Nos recibe en su casa de Utebo, una bella localidad muy cercana a Zaragoza capital. Es una persona querida. Su éxito no deja de ser un orgullo para todos sus habitantes, además de ser un gran generador de trabajo y riqueza en la zona. Él se define como un tipo normal, creador de buen rollo y fanático del chocolate.

¿Qué tal está? ¿cómo le va la vida?

—La verdad es que regular, después de la polémica que se ha montado a raíz de esa barbaridad ocurrida en Estados Unidos. Cómo está el mundo, un horror…

Vayamos al tema en cuestión. A la plataforma change.org ha llegado una iniciativa con la siguiente petición: Dejad de usar la marca Conguitos. ¿Qué le parece?

-—(Pone cara de circunstancias). Uff, no sé qué decir la verdad, todo esto me sobrepasa, simplemente soy un cacahuete recubierto de chocolate con más de medio siglo de vida… Ahora parece que me cuestionan los movimientos antirracistas y quieren hacerme desaparecer, argumentando que denigro a la gente de color y, en especial, a los congoleños. ¡Pero estamos locos! La verdad, déjeme decirlo, hay gente con poco que hacer y mucho que complicar.

Pero usted tiene aspecto de un nativo tribal de África, ¿no?

—Sí, y usted de español blanco fornido… ¿dónde está el problema? No entiendo que ahora esté cuestionado. Cada cierto tiempo se pone en cuestión mi nombre y mi imagen. Recuerdo que en 2002 ya hubo algo parecido y, la verdad, estoy muy harto. Siempre igual: alguien lo publica en redes sociales y ciertas personas se empiezan a escandalizar con algo a lo que no le veo mucho sentido. Además, deje que le diga: a pesar de mi color soy más español que Rafa Nadal o Vicente del Bosque. Soy el mayor seguidor de la Selección Española después de Manolo el del Bombo. ¿Sabe usted que se cumplen ahora 10 años del campeonato del mundo de Sudáfrica? ¡Qué grandes momentos vivimos! ¡Zaragoza fue una fiesta!

Sí, sí, grandes momentos, pero déjeme volver al tema. Usted a lo largo de los años ha ido experimentando cambios

—¡Claro! (parece que tiene ganas de decir algo fuera de tono). Nací en 1961 y, poco a poco, he ido evolucionando de un muñeco que portaba una típica lanza tribal, a un dibujo más infantil con el dedo pulgar en señal de aprobación, de buen rollo, que es lo que me gusta decir a mí. Me diseñó un tipo fantástico, Juan Tudela Férez. Eran años en los que se les daba un toque exótico a algunos productos. En esa época se produjo la independencia del Congo belga y aquí estoy, sin más.

Alguna razón habrá para tanta polémica

—Es difícil de explicar, pero parece que quieren elevar a la máxima potencia eso de “la imagen de las cosas es más importante que las cosas mismas”. Hacer daño, provocar, confundir para hacer desaparecer una marca histórica e icónica. Insisto: yo lo único que hago es trasmitir buen rollo y simpatía. Espero que esto no perjudique la imagen de mi empresa, Chocolates Lacasa. La verdad es que me miman mucho y la compañía es exquisita con las normativas medioambientales, sanitarias y de seguridad.

Pero, perdóneme, ¿su imagen no estigmatiza a la población negra?

—¿Y la de la señora de Litoral a la mujer asturiana? Y lo mismo podríamos decir de los calvos con ese señor, creo que se llama Don Limpio. No sé, entonces también deberíamos hacer desaparecer flan chino mandarín por insinuar cierto carácter blando en su forma de ser. ¡Pamplinas! Si empezáramos a profundizar en los orígenes de cada una de las marcas que utilizamos a diario seguro que encontraríamos cosas que no nos gustan, pero también si profundizamos en nuestras vidas, o en la gente que queremos y tenemos cerca, también nos sorprenderíamos. Os pongo como ejemplo que nadie compraría marcas como Adidas, Puma o Hugo Boss por su simpatía a los nazis durante la II Guerra Mundial o Coca-Cola por su acercamiento a la cocaína en las primeras formulas del Dr. John S. Pemberton. Si pensara que represento a algo negativo sería el primero en cambiarlo, no lo dudéis. Creo sinceramente que soy aceptado y estimado por todo el mundo. Aunque déjeme decirlo, existe mucho ofendidito por ahí con pocas ganas de madurar.

Pues dígame como se soluciona…

—Debemos ser un poco más reflexivos y dejarnos de tanta tontería. (Cambia de gesto y se pone serio). El racismo es un tema grave que no deberíamos banalizar. Sí, la historia está ahí y muchas personas de color sufrieron la crueldad de la esclavitud. Sí, todavía existen ciertas minorías que se creen superiores a otros por el color de su piel. Sí, y todavía la sociedad debe seguir evolucionado hacia un mundo más justo e igualitario. El caso de Georges Floyd ha traspasado fronteras y, por desgracia, se está convirtiendo en una caricatura que poco ayuda buscando la confusión y desviando la atención de lo que realmente es importante.

¿Cómo le esta afectado todo esto?

—Es difícil saber si toda esta polémica estará afectando a la marca. Eso de que hablen de mí, aunque sea mal no es consuelo válido. ¡Menuda tontería! Se producen más de 30 millones de bolsas al año de mi producto. Soy simpático y honesto y me he visto involucrado en una polémica que esperemos no genere dudas entre mis consumidores, vengan de donde vengan y sean del color que sean. Tengo miles de adeptos en todo el mundo y sí, muchos de ellos en el continente africano.

Por último, ¿y ahora qué?

—Pues a seguir trabajando. Simplemente busco divertir y generar buena energía haciendo disfrutar a las personas.  Sin más. Por lo pronto me voy a ver Lo que el viento se llevó. Cuando HBO anunció que retiraría la película de su catálogo me llevé un disgusto terrible y me la compré en blue-ray. Qué gran película, estará de acuerdo conmigo.

Le reconozco que soy un gran fan suyo y para demostrádselo le canto su canción: «Somos los Conguiiitos y estamos requetebién, vestidos de chocolate con cuerpo de cacahué.  Somos redondiiitos y siempre vamos a cien, con chispa, ritmo y marcheta para que lo pases bien. Conguitos, vestidos de chocolate, ¡con cuerpo de cacahué! ¡¡¡Co-Co-Conguitos!!!».

Ríe y nos despedimos con un sentido abrazo y nos emplazarnos para volver a vernos. Y me recuerda que coma con moderación. Todo en su justa medida. Y vuelve a reír.

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