Parece mentira que ya hayan pasado 10 años, o que solo hayan pasado 10 años, según se quiera mirar. Vi el partido en casa con mi mujer, que me decía que dejase de pasear, que es sólo fútbol, que no hacía mas que hacer el ridículo. También vino el ex novio de mi hijastra mediana, que quería ver el partido con alguien a quien de verdad le importase el marcador. Y, por supuesto, con nuestro perro, Jasper, entonces un cachorro de año y medio, que veía todos los partidos conmigo y que se puso a dar saltos a mi alrededor tras el gol de Iniesta. Tanto tiempo ha pasado que mi hijastra tiene ya tres hijos y Jasper nos dejó hace unas semanas. Desde sus puntos de vista, ha pasado toda una vida. O cuatro.

Vivir el Mundial desde un país tan futbolero como Inglaterra tiene sus ventajas y sus desventajas. No voy a mentir: desde el punto de vista mas egoísta, no tenia que compartir el título con nadie. No tengo vecinos españoles ni compañeros en la oficina de entonces. “My precious, mi tesoro”. También es cierto que hubiera sido divertido salir a la calle y celebrarlo con alguien. El blog en el que coincidíamos entonces no es lo mismo, pero volver al trabajo al día siguiente, después del cachondeo inicial de la derrota con Suiza, fue gratificante.

El martes ya no pude ir por culpa de las celebraciones. Las mías. Cuando marcó Iniesta dejé de pasear por el cuarto de estar y me caí de rodillas al suelo. Entre la alegría, la mirada de satisfacción del ex, el “no hagas el idiota” de mi mujer y los saltos de Jasper, no me di cuenta de que me había dado un buen golpe. Con la rodilla del tamaño del balón oficial de la FIFA, el médico me recetó paracetamol con codeína. Menos mal que no preguntó cómo me di el golpe. Le hubiera dicho que mereció la pena.

Hasta ese momento, la final fue un compendio de sensaciones. La actuación del árbitro, Howard Webb, me estaba haciendo dudar. ¿Volveremos a perder por el tío del silbato? El maleficio de la Selección se había roto dos años antes, cuando de una tacada se superaron los cuartos de final, la tanda de penaltis y a Italia: Tassotti, Eloy Olaya, Al-Ghandour… el exorcismo fue un éxito. ¿Podría Webb devolvernos la maldición, ser la patada sobre Xabi Alonso el codazo a Luis Enrique? ¿Quedarían impunes las patadas de van Bommel y llegará Roberto Baggio a burlar a Zubizarreta en el último suspiro? Afortunadamente, ni Robben era Baggio, aunque era muy bueno, ni Casillas era Zubi, era mucho mas ágil.

Pasados todos estos años, lo cierto es que no recuerdo que España tuviese grandes ocasiones de gol. La parada, el pie in extremis de Casillas, neutralizó las opciones de Holanda, y el equipo supo mantener la cabeza fría ante el juego violento de la selección oranje en un comportamiento tan antinatural. Ellos eran la Furia, o los furiosos, y España la que daba lecciones de técnica. Y todo eso estaba muy bien, pero no marcábamos gol. Yo estaba ya mentalizado para una tanda de penaltis, que ganaríamos sí o sí porque ese era nuestro día y así lo había decidido. Con Casillas en la portería y con lanzadores como Villa, Alonso, Xavi, Iniesta, Cesc, Ramos o Piqué, sólo se podía ganar. Y entonces Cesc dejó a Iniesta solo ante el portero, y fue justo en el instante siguiente, cuando yo me hice daño en la rodilla.

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