En la Liga de los penaltis mínimos, al Leganés no le fue concedido un penalti tan pequeño como tantos otros que han sido pitados, pero incuestionable según el reglamento. Jovic (Premio Rompetechos 2020) tocó el balón con un brazo que no tenía pegado al cuerpo. El árbitro consultó con el VAR, pero no se tomó la molestia de observar la jugada en el monitor. Al fin y al cabo, el Leganés no se jugaba más que la permanencia. Sólo eso. Imagino que si en Leganés no hay algaradas callejeras es porque sus vecinos son gente civilizada y supongo que si los jugadores no rodearon al árbitro al finalizar el encuentro fue porque ya no tenían fuerzas ni para protestar. El Leganés mereció el milagro de salvarse visto que el Celta no hizo nada por merecerlo.

Captura del momento en que Jovic toca el balón con el brazo.

Costaba imaginar un desenlace parecido. Para que el Leganés venciera al Real Madrid tenía que producirse una carambola tan improbable como que un pangolín transmita un virus a un murciélago que se cocina con salsa de ostras. Así de complicado era y, sin embargo, estuvo cerca de ocurrir.

El equipo de Aguirre lo tuvo todo en contra. En el minuto 9, Sergio Ramos marcó de cabeza. Decir que remató solo es quedarse corto. Era la única persona sobre la faz de la tierra. Bustinza, su marcador (diez centímetros más bajo), fue vencido en un forcejeo que también admitía VAR.

Lo que siguió lo hemos visto varias veces. Tanto quiso dormir el partido el campeón de Liga que se durmió en el intento, como tantos padres cuando leen cuentos a sus hijos. Dejaré claro que nada se podría reprochar al Madrid incluso en el caso de que hubiera jugado con collares hawaianos y matasuegras. No era su partido. Y dejó de serlo más todavía cuando Zidane retiró a Sergio Ramos y Benzema.

El Leganés empató dos veces, lo que equivale a levantarse tantas veces como Rocky y con la cara igual de hinchada. Puesto en pie de nuevo, el equipo encadenó ocasiones de gol que no entraron porque no era el día, ni la tarde, ni la noche. Es terrible ser pequeño. Siempre hay alguna estantería demasiado alta.

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