Una victoria en Granada significaba casi ganar la Liga, o al menos aumentar exponencialmente las opciones de conquistarla. Al Madrid le vale ahora ganar uno de los dos partidos que le quedan o incluso empatar ambos para levantar un título que sólo han logrado dos veces en la última década. Por eso Zidane apostó por jugar con cinco centrocampistas en un 4-5-1, un dibujo que tan sólo se ha repetido de inicio en dos ocasiones este curso. Ambas, curiosamente, frente al Atleti. Una en la Supercopa de Europa y otra en La Liga.

Probablemente el francés quiso hacer su propio guiño a los diez años de la victoria de la Selección española en Sudáfrica, de ahí su apuesta por un dibujo al estilo Del Bosque. El Madrid se organizaba alrededor de sus centrocampistas y contaba con un solo delantero, creando un enorme rondo en medio campo con el que se apoderó del balón. El problema es que ese plan te da la posesión y el dominio zonal, pero salvo que tengas dos centrocampistas muy llegadores y con mucho gol, normalmente reduce mucho tu caudal ofensivo.

No habían pasado diez minutos cuando Mendy, pleno de fuerza y descaro, se tiró un autopase imposible dentro del área del Granada. El galo llegó casi hasta la línea de fondo y sin apenas ángulo soltó un zapatazo inesperado que sorprendió al portero nazarí, Rui Silva. Lo más difícil estaba hecho. Y a partir de ahí se acentuó el dominio blanco sobre el césped. Los cinco centrocampistas (Casemiro, Kroos, Modric, Isco y Valverde) sumaban apoyos y descargas de Benzema e incorporaciones por banda de Carvajal y Mendy. Ambos laterales se situaban en la medular y daban soluciones por fuera mientras los centrocampistas ocupaban los pasillos interiores a diferentes alturas para intensificar el juego entre líneas. Así se adueñaron los blancos del balón y del partido.

Pero el Madrid también domina el contragolpe. Así llegó el 2-0, firmado por un excelso Karim Benzema. El galo opta junto a Sergio Ramos a ser el MVP del Madrid post-confinamiento. Su definición mezcló clase, pausa, determinación y acierto. Un compendio del mejor Benzema.

Ese segundo directo a la mandíbula descompuso al Granada. Pero el Madrid entonces se dedicó a contemporizar con el balón. Kroos, Modric e Isco se juntaban más con la intención de desgastar al rival que con un verdadero interés por aumentar la cuenta. El Madrid, pese a tener controlado el encuentro, tuvo un par de sobresaltos, dos arreones de orgullo del Granada que Courtois mandó al limbo. Especialmente inspirado se mostró el belga en un cabezazo de Duarte que llevaba veneno.

El Granada fue otro tras el paso por el vestuario. Más ambiciosos y decididos, los de Diego Martínez hicieron sufrir al Madrid. Los blancos pasaron de dominar a ser dominados. Y el viraje que dio el partido lo representó mejor que nadie Casemiro. Su fallo significó el 1-2; corría el minuto 50 y el tanto insufló nuevos bríos al Granada. Esta vez Zidane reaccionó rápido, aunque no tan certeramente como se podría esperar. Los cambios de Rodrygo y Asensio no supusieron una amenaza para el rival y sí una desestructuración para el centro del campo blanco. Así que el Madrid se preparó para sufrir. En esa media hora final entre Courtois y Ramos mantuvieron la ventaja a flote, mientras Kroos y Modric intentaban navegar con el balón lejos de la tormenta de centros que proponía el Granada. El Madrid finalmente resistió con más sufrimiento del esperado y ya acaricia la Liga por las dos asas.

El 1×1 del Madrid:

Zidane: El porqué Asensio o Rodrygo, sobre todo el primero, han vuelto a adelantar en la rotación al mejor Vinicius en meses sigue siendo un misterio. Pero a Zidane esto también le sale bien. Más grietas presenta la presunta solidez defensiva, bastante menos sólida de lo que cuentan los números. El Madrid hizo solo dos cambios, lo que habla a las claras de esa gran mentira que es el “cuento con todos”, “todos van a ser importantes” o “tiene a todos enchufados”. Tiene también difícil explicación que Hazard viaje a Granada si no va a jugar ni un minuto, por no hablar de Bale y sus monerías en la grada. Al que se echó de menos en el asedio final fue a Militao, que tampoco compareció. Pero como bien dice el dicho: “Si ganas, aunque no tengas la razón, lo parecerá”.

Courtois: ¿Nadie se acuerda ya de Keylor y sus tres Champions? Serio, sin adornos pero seguro, el belga volvió a ser clave en la victoria blanca. Tres paradas con valor de gol y una sensación de seguridad en cada acción que le colocan como probable Zamora de la liga. Sin duda una de los pilares de este equipo.

Carvajal: Él y Mendy eran la apuesta ofensiva por fuera de los blancos. Ambos se emplearon con dedicación, aunque el francés pusiese el acierto y el de Leganés las ganas. En defensa, Machís le buscó la espalda y en alguna jugada, como el gol nazarí, la encontró libre para progresar.

Varane: Comenzó muy vivo con el balón y rápido en los cruces. Poco a poco se fue embarullando y terminó bastante peor de lo que empezó el partido. Sorprende la cantidad de balones que le ganaron por alto.

Ramos: El líder indiscutible de este equipo. Jugó con una jerarquía insultante y un dominio del juego de crack absoluto. El parón le ha venido de cine para cargar pilas y liberar la mente. El mejor jugador del Madrid en este final de temporada con diferencia.

Mendy: El rey del caos. Sus movimientos sobre el campo no parecen producto de un diseño táctico, pero él los acompaña de una fuerza, potencia y confianza, que hacen, como en su gol, que brote petróleo de donde no parecía haber nada. Muy serio en defensa, cada día suma algo diferente en ataque.

Casemiro: Es junto a Courtois, Ramos y Benzema, la cuarta pata que sujeta la mesa. El brasileño anda fundido, metido entre los centrales en defensa y escondido y fallón con la pelota. Sus últimos partidos nos están devolviendo su versión más pobre. Pese a todo, todavía es solvente.

Kroos: El alemán dio un curso de pases durante los noventa minutos, pero él necesita del equipo para brillar, y cuando el grupo se cae, Kroos no lo sujeta. Muy influido por el bajón de Casemiro y la versión descafeinada del Valverde post-confinamiento.

Modric: Comenzó jugando muy adelantado, en la mediapunta por la derecha, y jugando entre líneas hizo lo que quiso. Luego buscó más habitualmente la base de la jugada y dejó muy solos a Benzema e Isco. Su último cuarto de hora, pese a estar muy castigado físicamente, fue una masterclass de cómo mantener el balón.

Valverde: El gran petardazo tras el regreso. El uruguayo se había convertido en pieza básica en el mediocampo de Zidane, donde aportaba trabajo, llegada, ritmo y una apreciable calidad con el balón, pero todo eso ha desaparecido. En Granada volvimos a ver a un Valverde perdido y sin presencia en el juego.

Isco: El quinto centrocampista. Llegando presuntamente desde la izquierda. Isco dejó 60 minutos de trabajo y algunos detalles de calidad, como el taconazo que abrió la puerta al segundo gol. El malagueño presenta una cara más trabajadora y física, pero su fútbol ha perdido magia y, sin ella, Isco no es Isco.

Benzema: Está de dulce y le sale todo, pero físicamente está al límite. Hizo un gol de delantero de clase y dejó continuos detalles sobre el campo, porque sus toques son siempre de calidad, pero no ganó ni un solo duelo individual desde el descanso.

CAMBIOS:

Rodrygo: Entró por Isco en el 63’. Ahora mismo es el rey del casi. Intentó cuatro o cinco acciones de calidad y en todas estuvo a punto, pero en todas perdió el balón. Si Vinicius tiene un problema con el gol, Rodrygo lo tiene para finalizar lo que comienza. A su favor, que solo tiene 19 años; en contra, que el Madrid no pude vivir en ataque de “casi goles”.

Asensio: Entró por Valverde en el 63’. El Madrid necesitaba algo sólido sobre el campo y Asensio ahora mismo no lo es. El mallorquín está en fase de “convalecencia activa”, algo que dista mucho de ser un argumento para jugar antes que Vinicius, Bale, Lucas o Hazard, los cuatro en la convocatoria. No aportó nada y pasó por el partido de puntillas.

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