Por escribir que el penalti contra el Alavés no me parece claro me han llamado de todo en Twitter. De todo, menos ciego. La mayoría de las imprecaciones dan por hecho que yo miento, que soy un conspirador, un antimadridista, un necio, un sodomita, un provocador malintencionado, un “culerdo” y otras lindezas. Por decir que el penalti no me parecía suficiente me han preguntado con burla si hay embarazos insuficientes y son varios los que han concluido, a partir de mi comentario, que para pitar un penalti a favor del Real Madrid es necesario que rompan la pierna del delantero. Alguien me ha llegado a decir que no descalifica quien insulta, sino quien expresa una opinión sin sentido. Goebbles hubiera estado muy de acuerdo con él. Otro me remitió la siguiente cita: “Si es ‘tu verdad’ y no tienes ninguna evidencia que la respalde, no es la verdad, son tus sentimientos. Y los hechos no se preocupan por tus sentimientos”. La frase, lo he buscado con interés, pertenece a Ben Shapiro, un abogado conservador de 36 años que practica el judaísmo ultraortodoxo.

Es muy posible que fuera penalti; lo único que mantengo es que también existe la mínima posibilidad de que el contacto resultara insuficiente, porque los penaltis, tal y como yo los entiendo, deben ser rotundos, no aproximados, razón por la cual no consideré penalti el pisotón de Ramos a Raúl García.

Ahora bien. Es fácil que mi opinión se vea condicionada por el desagrado que me produce que los últimos partidos del Madrid hayan tenido como protagonistas a los árbitros. Y no es una fobia antimadridista, como creen los soldaditos imperiales, tan obedientes, sino justo lo contrario. Como socio que fui y simpatizante que sigo siendo (ya sin pasión) odio que los árbitros den argumentos a los que sospechan siempre, tengan o no tengan razones. Estoy convencido de que el Real Madrid hubiera ganado el campeonato sin ese rosario de penaltis en las últimas jornadas. Por eso me joden. Porque me gustaría que no existieran interferencias y que no estuviéramos discutiendo esto, sino elogiando la capacidad de Zidane para mantener al equipo atento y comprometido.

El Real Madrid también habría vencido al Alavés sin el penalti a Mendy. Lo habría hecho, quizá, con mayor heroísmo, más exigido por el marcador, pero con la misma paz en los últimos finales. Hay demasiada diferencia como para imaginar otra cosa. De talento y de concentración. También de inercias. Otra cuestión es que ganar sea lo único importante. Defender los colores, insultar a los capciosos, proclamar la verdad única, convertir el fútbol en razón de vida y muerte. En ese caso, tiene razón ese amable tuitero: yo sólo soy medio poeta con voz de maricón.

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