El límite estaba aquí; la Selección ya no daba para más. Comentábamos días atrás que donde había un Casillas hay un portero un poco peor, que Ramos es una versión rebajada del jugador que fue, que su compañero en el centro de la defensa ya no es el mejor Piqué que se recuerde, que la delantera ya no tiene el gol de Villa y ni siquiera el de Torres, y en el centro del campo, aunque hay talento, lo que hubo es difícil de sustituir. España ha completado una Eurocopa con dos victorias, en casa y ante Suecia y Bosnia, un empate con Croacia y derrota ante Polonia también en Bilbao. La última y definitiva llegaría en San Petersburgo, como si perder en Rusia, de nuevo, fuese una especie de mensaje.

España quiso pero no pudo. Alemania pudo… y quiso, aunque no necesitó querer demasiado. Cuando quedó claro que, una vez más, España tenía el balón pero no generaba peligro, Alemania buscó sus momentos en el partido para hacerse con la victoria. Una internada en el área de Gnabry con pase hacia el punto de penalti, donde esperaba Werner, daría el 1-0. El segundo gol fue como un viaje al pasado: Kroos lanza una falta lateral y Goretzka marca de cabeza, como en la época en la que Alemania nos acomplejaba.

España recortaría distancias en el descuento. Un buen centro de Asensio cabeceado por Morata para al menos maquillar el resultado final y disfrazarlo de partido ajustado. Habrá que esperar la evolución de un equipo posiblemente sin Ramos, buscando un nuevo líder, y ver hasta dónde nos pueden llevar los jugadores que han triunfado en la última Selección sub-21, como Ceballos, Fornals o Fabián.

Si no presto más atención al adiós de España no es por mal perder sino porque el encuentro entre Italia y Bélgica, disputado en Múnich, merece todo el espacio que se le pueda ofrecer. Fue uno de esos partidos que no querríamos que acabasen nunca y donde los 120 minutos se hacen cortos. Sí, hubo prorroga porque belgas e italianos acabaron los 90 minutos sin resolver quién jugaría contra Alemania. Bélgica ponía sobre el césped a los mejores jugadores, algo que pocas veces habrá podido decir enfrentándose a los azzurri. Estos, por su parte, ponían el conocimiento del camino del triunfo, cuatro Mundiales y una Eurocopa, algo que prácticamente nadie puede superar.

Si decíamos que España ya no tiene a sus mejores centrales, la defensa de Italia tampoco es al de otras épocas. El equipo de Mancini tiene talento ofensivo y buscó el gol tanto como sus rivales. Primero lo encontró Zaniolo tras regatear a Vertoghen, algo lento, y batir a Courtois desde la frontal del área y por bajo. A su gol respondió De Bruyne, de falta directa. Donnarumma vio entrar el balón por la escudara y no quiso estropear la acción. Así se llegó al descanso y así acabó el partido, con 1-1 y con muchas acciones de peligro en ambas áreas.

Las prórrogas sueles ser temidas y, sin embargo, a veces, elevan el partido aún más. Con el cansancio del esfuerzo físico y mental y el calor del mes de julio, el césped ofrecía espacios y oportunidades. De Bruyne y Hazard combinaron en la zona de medios y dejaron a Lukaku solo ante Donnarumma. El delantero del Inter golpeó seco desde el punto de penalti. Bélgica se veía con un pie en semifinales cuando una incursión de Carrasco en el área acabó en falta, un tanto absurda, de Bonucci. De Bruyne pondría el 3-1. Italia quiso meterle prisa al partido y nada más sacar de centro Immobile forzó una falta de Meunier, convertida de libre directo por Jorginho. Courtois llegó a tocar el balón, peor el tiro fue tan certero como el 1-1 que ya parecía tan lejano.

Con 15 minutos por delante Italia aun creía en la remontada final y por qué no. Immobile remató un córner al primer palo anticipándose a Kompany para igualar a tres. Con ocho minutos por delante, Hazard perdió un balón en la zona central que permitió a Italia una contra rápida en 3 para 1: Zaniolo, Immobile y Bernadeschi contra Alderweireld. El jugador de la Roma evitó la salida de Courtois y, generosamente, permitió a Immobile completar la remontada.

La épica llamaba a las puertas de Bélgica. Apeas quedaban tres minutos de partido y el árbitro no iba a prolongar más allá de un par de minutos, por mucho que los aficionados neutrales quisiéramos una hora o dos. Italia defendía por acumulación, aunque la mayoría de sus jugadores no estaban acostumbrados a estas tareas. Bélgica movía el balón de lado a lado del área, como en una circulación de balonmano. Hazard trató de disparar desde fuera del área, pero el balón salió rebotado en un defensa. Italia se partió: los hubo que persiguieron, en vano, el balón para cerrar definitivamente a la contra, y los que se quedaron esperando una acometida más. Ese balón rechazado llego a Meunier, que desplazó en largo hacia Hazard, ahora con mas espacio. Una nueva combinación con De Bruyne permitió al atacante madridista entrar en el área y superar por bajo a Donnarumma cuando se apresuraba a tapar huecos. Italia tendría que pasar por una ronda de penaltis, ejercicio que siente como una fatalidad pese a su victoria en el Mundial de 2006. Courtois detuvo dos. Los belgas se convirtieron en una enorme piña roja sobre su portero mientras los italianos quedan desesperados y esparcidos por el campo de juego.

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