Al irrumpir la pandemia, el primer bromista del confinamiento insinuó que la clasificación del Atlético contra el Liverpool se quedaría en nada. Para entonces, la Champions corría riesgo de suspensión. Cuando el fútbol (y el dinero) se negaron a ser vencidos, el siguiente bromista insinuó justo lo contrario: la temporada era tan extraña que sólo podía terminar con el Atlético campeón de Europa. Hasta lo dijo Cerezo, afamado monologuista. Sin embargo, tras esa predicción guasona había un fundamento irrefutable. A diferencia de Real Madrid y Barcelona (y por supuesto, el Liverpool), el Atlético ya estaba en cuartos, a tres partidos del título y liberado del engorro de jugar en su propio estadio.

El sorteo no ha hecho más que confirmar las impresiones del segundo bromista. El Atlético jugará contra el Leipzig por un puesto en semifinales, donde se encontrará, previsiblemente, con el París Saint Germain, que habrá jugado un partido oficial en cinco meses. Lo sé. La proyección es insoportable para los atléticos militantes por lo que tiene de optimista. Y el optimismo, todo el mundo lo sabe, tiene consecuencias tan maléficas como tocar una copa antes de una final.

Sin embargo, la señal es demasiado poderosa como para ignorarla. Y la superstición sólo tiene efectos para quien la teme. El hecho es que los equipos que han ganado Copas de Europa circulan por una parte del cuadro; el Atleti, por la otra. Y también es conocido que al fútbol le gusta servir muy frías las venganzas. Lisboa es un buen lugar para que el Atlético ajuste cuentas con el Bayern o con el Madrid, verdugos de antes y de siempre. Tampoco habría mejor lugar para el combate filosófico entre el cholismo y el guardiolismo, campeonato mundial de los pesados.

Quién sabe. Tal vez al Atlético sólo le falte hacer lo que más le horroriza. Sacar pecho. Dar un paso adelante y decir que lo tiene bien. Que luego el fútbol pone a cada uno en su sitio, pero que pinta bien. El optimismo disimulado es igual de pernicioso, puestos a jugar al esoterismo futbolero. Además, cuando la modestia no surte efecto hay que probar lo contrario. Que tiemblen ellos. La idea es provocadora, lo asumo. Se trata de hacer una pornográfica exhibición de confianza para que todo el mundo se alarme y anuncie un naufragio seguro. Entonces, en ese preciso instante, el fútbol, el muy cabrón, llevará la contraria a la mayoría. No sé si me explico.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here