La principal fuga del Caso Fuenlabrada no tiene que ver con el cumplimiento del protocolo sanitario, ni siquiera con la decisión de LaLiga de suspender el partido y no la jornada, ni tampoco con la presunta responsabilidad del club afectado por los contagios. Como en otros ámbitos, el virus atropelló sucesivamente al Fuenlabrada, a la Liga y a la Segunda División entera sin que exista mayor responsable que el Covid-19. Ponerse a revolver entre los escombros en busca de un culpable distinto del virus resulta de tan mal gusto como reprochar a los contagiados su enfermedad. La principal fuga del Caso Fuenlabrada es que el hijo del presidente de LaLiga sea secretario general del consejo de administración del Club de Fútbol Fuenlabrada. De todos los hechos en discusión este es el único que se podría haber evitado.

Según parece no existe una ley que impida que el hijo de Javier Tebas sea miembro del consejo de administración de un club. Sin embargo, el conflicto de intereses resulta tan evidente, y ha quedado tan de manifiesto en este caso, que resulta increíble que el problema no haya sido advertido por abogados tan expertos. “El conflicto de interés puede ser por parentesco, por participación en sociedades o por cualquier otra causa que el empleado considere que limita o condiciona su capacidad de decisión objetiva frente a terceros”. Así reza la norma correspondiente en una empresa tan emblemática como Telefónica y es de suponer que no diferirá de otros reglamentos al respecto. La prueba de que el propio Tebas asume el conflicto de intereses es que, según se ha publicado, ha delegado en su vicepresidente las actuaciones que tengan que ver con el Fuenlabrada.

El asunto ya fue planteado en 2018 por Tino Fernández, entonces presidente del Deportivo, cuando el Fuenlabrada recurrió al despacho de abogados de Tebas para que el descenso matemático del Deportivo a Segunda se hiciera efectivo antes incluso de la finalización del campeonato, para que así que el Fabril, filial del Depor, no pudiera disputar el playoff de ascenso a Segunda. “La marca Tebas es una marca fuerte en el fútbol y la apariencia para nosotros, al menos de salida, es que se ha acudido a un despacho con marca Tebas para que luego la propia Liga, con Tebas de presidente, emita un documento que puede ser clave en la resolución de este caso”, dijo Fernández.

En este mismo sentido, eldiario.es ha publicado recientemente que en 2018 Javier Tebas padre cobró 130.000 euros a una serie de sociedades entre las que se encontraba el Fuenlabrada. Si eso no es ilegal, es éticamente cuestionable.

Contaminado el Caso Fuenlabrada desde el más elemental conflicto de intereses, se disparan las suposiciones, casi todas perversas. Si el Fuenlabrada renuncia tan amablemente como apuntó la Liga el domingo a disputar su partido contra el Depor, habrá que pensar lo hace porque se le ha garantizado una compensación, la que sea (evitar el descenso administrativo, protección jurídica, etc). Cuesta mucho creer (y los jugadores tampoco lo creen) que un club que está ante la oportunidad histórica de subir a Primera tire la toalla sin agotar todas las posibilidades de disputar el partido clave, aunque sea reforzado con el filial.

Por si el enredo no fuera suficiente, el balón se encuentra ahora en el tejado de la Federación Española, cuyo presidente siente una animadversión visceral hacia Tebas, plenamente correspondida. Si la Federación castiga al Fuenlabrada habrá que pensar mal de nuevo: su decisión podría estar condicionada por la presencia de Tebas Jr. en el club madrileño, lo que nos lleva al punto de origen y a la pregunta sin respuesta. ¿Qué hace el hijo del presidente de La Liga en el consejo de administración el club de fútbol? ¿Nadie ha oído hablar de la mujer del César?

El coronavirus ha contagiado en España a 280.000 personas (28.436 muertos) y en el mundo a 16’5 millones (655.000 muertos). Acusar al Fuenlabrada de negligencia resultaría cómico si no fuera trágico. Tan absurdo como atacar a la Liga por el mal funcionamiento de un protocolo que sólo ha fallado esta vez. Unos y otros han sido víctimas de la pandemia, lo que no excluye que el proceso pudiera haber sido más eficiente, siempre se puede mejorar. Pero el Caso Fuenlabrada no es una historia de ventajistas, aunque ahora proliferen pícaros y aprovechados; es un simple y gigantesco conflicto de intereses.

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