Mayo soleado y junio lluvioso no es el comienzo de un refrán, es simplemente el reflejo del cambiante tiempo de las islas británicas, impredecible y caprichoso como pocas cosas. Precisamente en el día marcado en rojo para la fiesta del futbol británico, las nubes decidieron hacer acto de presencia sobre Wembley y descargar todo su contenido a lo largo del encuentro. Primero fue una tibia granizada, rápida y directa, que no dañó lo suficiente al campo. Una vez terminados los himnos (Flor de Escocia para los visitantes, y el de todos los británicos para los ingleses, aun huérfanos de su himno particular), comenzó a llover, sin parar, hasta que el árbitro asistente comunicaba 2 minutos de prolongación sobre los 90.

Entre medias hubo un partido que comentar. Se esperaba un clásico que recordar, como el de hace 24 años, adornado por un gol excepcional de Gascoigne y la celebración de la “silla del dentista”, tras un escándalo mediático previo al torneo. Los jugadores de la selección habían sido cazados en un juego que consiste en sentarse en una silla con la boca bien abierta y que los compañeros vacíen en ella botellas de alcohol. El partido de hoy, condicionado por el tiempo, también formará parte del folklore del futbol de las islas, aunque fue un choque diferente. Inicialmente, Escocia se sintió más cómoda con la lluvia. El campo no estaba pesado, pero Inglaterra quería jugar en corto mientras los escoceses defendían y buscaban alguna contra. El partido transcurría con emoción, más en las gradas que en el césped, donde miles de aficionados lucían desinhibidos sus tripas cerveceras, como siempre, “come rain or shine”, llueva o haga sol.

Con el campo mojado y rápido, controlar el balón era complicado. Más aún lo era controlar la fuerza de las entradas, tradicionalmente fuertes en las islas. En una de esas acciones, Henderson hizo falta sobre Robertson, su compañero en el Liverpool. El árbitro entendió que no había mala fe y la acción se solucionó sin tarjeta. Robertson fue el encargado de ejecutar la falta, rasa, pasando junto a la barrera, y aprovechando la velocidad que el balón cogía en el roce con el césped, como una piedra plana que salta en el mar si se lanza bien. El último bote fue cerca de Pickford, que en cualquier caso llegaba tarde. El balón entró rápido y junto al palo para darle a Escocia el 0-1. De pronto, Escocia se encontraba ante un territorio novedoso: no ir ganando en Wembley, cosa que han logrado en repetidas ocasiones, hasta el punto de autoproclamarse campeones del mundo oficiosos en 1967 y clasificarse para la segunda ronda de un torneo. Incrédulos, los aficionados escoceses se preguntaban cómo lograría su selección evitar tal triunfo y mantener así una larga tradición de desencantos.

Digamos en su defensa que hicieron todo lo posible. Parapetados en su campo, defendiendo su área como si fueran el batallón de William Wallace, Escocia se defendía de la continua invasión de Inglaterra, torpe en casi todas sus acciones, falto de un guía en el centro del campo y de espacios por los que inquietar a la defensa rival. Como no podía ser de otra forma, una jugada a balón parado resolvería los problemas más graves: un córner bien sacado por Alexander-Arndold fue rematado con todo por Maguire. El 1-1 era un alivio para los ingleses y una alegría para los escoceses, que prácticamente ya celebran otro titulo oficioso y complican sus opciones de caer eliminados a las primeras de cambio.

Mientras los ojos de Glasgow estaban en Wembley, algunos aficionados escoceses acudieron al encuentro entre Chequia y Croacia que se disputaba en su ciudad dentro del mismo grupo. El partido fue bueno, disputado y dominado claramente por una selección croata con las ideas claras. Rakitic y Modric, sabedores de que este podría ser su último gran torneo, pusieron todo su talento al servicio de su equipo, mientras Perisic ponía trabajo y mordiente en el ataque. Una de sus acciones acabó en el gol de Mandzukic, tras un mal despeje de un defensor checo.

Croacia jugaba con facilidad y sin notar peligro alguno en los ataques de su rival. Modric no había jugado tan cómodo y libre ni en los entrenamientos, y, junto a Rakitic, se dispusieron a ofrecer una conferencia sobre la ejecución del pase a cualquier distancia. Perisic fue el agradecido receptor de uno de esos pases, en esta ocasión, filtrado entre el central y lateral zurdos, sin que Vaclik, el portero del Sevilla, pudiese evitar el 2-0 en un remate picado ante su salida.

Pata terminar el día de las islas británicas, Dublín acogía a Suecia y Bosnia dentro del grupo de España. Derrotados ambos en la primera jornada, el partido podría sellar el pasaporte de uno de los dos, incluso de ambos si empatasen, para iniciar el viaje de regreso. Como ocurre en estos partidos, la cautela del miedo a perder se impone al valor del premio que ofrece la victoria, haciendo transcurrir los minutos hasta que nada quede por guardar, y el partido se convierte en un alocado sprint de, como máximo, 20 minutos.

No se sorprenderán, por tanto, al conocer que al minuto 70 se llega con 0-0, momento en el que ambos entrenadores se dan cuenta de que cuidar el punto ya no tiene sentido. Suecia introduce a Berg y Bosnia a Visca, jugador que debería jugar en el Barcelona. Además de introducir jugadores de ataque, ambas selecciones introducen intenciones, aunque algo tarde. El 0-0 se acecha sobre ambas a la espera de la llegada del séptimo de caballería. Lo que llegó fue la calidad técnica de un jugador como Pjanic, faro de su equipo, para crear las dos mejores —quizá únicas— ocasiones de gol del día. Dzeko convirtió una de ellas, en el minuto 86. Suecia aún puede clasificarse, ganado a Polonia y buscando un triple empate que le coloque en la segunda posición del grupo o como uno de los mejores terceros.

Clasificaciones

Grupo D

  Pts. GF GC
Escocia 4 2 1
Inglaterra 4 2 1
Croacia 3 2 1
Chequia 0 0 3

Grupo E

  Pts. GF GC
España 3 3 1
Polonia 3 2 0
Bosnia 3 1 2
Suecia 0 1 4

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