En esta ocasión, las ligas europeas empezaran más o menos a la vez que los colegios en España, poco después de iniciarse septiembre. En los días donde no había otra manera de comunicarse que por carta o por teléfono fijo, el primer día de clase era el día de las sorpresas: Quién ha cambiado de colegio, quién repite curso y quiénes son los nuevos. En el fútbol, los que repiten curso bajan un escalón y en la Premier ya sabemos quiénes son: Norwich, Watford y Bournemouth. Los nuevos son Leeds, West Brom y un tercero aún por decidir.

El West Bromwich Albion es el menos nuevo, como un alumno que vuelve al colegio. Se había ido de la ciudad un par de años y ya está aquí otra vez. Su entrenador, Slavan Bilic, es de sobra conocido. Fue jugador del Everton y West Ham y entrenador de este último. Sus jugadores son una colección de legionarios expertos que han disputado ya varios partidos en la máxima categoría, siempre en equipos peleando por la permanencia. En su caso, no era un alumno al que se echase de menos, y si no caía antipático provocaba indiferencia. El equipo está demasiado visto, lleva mucho tiempo haciendo el yo-yo, subiendo y bajando, sin ofrecer nada espectacular en su juego; es simplemente ese equipo rocoso al que ves sólo si el rival sí es interesante. Su presencia recupera el derby con el Wolves, y sin duda alguna la televisión a la que le toque el partido hará lo posible por vestir de importante el llamado Black Country Derby, por la región del oeste de Birmingham que ambos clubes ocupan y cuyo nombre viene del hollín de las fábricas que surgieron en la región al inicio de la Revolución Industrial. Debía ser un área preciosa en aquel entonces.

Mucho más apetecible es, en principio, el Leeds de Marcelo Bielsa, aunque quizá eso sea mucho decir. El Leeds es el segundo equipo en las antipatías del público inglés, solo superado por el Manchester United, club que tiene que estar el primero de todas las listas. La antipatía por el Leeds United existe desde los años 70 por el juego brusco, siempre al límite del reglamento, y efectivo como pocos, instaurado por Don Revie. Si en lugar de ser un club ingles hubiese sido argentino, le llamarían “canchero” sin la menor de las dudas.

Ha sido precisamente a través de un argentino, Marcelo Bielsa, cuando el Leeds United ha recuperado parte del afecto de los neutrales. Queda por ver si los aficionados le consideran el chulo del instituto o el malote reformado. La forma de ver el futbol y de comportarse de Bielsa ha sido aire fresco para su club y para los espectadores. Sin apenas cambios en la plantilla, pasaron de ser decimoterceros y anónimos en el campeonato anterior a su llegada, a ser terceros y ahora campeones. A Bielsa se le señala que sus equipos acaban la temporada en claro declive. Esta temporada, el paréntesis del Covid-19 le ha podido venir bien, pero siempre ha ido en cabeza con suficiente ventaja sobre el resto. Nada hace pensar que no hubieran ascendido.

Si Bielsa siguiera en el equipo —aun no hay rumores de marcha, pero su historia está llena de desapariciones— habría que ver si su modelo se ajusta a la Premier League, donde sus rivales deberían ser capaces de evitar sus trampas tácticas con más facilidad. En cualquier caso van a necesitar un 9 más letal que Bamford y un portero superior a Casilla, muy señalado por su sanción por insultos racistas y la falta de arrepentimiento posterior.

El tercer nuevo saldrá del play-off. Parece que no será el Cardiff, derrotado 0-2 por el Fulham en la ida de su eliminatoria. El Fulham volvería aún más rápido que el West Brom, pero sería mejor acogido. Su estadio, de singular arquitectura y situado junto al Támesis en uno de los mejores barrios de la ciudad hace que las aficiones visitantes le consideren uno de sus desplazamientos favoritos. Scott Parker, exjugador del equipo y de casi todo Londres (Charlton, Chelsea, Tottenham y West Ham) se hizo cargo del equipo cuando ya estaba descendido la temporada pasada. Intenta hacer un juego elaborado y cree en la certeza de Mitrovic de cara al gol, el delantero serbio que hace a Jovic suplente en su selección. Dentro de un equipo tan amable, Mitrovic es el jugador capaz de soltar un codo de la manera menos pensada y dejar a su equipo con 10.

El Brentford es uno de los pocos rivales del Fulham, aunque su rivalidad sea de las menos conocidas de la ciudad. Algún aficionado ha dicho que mejor perder la semifinal que la final contra su rival de Londres, y probablemente valga el mismo comentario para los equipos galeses. El Swansea, dirigido por el seleccionador inglés que moldeó en las categorías inferiores a la generación de Sancho y Foden, ha vuelto a recuperar el gusto por el fútbol que le llevó a la Premier y cuya pérdida le acercó irremediablemente al descenso. Se impusieron 1-0 en la ida al Brentford, que, como Lloyd Bridges en Aterriza como puedas, eligió un mal día para perder tres partidos seguidos, un mal día para que la delantera dejase de marcar goles, un mal día para perder la frescura en su juego y un mal día para empezar a dudar.

El Brentford era la historia Disney del año. A punto de mudarse a un nuevo estadio, su futbol ofensivo y valiente llamaba la atención y su delantera, la BMW, malditos acrónimos —el argelino Benrahma, una versión menor de Mahrez, el francés Mbeumo y el inglés Watkins—, les hizo el equipo más goleador de la liga. Todo ello hacía al club el equipo de los neutrales. Su portero, el español David Raya, parece estar en la agenda de varios clubes de la Premier. Con o sin sus compañeros, parece que ese será su destino (también el de Benrahma y Watkins).

Teniendo en cuenta que el equipo es llamado “the bees” (las abejas), presentes en su escudo, cabría esperar que vistiera negro y algún tono amarillo, pero sus colores son los del Athletic de Bilbao. El apodo es totalmente casual, cuando un aficionado grito en apoyo al equipo “Buck up the Bs!” siendo la pronunciación de la letra B la misma que la de la abeja. Si finalmente se convierten en el tercer nuevo de la clase, habrá que indagar en la historia de este semidesconocido club. Su llegada la elite será tan sorprendente para el aficionado español como las del Leganés o el Éibar para el británico.

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