó tras los primeros partidos. La realidad es que a la Selección española le costó coger ritmo y, sobre todo, puntería. El gol es en el fútbol ese beso apasionado de toda relación. Se puede vivir sin él, pero es seguro que no llegarás muy lejos. Los goles fueron llegando, pocos, todo sea dicho, pero tan apasionados que se convirtieron en un tsunami de ilusión y confianza que Portugal, Paraguay, Alemania y finalmente Holanda no supieron evitar. Jugamos bien y empujamos más que nadie para salir campeones.

Dicen que fueron 23 los protagonistas: Iker Casillas, Raúl Albiol, Gerard Piqué, Carlos Marchena, Carles Puyol, Andrés Iniesta, David Villa, Xavi Hernández, Fernando Torres, Cesc Fàbregas, Joan Capdevila, Víctor Valdés, Juan Mata, Xabi Alonso, Sergio Ramos, Sergio Busquets, Álvaro Arbeloa, Pedro Rodríguez, Fernando Llorente, Javi Martínez, David Silva, Jesús Navas y José Manuel Reina. Pero se repartió entre mucha más gente. Por supuesto Vicente del Bosque y todo su cuerpo técnico, pero también médicos, utileros, prensa, marketing y hasta los patrocinadores. Todos ellos fueron campeones. Esa “otra Selección” de la que tan poco se habla y que es indispensable para que lleguen estos éxitos. Todos fueron campeones, pero para mí hubo uno que sobresalió sobre el resto; el seleccionador, Vicente del Bosque.

Me cuesta entender que todavía haya gente que le quite méritos regalándoselos a Luis Aragonés. Es cierto que el madrileño fue precursor de esta selección y que Vicente del Bosque se apoyó en una base importante de su trabajo, nunca lo escondió, pero estoy convencido de que sin el salmantino no seríamos campeones. Es un argumento poco científico, pero estoy seguro de ello. Supongo será necesario recordar que más del 40% de los seleccionados no habían sido campeones en el 2008, que con él llegaron jugadores tan importantes para el equipo como Busquets y Piqué y que supo confeccionar un centro del campo totalmente nuevo e inesperado que nos dio solidez y fue clave para el éxito. Es fácil verlo ahora desde la distancia, pero sería bueno recordar el partido ante Suiza y sus días posteriores.

Su papel fue fundamental. Ese liderazgo tranquilo, ese ejemplo constante, su capacidad de hacer equipo, el respeto a los galones dentro del grupo, su talento y experiencia en entender lo que necesitaba el equipo en cada momento, su poco afán de protagonismo en la victoria y, a su vez, su protagonismo absoluto en la derrota buscando quitar presión al equipo. Parece fácil, pero qué pocos lo hacen. El genio de una lámpara maravillosa al que no le gusta salir y que prefiera estar dentro para que nos fijemos en otros tesoros, según él, más merecedores de nuestros halagos. Quitarle protagonismo es una falta de respeto. Algo injusto y malintencionado.

Muchas cosas pasaron en ese Mundial de Sudáfrica que hoy están en el recuerdo de todos. Quién no se acuerda del pulpo Paul, Shakira y su waka-waka o el beso de Casillas. Cómo olvidar los millones de personas en la calle o al Empire State vestido con los colores de la bandera de España. Sí, fue un regalo que cumple 10 años y, déjenme insistir, también el éxito de una persona única que representa el éxito de la naturalidad y el sentido común. Alguien al que debemos recordar y reconocer. El 116 es el minuto en el que nos convertimos en campeones, ese minuto que marcó la diferencia entre ser uno más y ser el mejor.

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