Cuando el entrevistado es él, Jorge Hevia (Madrid, 1975) solo tiene dos peticiones: «Lo hacemos tomándonos una cerveza, si te parece y me tuteas». Y así en una terraza madrileña que cumple con todas las medidas de higiene y seguridad de estos nuevos tiempos departimos sobre la radio, sobre Joaquín Sabina y sobre su otra vida. Así se refiere «El jefe de todo» a sus años en la Cadena Ser donde una encimera en una noche de Superbowl cambió el destino de cincuenta personas: «Espero que lo de la encimera no ocupe ni una línea en los libros de historia». Ahora a vueltas con el liderato y el EGM se muestra muy satisfecho de la radio que han hecho en los últimos tres meses: «Ha sido el período más estimulante de mi trayectoria profesional».

—¿El confinamiento habrá hecho estragos en el Hevia atleta?

—Al Hevia atleta el confinamiento lo ha destruido directamente. Ha sido algo demoledor, porque han sido tres meses en los que no he hecho nada. Antes estaba saliendo a correr tres veces por semana pero ahora ha sido mucho tiempo sin moverme, tres meses trabajando muchas horas sentado. Se podría decir que el Hevia atleta está enterrado en algún sitio de este confinamiento.

—¿Estabas preparando alguna prueba?

—A medio largo plazo me gustaría hacer alguno de los grandes maratones que me quedan: Tokio, Chicago… pero claro habrá que ver cuándo se puede volver a correr ese tipo de pruebas y en qué condiciones. Si volvemos a una cosa medio normal de vida me gustaría hacer alguno más. Lo mejor de correr una maratón son los tres o cuatro meses que te pegas antes, correrlo está muy bien, pero el pre es lo que al final te engancha, ese obligarte a salir a correr haga frío, llueva o sea a deshoras, y sobre todo el círculo de personas que conoces mientras lo preparas, con los que sales a entrenar o a los que te encuentras en la prueba. Tú puedes estar en Nueva York o en Berlín y encontrarte un español y te das un abrazo como si fuera un colega tuyo, como si lo conocieras de toda la vida. Incluso durante la prueba sueles hacer un tramo con ellos y después cada uno sigue a su ritmo, pero eso también forma de la experiencia. Como las cervezas de después, hay que celebrar que has acabado esa prueba que no deja de ser un reto personal. A los runners se nos da muchos palos y se hace mucha mofa pero somos buena gente.

—¿Vamos que no vas a hacer marca?

—No, no. No es mi objetivo. Intento mejorar la marca anterior y ya está. Miro entrenamientos de unos y de otros, voy picando de aquí y de allá, a veces le he preguntado alguna duda a Chema Martínez que colabora con nosotros y con todo eso me hago un batiburrillo para hacer mi preparación. No creo que sea muy académico pero a mí me sirve.

—La gente quizá no sepa que eres un gran fan de Joaquín Sabina. ¿Qué es lo más raro que has hecho por acudir a un concierto suyo?

—El concierto más chulo que recuerdo de Sabina, en el que yo haya estado, fue uno en Las Ventas en el que me había quedado sin entrada. El mismo día del concierto me llamó Pancho Varona por la mañana, yo estaba en La Coruña por motivos de trabajo, y me dijo que tenía entradas, que le sobraba una y que si la quería. Casi no le dejé terminar. Le contesté que sí y me vine pitando para Madrid. Llegué a tiempo para el concierto y quizá por eso, por lo inesperado, fue de los que más disfruté.

—Tirando de influencias, por lo que veo.

—Bueno es que Pancho es un cielo de tío, es muy accesible y te digo más, todo el que quiera hacerse amigo de Pancho puede serlo. Nosotros nos conocemos hace muchos años y en cambio nunca le he pedido que me presente a Joaquín. Si le hubiera dado un poco la tabarra creo que lo hubiera conseguido, pero ahí siempre tengo una frase muy presente de Paco González: “A los ídolos es mejor no conocerlos, así no te decepcionan”. A mí lo que me gusta de Sabina son sus canciones y no necesito tener una foto con él o tomarme una caña con él. Por un lado están mis amigos y por otro los ídolos. No hay por qué mezclar.

—¿Esa sería la entrevista imposible que te quedaría por conseguir, traer a Joaquín Sabina a la COPE?

—Sí, traerlo a la Cope lo veo… complicado, digamos. Pero bueno sí te digo que no sería la primera vez. Lo conseguimos en nuestra otra vida, hace poco se han cumplido diez años, el Atleti se había clasificado para la final de la Europa League en Hamburgo. Fue el día que echaron a Paco González de la SER. Llevábamos días trabajando en ese programa, lo habíamos preparado con mucho cariño porque aquel Atlético de Madrid no era el de hoy, llevaba mucho tiempo por el desierto, sin títulos, sin estar en una final europea. Y por eso junto con Paco intentamos cosas que en su momento parecían muy complicadas. Intentamos una entrevista con Sabina, una entrevista con Simeone, que todavía no era entrenador del Atleti, estaba entrenando en Argentina, creo. Bueno pues en medio de todas esas gestiones ocurre lo de Paco y el programa no lo termina haciendo él. Pero todas esas gestiones terminaron saliendo y tuvimos a Sabina, a Simeone, fue una previa muy chula, pero claro también fue súper raro. El recuerdo es bastante agridulce.

—¿Todavía se consiguen noticias levantando un teléfono?

—La verdad es que las noticias cada vez son más complicadas. Es que cada vez es más difícil con un futbolista, con un entrenador o con un presidente poderte tomar una caña, irte a cenar con él o simplemente poder charlar sin más. Eso es algo que antes se hacía de manera habitual, pero es que no costaba ni siquiera tomar algo con un futbolista después de un entrenamiento y ahora no puedes ni ver el entrenamiento. Eso nos ha obligado a tener que tirar más de teléfono aunque el contacto ya no sea tan personal como antes. Pero bueno, pese a todo, alguna que otra damos.

—¿En una cena un jueves por la noche fluye más la información?

—Ahí se tratarían noticias diferentes. Quizá más relacionadas con el mundo del periodismo e incluso con el salsarroseo de todo esto.

—¿Esas reuniones de las que habéis hecho gala son una de las claves del éxito de este grupo de deportes? ¿Ahí se estrechan vínculos y se refuerza la unión del grupo?

—No sé si del éxito, pero al menos de nuestra felicidad sí. Eso creo que se refleja en antena, porque si tú tienes que hacer un programa de 8-9 horas y estás amargado es muy complicado transmitir ese buen rollo que nosotros tenemos. Si estás feliz todo eso es más fácil y si encima tu grupo de trabajo es también tu grupo de amigos pues todo ayuda. Pero no todo es jiji-jaja. En este tiempo también nos ha tocado compartir cosas chungas y ahí también se he reforzado nuestra amistad y nuestra relación. Lo que tengo claro es que todo eso suma.

—Tú que la tomas el pulso desde dentro, ¿qué salud tiene la radio?

—Soy optimista y creo que la salud de la radio es buena. Siempre hay voces un poco agoreras, que solo ven los peligros que acechan a la radio pero no como ésta se reinventa o intenta adaptarse a los nuevos tiempos. Claro que ahora existe una oferta mucho más amplia de ocio, más plataformas para entretenerse y otras muchas vías para informarse, pero es que ahora uno puede ver una serie de Netflix después de cenar y escuchar El Partidazo por la mañana camino del trabajo. El podcast, por ejemplo, se puede ver como un producto que supone una competencia de la radio tradicional, pero que también permite adaptar ese consumo de radio a tus horarios. Con las aplicaciones de radio puedes hasta ajustar el sonido para que vaya a la par que la televisión, en los operadores televisivos también puedes elegir el sonido de la radio… Vamos que alternativas y oportunidades siempre hay, es cuestión de adaptarse.

«Youtube es un caladero más en el que ‘pescar’ oyentes. Al final no hay tanta diferencia entre lo que hacen los youtubers y lo que hacen Lama o Rubén Martín»

—Vosotros tenéis hasta vuestro propio canal de Youtube. ¿Qué busca una radio al abrirse un canal de Youtube?

—Se buscan varias cosas, pero sobre todo es un caladero más para pescar oyentes. Nos han llegado varios correos y comentarios en redes sociales contándonos que no nos habían escuchado nunca pero que habían llegado a nosotros a través de los directos de Youtube. Si un chaval de 13 años que no ha escuchado la radio en su vida pero que está trasteando todo el día en Youtube nos escucha y le gusta lo que hacemos o le parece entretenido como unos locos saltan de anunciar una motosierra a narrar los goles del Madrid o del Barça, quizá nos empiece a seguir por ahí. Evidentemente estamos hablando de un grupo muy concreto, precisamente la gente más joven que es la que más y mejor se mueve por Youtube.

—¿Y las visualizaciones?

—No te voy a engañar, es algo de lo que también estamos muy pendientes. Al final es un dato real e instantáneo de la gente que nos está siguiendo por ahí. Vemos cómo se va conectando la gente y ese es un número exacto y no solo puedes ver lo tuyo, también puedes ver los de los demás. Nos alegra ver que tenemos tan buenos datos en Youtube, aunque con los que nos cuesta pelearnos más es con los youtubers. Se puede decir que contra el resto de programas de radio ganamos y contra el Rubius perdemos. Pero todo se andará. Ahora mismo son dos mundos que están muy separados aunque no son tan diferentes. En un futuro a medio plazo no descarto que se puedan hacer cosas juntos. Ahí están los E-Sports que están pegando con fuerza y mucho de estos narradores que castean, como dicen ellos, están haciendo algo que no es tan diferente a lo que hace Manolo Lama o Rubén Martín. Y al fin y al cabo se trata de comunicar y de contar cosas, son dos mundos que van en paralelo pero sin tocarse.

—Y cuando sales de la radio, eres de los que escuchas radio o intentas desconectar con otras cosas.

—Muy poco, la verdad que muy poco. Cuando termino de trabajar los fines de semana intento desintoxicarme y a lo mejor no escucho el Partidazo hasta el día siguiente. En esos momentos prefiero llegar y aprovechar con la familia si no están ya todos dormidos o verme alguna serie si estoy solo. Pero reconozco que no soy mucho de escuchar lo que hacen los demás por agotamiento primero y por no contaminarme después. Me explico, así no caigo en la tentación de pensar que como esos han hecho esto quizá a nosotros nos funcione también. Es una manera de hacer el programa que quiero hacer sin fijarme en lo que están haciendo los demás.

La otra vida

—¿Te ha costado mucho volver a escuchar la SER?

—Sí. Han pasado 10 años y yo tengo allí compañeros con los que hemos coincidido en eventos deportivos, algunos a los que considero incluso amigos, aunque nos hayamos distanciado en este tiempo, y me he vuelto a tomar cañas con ellos y nos hemos reído juntos cuando hemos coincidido. Pero es verdad que la programación de la SER me ha costado mucho volverla a escuchar. La escucho muy poco, la verdad.

—Está el efecto mariposa y el efecto encimera, capaz de provocar que un grupo de 50 personas cambien de trabajo. ¿Eso dentro de unos años se estudiará en las facultades de periodismo?

—Siempre digo que nuestro mundo, el del periodismo, es un micromundo, un mundillo muy pequeño, algo que dentro de las cosas importantes es muy poco importante. Pero es cierto que dentro de eso ese movimiento fue muy gordo. Yo en cualquier caso espero que el tema de la encimera no tenga ni una línea en esas hipotéticas clases, la verdad es que cada vez que lo pienso el que se echa las manos a la cabeza soy yo. Pero es verdad, de una forma o de otra, sí creo que es historia del periodismo deportivo español, un trasvase de periodistas tan grande, de tantas personas y donde encuentras a profesionales como Paco González, Pepe Domingo Castaño o Manolo Lama, ya solo con esos tres, sería histórico, imagínate si le sumas 50 más. Y luego provocar el cambio de audiencias que provocó, pues sí es algo que creo que no había pasado nunca en este país, es historia, dentro de este mundo pequeño e insignificante del periodismo, vuelvo a insistir.

—Venimos de conmemorar los 10 años del Mundial de Sudáfrica y no sé si en tu caso los recuerdos son un poco agridulces… Estabas haciendo un programa en el que ya no estaba Paco y España se proclama campeona del Mundo, la noticia que cualquier periodista quiere contar. ¿Cómo lo recuerdas?

—Ahora que se cumplían esos diez años lo hemos vuelto a recordar con compañeros y con amigos. Hablábamos de lo que recordábamos de esos partidos y me he puesto a pensar y me he dado cuenta de que de los partidos recordaba muy poco, porque lo que nos estaba pasando como grupo era tan gordo y a cada uno de nosotros en particular también, que cada uno vivía esa situación tan chocante a su manera. De repente nos tocó hacer un Mundial sin el director del programa, estaba Pepe Domingo pero Pepe estaba como estaba, triste como estábamos todos porque sentíamos que se había cometido una injusticia con Paco González. Poli Rincón, por ejemplo, lo pasó fatal, había que amordazarlo para que no la liara en el programa. Yo siempre le llamaba antes, hablaba con él, “Poli por favor, por favor aguanta, que yo sé lo que tú piensas, tanto como tú lo quiero yo, pero eso es una cosa y lo que tenemos que hacer en antena es otra”. Al final tengo la sensación de que todos fuimos profesionales 100% hasta el final, incluso cuando a medida que iba avanzando el Mundial íbamos viendo que nuestra trayectoria profesional en la SER se estaba acabando, que nuestro futuro estaba ya lejos de allí. Creo sinceramente que hicimos el mismo trabajo que si no hubiera pasado lo de Paco. A mí me tocó apoyar a Jesús Gallego, que fue el que hizo los programas en lugar de Paco, y le hice la producción del mismo modo a pesar del terremoto personal que estábamos viviendo. No fue el Mundial soñado, ni muchísimo menos. Hubiera sido el Mundial perfecto para haber caído en cuartos y luego ya haber ganado otro. Sobre todo para haberlo disfrutado más desde el punto de vista de aficionado o personal que tenemos todos.

—Imagino que tendrías línea directa con Paco esos días, ya se hablaba de planes futuros en esas conversaciones…

—Bueno en mi caso como en el de tanta otra gente lo que hicimos fue ponernos a disposición de Paco. Decirle para el futuro si cuentas conmigo aquí estoy. Pero claro ni sabíamos lo que iba a pasar con él, ni sabíamos si nos íbamos a poder ir con él. Estaba claro que Paco iba a tener ofertas, pero igual una radio le fichaba solo a él y no al resto o Telecinco le ofrecía el oro y el moro después del Mundial para que se quedara. Teníamos claro que iban a pasar cosas, luego empezaron a llegar ofertas de diferentes radios y de diferentes medios de comunicación, y ya ibas viendo cómo todo se iba recolocando poco a poco. Pero tanto el Mundial como los meses posteriores yo me los pasé colgado al teléfono, es que estaba en Escocia, en Edimburgo de vacaciones con mi familia y recuerdo estar hablando por teléfono con el de Valencia, con el de Sevilla, vamos que me enteré poco de aquellas vacaciones. Mi mujer me decía: “Otra vez te están llamando de la radio…”.

«Alguna vez sí me he llevado las manos a la cabeza y he temido que sonara el teléfono de producción y al otro lado estuviera un jefe»

—¿Qué fue lo que más te sorprendió de vuestra llegada a la COPE?

—La acogida sin reservas de la gente. No digo que fuera solo buena, porque evidentemente si de repente aparecen 50 personas en una redacción es normal que haya gente que piense “estos vienen aquí a montar su chiringuito”. Podía haber gente que creyera que veníamos en plan salvadores o de estrellas, pero creo que si había alguno pronto se dieron cuenta de que no éramos así. Yo no vi ese recelo en nadie. A la mayoría de la gente que trabajaba aquí yo no la conocía y casi desde el primer momento, gracias sobre todo a ellos, no hubo dos redacciones, no hubo un ellos y un nosotros. Todos remamos en la misma dirección y eso me llamó la atención.

—¿Algún tirón de orejas?

—Nos hemos portado muy bien (risas). Te lo digo de verdad, al final todos vamos teniendo cicatrices y vamos teniendo años y algo hemos aprendido también de lo que uno puede hacer y de lo que no. Lo cierto es que aquí nos han dado mucha libertad y posiblemente haya habido momentos en que en un programa como Tiempo de Juego o El Partidazo en el que pasan tantas cosas y arriesgas pues alguna vez un entrevistado te puede salir por peteneras, pero creo que en la casa han entendido que si ha pasado eso se ha hecho con buena intención. Es posible que haya habido algún motivo para llevarnos ese tirón de orejas, pero al menos a mí no me ha llegado. Si acaso se habrá quedado en otra instancia superior.

—¿Te has llevado las manos a la cabeza alguna vez?

—Sí, sí, sí, eso sí. Alguna vez me las he llevado y alguna vez he temido que instantáneamente sonara el teléfono de producción y al otro lado estuviera un jefe. Afortunadamente nunca ha pasado. Creo, en cualquier caso que la dirección de la empresa es gente que sabe de radio y que conoce que si nosotros estamos haciendo algo con la intención de divertir o entretener se puede ir de madre en algún momento pero sin intención de ofender, desde una intención completamente sana.

—Y los presidentes de fútbol, ¿llaman mucho a las radios para quejarse del trato que reciben sus equipos, al estilo de lo que hacen con el VAR?

—Hasta donde yo sé no. Al menos ahora, no sé si antes podía haber un tipo de presidente más proclive a ese tipo de actos. Yo por lo menos no le he cogido el teléfono a ninguno.

Radio en confinamiento

—¿Cómo se hacen 9 horas de programación en radio deportiva sin deporte alguno?

—Por un lado ha sido apasionante desde el punto de vista profesional, pero quiero ser cuidadoso con esto porque lo que estaba pasando ahí fuera era muy duro. No puedo decir que haya sido un período bonito de radio, pero a nosotros sí que nos ha puesto a prueba. Es que fue de un día para otro, tuvimos que levantar un programa, cambiar el chip, y hacerlo todo diferente. A mí me ha resultado estimulante y también muy agotador, eso te lo reconozco, es que no era hacer ese programa, era el estilo o el tipo de programa. Paco González nos dijo que quería un tipo de programa con mucho ritmo, en el que a falta de cantar goles pasaran muchas cosas, y así hacíamos una media de ocho o nueve entrevistas por hora, y hacíamos programas de ocho o nueve horas también. En un fin de semana salen cientos de entrevistas.

—¿Cómo se cocinaban esos programas? ¿Llevarían una preparación mayor?

—No he calculado el tiempo que dedicábamos a prepararlos, pero en realidad estábamos durante toda la semana. Desconectaba los lunes y el martes ya estaba pensando y preparando el siguiente programa, estabas buscando temas, viendo otros que te pasaban algunos compañeros, el miércoles nos reuníamos el equipo de producción y el jueves le presentábamos los temas a Paco y él ya decidía que sí y que no. A partir de ahí tocaba gestionar las entrevistas y tener también cintura para estar atentos a cualquier cosa de actualidad que pudiera pasar. Es que nosotros contactábamos con un virólogo, y la siguiente llamada era con un granjero que se había visto afectado por la pandemia, y después tenías a un estudiante que no sabía lo que iba a pasar con sus exámenes. La clave era dar un orden a todo eso, no saltar de un virólogo a alguien que se casara en plena pandemia.

—Y no os sentíais un poco perdidos fuera de vuestro terreno de juego…

—Pues la verdad es que no, ¿sabes por qué? Porque al final nosotros estamos acostumbrados a hablar con futbolistas, con deportistas que viven en su burbuja, que tienen siete jefes de prensa y que es muy complicado poder contactar con ellos. Así que cuando encuentras a gente con la que es sencillo hablar, que no te pone trabas, que incluso te da facilidades pues todo resulta más fácil. En cierto modo, ha sido un descubrimiento, porque ya te digo que estamos acostumbrados a lo otro. Y a mí personalmente me ha parecido una experiencia divertida, el criterio siempre era que a nosotros nos resultara interesante y a partir de ahí intentábamos hacer un programa que resultara interesante, pero no solo porque tratáramos situaciones relacionadas con el virus, también a nivel social o a nivel deportivo dentro de las limitaciones del momento.

—De algún modo os habéis sentido útiles, os parecía que vuestro trabajo tenía más sentido más que nunca.

—Sí, eso es. La respuesta de los oyentes ha sido muy buena. Nos han llegado agradecimientos por todos lados, también recibíamos críticas, no te creas. Había quien nos decía que volviéramos al fútbol que esto no era lo nuestro. Y es lógico también. Pero hemos sido la gran compañía para mucha gente durante este confinamiento. Yo intento contestar a los mensajes que nos llegan habitualmente de este tipo y en estos meses me ha sido imposible. Han dado sentido a nuestro trabajo porque a veces estás ahí haciendo tu trabajo y piensas “joder menuda gilipollez esto de lo que estamos hablando o discutiendo”, no eres un médico o un arquitecto, es así, pero estos meses han sido diferentes. De hecho me suelo guardar guiones del programa junto con las cartas que nos mandan los oyentes para cuando los abra pensar que efectivamente para algo sirve lo que hacemos. A nivel profesional es una de las experiencias más grandes que he tenido. Luego que el resultado haya salido tan bien y desde la casa nos hayan felicitado o los propios oyentes nos hayan dado la enhorabuena pues es lo que da sentido a todo lo que hacemos.

El EGM

—¿Si te dicen que vais a tardar nueve años en ser líderes de audiencia te hubieras pensado lo de venirte a la COPE?

—Buff el EGM. Pues depende del día que me preguntes tengo una opinión o tengo otra. No, ahora en serio, con el EGM me pasa como con los árbitros, y no depende de que nos den líderes o no. Ni creo ni quiero creer en sus conspiraciones, no creo que esté amañado, ni que haya manos negras, ni nada de eso. Los hombres del EGM entiendo que son gente honrada. Lo que ocurre es que luego miras el feedback, miras los números constatables, las audiencias de Youtube, el número de seguidores en redes sociales o el número de descargas y lo comparas con los otros programs y no es que ganemos alguna vez, es que salimos primeros siempre. Y no ganamos por la mínima, es que triplicamos su audiencia. Eso en Youtube pero es algo que ocurre también en el resto de datos medibles. Que luego sale el EGM y da lo que da, pues bueno habrá que creer que el sistema es así, que las formas de medición y el recuerdo de la audiencia es el que es. Supongo que al final hay pastel para que todos nos lo podamos repartir y que mientras que la gente escuche la radio eso es lo importante.

«Siempre he creído que nos iban a dar líderes y sigo pensando que nos lo van a dar más veces y además líderes destacados»

—¿Te quita mucho el sueño el EGM? ¿Eres de los que se cabrea mucho cuando ve los resultados?

—Bueno te cabreas cuando ves que no existe mucha correlación entre lo que ves en el día a día con lo que te dicen cada tres meses. Al final eso te afecta y te cabreas también por los compañeros y por gente como Pepe Domingo Castaño que estas cosas las lleva regular. Yo sinceramente pierdo poco el sueño, quizá el día antes del EGM te acuestas pensando a ver mañana qué tal. Te sientes un poco como cuando eras estudiante el día antes de un examen, en nuestro caso la matrícula de honor, que es lo que buscamos, no la estamos teniendo nunca, pero estamos obteniendo notables altos, la sensación es que vamos al examen bien preparados, que nos lo hemos currado y que el resultado va a ser bueno, pero siempre vamos a intentar subir la nota.

—¿Dabas por perdido ya el liderato?

—Yo no, hay compañeros que sí. Siempre he creído que nos iban a dar líderes y sigo creyendo que nos van a dar líderes más veces y líderes destacados. Prefiero pensar eso, la verdad, luego me confundiré o no, pero creo que vamos a volver a ser líderes.

—Parece un poco anacrónico que en 2020 no haya una tecnología más fiable para saber el número de oyentes que tiene un programa de radio.

—Ya pues eso es lo que me extraña a mí también. Pero como no soy experto, tampoco quiero opinar, lo mismo digo que se puede registrar los oyentes de otra manera o cambiar el sistema de encuestas y me dicen que es hiper caro o es imposible. Imagino que tarde o temprano aparecerá un sistema mejor. Lo mismo llega otro sistema y nos sigue dando los mismos números.

Nombres propios

—Pepe Domingo Castaño. ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando supiste que tenía coronavirus?

—Nosotros nos enteramos porque nos lo cuenta él a través de varios mensajes de whatsapp. Nos empieza a decir que se encuentra mal, de entrada no nos dice que tiene el coronavirus, tampoco tenía los análisis en su poder, porque todo esto ocurrió en el momento más chungo aquí en España de la pandemia, cuando incluso costaba hacerse test. Él además estaba fastidiado por no poder ayudarnos en ese momento en la radio, nos mandaba mensajes diciéndonos que sentía mucho no poder estar en estos programas. Nosotros pensábamos que podía ser un resfriado hasta que entró en antena y le escuchamos con esa voz. Nosotros en programas anteriores le habíamos dicho que si quería le llamábamos por teléfono para que entrara y se sintiera así más acompañado. Pero siempre nos decía que más adelante, que no se encontraba todavía bien. Así que el primer día que entra es cuando nosotros nos impactamos y nos damos cuenta de lo mal que ha estado. Entra con una voz muy apagada, golpeada todavía por el virus. Nos estaba diciendo que ya estaba mejor, pero claro empieza a contar en antena que sentía que se le iba la vida, que nunca había estado tan mal… y fue cuando realmente nos dimos cuenta de todo lo que había pasado. Casi le tenemos que agradecer que no nos lo dijera en su momento porque hubiéramos sufrido todos mucho más.

«A Pepe Domingo le queda más cuerda que a ti y que a mí. Tiene una vitalidad contagiosa. Es que disfruta tanto lo que hace que la radio también es su motor».

—Ahora que ya está recuperado, ¿cuánta cuerda le queda a Pepe?

—Más que a ti y que a mí. Es que es una pregunta que la gente nos lleva haciendo desde que estábamos en la SER y de eso hace ya más de diez años. Y sigue, y sigue, y sigue. Y no solo es que siga es que lo hace con una energía, que de repente le ves ahí pegando gritos haciendo una publicidad o arrancando el programa, que parece que tiene una vitalidad contagiosa. Pepe disfruta tanto lo que hace que esto también es su motor. Es cierto que va renovando año a año, algo también lógico, él estando bien de salud va a seguir trabajando en la radio, porque es lo que le apasiona. Está bien dentro de la radio y fuera. Porque luego te vas con él por ahí, te vas al Toni y se pone a cantar con el piano o con los mariachis. Yo sigo flipando con él, muchas veces pienso parece mentira que él sea el veterano y nosotros los chavales, bueno nosotros ya no somos tan chavales.

—¿Es posible un Tiempo de Juego sin Pepe Domingo Castaño?

—Nosotros no nos lo imaginamos. Tarde o temprano lo habrá, igual que habrá un programa sin Paco y sin Lama, porque es ley de vida. Pero hasta que eso llegue lo vamos a disfrutar al máximo. Hay otra frase que Paco suele repetir muchas veces y que se puede aplicar a esto: “Cuando lleguemos a ese río cruzaremos ese puente”.

—Con Paco González has pasado posiblemente más tiempo que con tu familia, hay matrimonios que no duran tanto…

—Son veintitantos años trabajando con él, 23 o 24 haciendo la producción del programa. Nos entendemos solo con la mirada, con un gesto, al final le conoces tanto que la mayoría de las veces cuando pasan cosas en directo no necesitas preguntarle te interesa esto o quieres a este otro. Por el tono, por ejemplo no te podría decir si está más o menos animado ese día, pero porque tiene la capacidad de transformarse cuando se pone delante del micro. Ahí siempre tiene el mismo ánimo, el mismo ímpetu para transmitir ese buen rollo que hay en el programa. Es que yo no necesito preguntarle cuando sale un protagonista en directo, porque ya sé que lo quiere. En estos últimos meses me ha vuelto a sorprender y no parecía fácil después de tanto tiempo. Lo que ha hecho con esos programas en los que prácticamente había de todo menos deporte ha sido impresionante. Recuerdo que en las reuniones previas nosotros le llevábamos muchas propuestas y él tenía clarísimo por dónde había que tirar, no dudaba. Ha vuelto a demostrar que es el número uno. Y más allá de eso, forma parte de mi familia porque hemos compartido todo en estos años, lo bueno y lo malo.

—¿Si fueran una delantera quiénes serían Paco, Pepe y Lama?

—Manolo Lama es Cristiano, el hambre voraz y ese liderazgo bien entendido. Paco es Messi, el mejor de todos los tiempos, el número uno. Y Pepe Domingo es un delantero con mucha clase, de los que con dos toques de calidad te ganan un partido. Pepe sería Pelé, en su caso hasta el apodo le queda bien: O’ Rei.

—¿Qué ha aportado Juanma Castaño al programa de la noche? ¿El liderato en la noche es el otro gran objetivo de la casa?

—Juanma ha aportado talento. Desde el principio en cada cosa que ha hecho es a través de su talento natural. Hacer un programa de este tipo te exige mucho trabajo, prácticamente tienes que estar todo el día conectado a la actualidad, tener un buen equipo detrás tuyo. Y a todo eso él ha aportado esa chispa que le caracteriza, esa rapidez para tratar los temas o saber llevar las entrevistas o sacarte una carcajada cuando menos te lo esperas. Creo que es un programa que es referencia a todos los niveles, que está en la calle, que los deportistas lo siguen, los protagonistas ahora pueden conocer a Juanma al mismo nivel que antes conocían a De la Morena o a García.

—Hablando de José María García, hay cierta nostalgia hacia la radio que él hacía, cada vez que habla no deja indiferente a nadie, se le sigue imitando, se han escrito libros sobre él… pero la pregunta es: ¿La radio que hacía José María García sería, primero escuchada y, luego posible a día de hoy?

—Pues a lo mejor ninguna de las dos cosas. Lo que pasa es que como cada cosa va en su contexto, en su momento él fue el amo de la noche deportiva igual que luego lo fue José Ramón de la Morena. Y luego hay que tener en cuenta que sobre todo la radio de García era muy personalista, muy de autor, muy de soltar un monólogo todo el rato. Igual ahora que ha pasado tanto tiempo aparece alguien así con esa personalidad, con ese estilo y se vuelve a poner de moda y lo revienta. Esta claro que la figura es indiscutible y yo me pongo de pie para hablar de García. Él está en un punto que puede decir lo que quiera, lo que le dé la gana, y quizá eso decirlo en antena hoy en día no es tan sencillo. Porque no es lo mismo ir a una entrega de premios y poner verde al presidente del Real Madrid, poner a caer de un burro al presidente del gobierno y repartir también al CSD o la Liga, eso luego trasladarlo a un programa de radio todas las noches no sé si tendría éxito. En cualquier caso, lo que hizo en su día es historia de la radio y ahí queda para siempre.

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