No pueden evitar sonreír cada vez que escuchan a algún transeúnte quejarse de la “distancia social de metro y medio” para evitar los contagios por coronavirus. Muchos piensan que es imposible relacionarse con tanto espacio entre medias. Ellos, sin embargo, llevan 234 años compartiendo vivencias y confidencias a 550 metros de distancia, con el Paseo del Prado y el peso de la Historia de por medio.

La rivalidad entre Real Madrid y el Atlético de Madrid les ha convertido, de cara a la sociedad, en enemigos íntimos, pero lo cierto es que llevan siendo compañeros de batallas desde 1786, cuando ni el fútbol, ni los automóviles se habían inventado. En aquella época, por tanto, había mucho menos ruido, y las conversaciones entre ellos eran más sencillas. Es verdad que ningún mortal puede hablar a medio kilómetro de distancia, pero ellos sí: para algo son dioses.

Los piques, eso sí, comenzaron desde el minuto 1 de su convivencia, más de un siglo antes de que el fútbol llegara a sus vidas. Ella siempre ha presumido de llegar cuatro años antes a la ciudad y de tener la Puerta de Alcalá a tiro de piedra. También se ríe al recordar que fue la primera elección de los colchoneros para sus celebraciones, una broma que no siempre le hace gracia a él.

Efectivamente, el Atleti festejaba sus títulos en Cibeles desde 1962, pero todo cambió en 1986. Ese año La Quinta del Buitre quiso compartir con la diosa la primera de cinco ligas consecutivas de esa generación dorada, que convirtió en tradición, durante un lustro seguido, sus visitas a la diosa. Eso fue demasiado para los atléticos que, tras conquistar la Liga de 1991, decidieron celebrarla en Neptuno.

Desde entonces, cronistas, aficionados y turistas les retratan como rivales sin saber la relación tan especial que existe entre ellos. A él le encanta que ella sea tan presumida, tan orgullosa y, a la vez, tan cabezota: si algo se le pone entre ceja y ceja lo acaba consiguiendo, ya que nunca se rinde. Ella se pasa horas escuchándole hablar: no puede resistirse a su carácter bohemio, a las historias de esfuerzo y superación que siempre le cuenta con tanta pasión.

Sus charlas, claro, son a altas horas de la madrugada: cuando nadie les ve ni les oye. Estos últimos meses, sin embargo, han podido hablar mucho más, aunque les hubiera gustado tener otra razón para hacerlo. El confinamiento de toda la ciudad, una de las capitales de la pandemia mundial, dejó a las calles sin testigos de sus largas conversaciones. Y en una de ellas, cuando ya empezaba el calor y se hablaba ya del regreso del fútbol, los dos se prometieron un brindis en pleno mes de agosto: ella alzaría la copa de la Liga y él la de la Champions, y así toda una ciudad volvería a sonreír después de tantos malos ratos.

Ese brindis, de hecho, ya lo hicieron hace apenas seis años, cuando el Atleti ganó la Liga en el Camp Nou y, apenas una semana después, el Madrid ganó su décima copa de Europa precisamente ante los colchoneros. Aquel 24 de mayo de 2014, Neptuno se preparaba para volver a recibir a los suyos después de conquistar su primera Orejona y nada menos que ante el eterno rival. Ramos, sin embargo, cambió la historia. Fue una noche agitada para los dos dioses de la capital, no exenta, incluso, de algún enfado. No obstante, cuando ya rayaba el alba, ambos brindaron. Con las mismas copas que esperan levantar este verano, aunque cada uno con la que alzaba el otro hace seis años.

En estos últimos días, en los que el Madrid está prácticamente sentenciando La Liga, han vuelto las pullitas futboleras entre ellos. Él le echa en cara la de penaltis que le están pitando a los merengues, y ella le responde interrogándole sobre cuáles de esas penas máximas no deberían haber sido sancionadas. Además, le avisa de que el Madrid puede dar la sorpresa contra el City y que, si es así, que se ande con cuidado el Atleti, que la final se vuelve a jugar en Lisboa…

A ambos les encantan esos debates futboleros, y también escuchar al otro dando argumentos sobre por qué deberían ganar sus equipos los títulos en juego. Cibeles insiste que esta “Liga del bicho” debería ser “la primera del Madrid sin El Bicho”. Neptuno lleva desde marzo diciendo que, tras la gesta de Anfield Road, esta Champions debe ser del Atleti: “Va a ser la nuestra. Es tan especial que solo la podemos ganar nosotros, como cuando fuimos campeones del mundo sin serlo de Europa, en el 74”.

En el fondo, los dos se encuentran en un importante debate interno: los colores tiran mucho y es difícil aceptar aquel brindis sellado en secreto en plena pandemia. Pero, por la felicidad del otro, y la de tantos madrileños que están ganando el partido de sus vidas, tampoco pueden evitar, en estos días, ir, “solo un poquito”, con el eterno rival, para que ese choque de copas se haga realidad. Ambos lo saben desde hace siglos, pero son incapaces de decirlo: son inseparables, y su único deseo es estar siempre juntos. A pesar de los 550 metros de distancia, y de todo lo demás.

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