Cuando se hizo oficial el fichaje de Marcos Llorente por el Atlético de Madrid muchos pensamos que los del Manzanares estaban haciendo un grandísimo fichaje. Se trataba de un futbolista que ya había demostrado en Vitoria, con apenas 22 años, lo que podía ofrecer en el contexto adecuado. Marcos, como mediocentro defensivo, había competido a la altura de casi cualquier otro mediocentro de la Liga española.

Viendo el nivel ofrecido, el Madrid lo recuperó. Sin embargo, el hecho de que Zidane tuviera a Casemiro como indispensable e insustituible redujo sus oportunidades hasta convertirlo en el tercer jugador menos utilizado de la plantilla en Liga. Al año siguiente, con Lopetegui a los mandos, la cosa no le fue mejor, aunque con el cambio de entrenador y la llegada de Solari todo cambió. El argentino le dio la titularidad y Marcos volvió a demostrar que no solo era jugador para el Madrid, sino que su dinamismo, su fuerza, y su calidad podían ser argumentos útiles e interesantes en una plantilla que necesitaba activarse y rejuvenecerse. La vuelta de Zidane le condenó de nuevo a galeras y le abrió la puerta de salida.

Del Atleti se habían ido jugadores como Gabi, Godín, Juanfran o Filipe Luis, futbolistas sin duda de clase, pero fundamentalmente futbolistas trabajadores, obreros especializados como lo siguen siendo Koke, Costa o Saúl. En cada caso se trata de perfiles que se acoplan perfectamente a la idea de Simeone, una filosofía en extinción en el fútbol moderno, acostumbrado a que los egos sean más grandes que el fútbol que los sustenta.

La idea del Cholo va más allá del fútbol: tiene más que ver con la identificación. Sus jugadores tienen que disfrutar presionando, despejando balones o matándose a correr mientras el rival toca y juega con la pelota, aunque ese rival sea técnicamente inferior. Por eso hay una lista de grandes futbolistas que no triunfan con Simeone o que, como le está pasando a Joao Félix, se sienten ajenos a lo que sucede a su alrededor. A la hora de correr, trabajar, presionar y ser disciplinado, Simeone no ha tenido que convencer a Marcos; lo lleva de serie.

Tácticamente, situarle dentro del once rojiblanco tenía su miga. Llorente disfruta defendiendo, algo imprescindible en el fútbol actual y sobre todo en el fútbol cholista. Tiene físico para dominar y una técnica de robo altísima, pero para un equipo que intenta contraatacar y circular rápido el balón, Llorente tiene problemas como eje.

Como ya expliqué en otro artículo, jugando delante de los centrales, el exceso de conducción de Marcos Llorente ralentiza el juego, volviéndolo demasiado horizontal. Además, su tendencia a no perder y asegurar la posesión del balón le genera su principal problema: negar pases. Todo pase que implique riesgo de pérdida, no lo ejecuta. Tengo clarísimo que no es por una limitación técnica, porque tanto en juveniles como en el Castilla los realizaba. Tengo para mí que en Vitoria se autoconvenció (o le convencieron) del costo de la pérdida en su posición y el futbolista disciplinado que es lo llevó al límite; por eso es raro ver a Llorente cambiar de orientación por encima de los rivales. Lo más frecuente es que conduzca y la suelte en corto, porque él se siente poderoso en la conducción. Es ahí donde Simeone ha visto su potencial y Zidane pecó de ceguera.

El Cholo no solo ha visto en Llorente un volante poderoso de ida y vuelta al estilo de Valverde en el Madrid, sino que ha ido un paso más adelante y le ha colocado como segunda punta aprovechando su capacidad de trabajo, su velocidad y, sobre todo, su primer control orientado y su golpeo del balón, tal y como demostró en Anfield.

Tras el parón, ha dejado de ser noticia que él esté implicado en la mayoría de los goles del Atleti. Marcos da presión a los defensas, robo, trabajo, velocidad, físico para el desgaste y una más que apreciable llegada al área, donde suma asistencias y goles a un ritmo de crack absoluto.

Me parece excesivo y precipitado hablar de Llorente como de un posible gran segunda punta por los pocos partidos en los que ha jugado en esa posición. Es más, creo que esa no será nunca su posición ideal. Pero de momento la realidad es la que es. Con partidos cada tres días, me parece una opción fantástica aprovechar su potencia, fuerza, conducción y presión para castigar fisicamente a los rivales, más aún si le suma asistencias y goles.

Desconozco si el Cholo se lo ha encontrado o lo está fabricando, pero lo evidente es que Llorente es un jugador excelente tanto defendiendo como atacando. Un jugador muy completo, que siempre demostró, cuando le dejaron, que podía ser muy útil, algo que ya había dejado ver tanto en el Alavés como en la etapa con Solari.

Lo que Zidane no supo ver en tres temporadas, Simeone lo ha descubierto en unos meses. Ya sabemos que no hay mejor educador que el que cree en sus alumnos. Y la lista de jugadores en los que no cree Zidane es larga: James, Bale, Militao, Jovic, Brahim, Mariano, Odriozola, Achraf, Ceballos, Kovacic, Diego Llorente, Oscar, Raúl de Tomás, Lunin, Hermoso, Odegaard… De hecho, los blancos siguen jugando en el once titular con siete de los jugadores que ganaron la Champions con Ancelotti en la temporada 2013-14. Son las cosas de Zidane y hay que aceptarlo tal cómo es. 

Marcos Llorente parece que ha encontrado su lugar en el mundo. Su lenta aclimatación al estilo Simeone y sus suplencias en el primer tramo de la temporada hicieron dudar a muchos de su verdadera valía, pero ni él ni el Cholo dudaron. Los dos sabían que podía ser un jugador muy útil y lo han demostrado cuando llegado el momento respondiendo cada uno a la confianza del otro.

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