La afición para cualquier competición deportiva es la salsa y el ambiente de la fiesta del deporte. Ahora que a consecuencia de la pandemia no se puede acudir a las canchas, estadios, ni pabellones, la frialdad del escenario es evidente. Gradas vacías, ecos perdidos de jugadores esforzados, silbatos estridentes y la falta del calor de público afean cualquier espectáculo. No es lo mismo. El aliento de la afición, los cánticos de los seguidores y la ovación se echan en falta demasiado.

Hay una torcida que no tiene igual, con el debido respeto a otras respetables peñas y organizaciones de fans. Me refiero a la Demencia. No soy demente, pero sí sé que su presencia en los pabellones de baloncesto me ha hecho disfrutar mucho. «¡Estu-diantes!», “¡Yo sí te creo!”, “¡Demencia, demencia, la madre de la ciencia!” o “¡Que salgan los toreros, oé, que salgan los toreros, oé!”. Estos eran algunos de sus originales cánticos.

A diferencia de otros grupos, un principio ha gobernado su forma de entender su presencia en las gradas: el rechazo a la violencia. Es por esta razón y por la deportividad de que hacen gala por la que han sido distinguidos con importantes galardones, como el premio Estrellas del deporte de la Comunidad de Madrid, o el premio Infantas de España. A nivel nacional y europeo se han ganado, con absoluto merecimiento, un reconocimiento a su actitud y ejemplaridad. Lo señalo siendo un madridista de pro, pero que sabe reconocer las buenas prácticas en el mundo del deporte.

Su razón de ser es animar a su amado Estudiantes, equipo de referencia en la forma de trabajar la cantera, auténtico vivero de grandísimos jugadores: Alberto Herreros, Felipe y Alfonso Reyes, Nacho Azofra, Vicente Gil, Gonzalo y José Luis Sangi-Vela, Vicente Ramos, Carlos Jiménez y un larguísimo etcétera corroboran mi afirmación. Un club fundado en 1948 y que ha cosechado interesantes resultados en su palmarés: cuatro veces subcampeón de la Liga de Baloncesto, luego ACB; tres veces ganador de la Copa (62/63; 91/92 y 99/2000), y a nivel continental obteniendo muy dignos resultados durante sus participaciones en la Recopa (semifinalista en dos ocasiones), Copa Korac (una vez subcampeón), Euroliga (subcampeón), Copa ULEB (subcampeón en dos ocasiones), FIBA Cup (también semifinalista) y su participación en la Euroliga. Razones hay de sobra para estar orgullosos de su historia.

John Pinone en 1993 con la camiseta del Estu. CORDON PRESS

El origen de la Demencia es difuso, quizá habría que remontarse a la temporada 76/77, pues el Magata, el polideportivo Antonio Magariños fue inaugurado allá por 1971. Por cierto, este nombre es el homenaje al profesor de latín, jefe de estudios, fundador, impulsor y primer presidente del equipo colegial. Don Antonio sería su máximo dignatario entre 1948 y 1964. Esta cancha, con capacidad para tres mil espectadores, sucedió al anterior pabellón, conocido como La nevera, que primero era descubierto y luego cubierto.

La Demencia por tanto está vinculada al Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Ramiro de Maeztu, situado en la calle Serrano número 127, del madrileño barrio del Viso (Distrito Chamartín) y al Magata, verdadero lugar de culto estudiantil, y para cualquier amante de la canasta.

En las raíces de los dementes se encuentra la fusión de dos grupos que circulaban por el instituto: El Partido Demencial y QTR (Que Trabaje Rita), con sus facciones LC (La Cantaora) y LB (La Bailaora). Una “D” dentro de un círculo es su escudo, Recuerda mucho a la “A” anarquista en su logo. Pronto sus manifiestos y cánticos surrealistas se pondrían en marcha. Con ellos se rompía la formalidad, la rigidez y la frialdad en el graderío. Son verdaderamente ocurrentes y divertidos. Cuando juega el Estu, con independencia del resultado y del juego, nunca te aburres. Basta con mirar y escuchar a sus aficionados para pasar una buena jornada de baloncesto.

Especialmente alegre es cuando recitan el santoral. Se basa en repetir el cristiano“Ora Pro Nobis” después de nombrar a los imaginativos santos. “San Wiches, Ora Pro Nobis”; “San Adú, Ora Pro Nobis”; “Santi Llana, Ora Pro Nobis”….. Genial, sin lugar a dudas.  Las banderas, bufandas, pancartas, bombos, bocinas y cubregradas adornan el espectáculo, todo ello muy al estilo de los tifosi italianos. Cada canasta, cada jugada, cada tiempo muerto, durante el descanso… la diversión está garantizada. No importa la adversidad, incluso el resultado, siempre se anima y jalea a sus jugadores. Todo un ejemplo de deportividad y sincero afecto por los colores del club.

Dentro del absurdo bien entendido, merece la pena destacar a los ídolos dementes. “Garibaldi”, que no es si no el esqueleto que se encontraba en el laboratorio de Ciencias del Instituto; Juana La Loca; o, en clara referencia a los Centros de Salud Mental de Leganés y Ciempozuelos, a los allí ingresados a los que se consideraban  “compañeros” en sus reivindicaciones “demenciales”.

Su presencia en las ciudades que visitaban acompañando a su equipo, siempre ha sido y es recordada con cariño y hasta admiración. Nunca protagonizaban peleas, algaradas, disturbios, ni enfrentamientos con las aficiones rivales. Esto es extensivo a su principal “enemigo” deportivo, el Real Madrid. Su antimadridismo es parte de su ADN. De hecho, sus disgustos más sobresalientes fueron el paso de jugadores del Estudiantes a su eterno rival. No han sido pocos los casos: los hermanos Reyes, Antúnez, Sergio Rodríguez, Del Corral y, sobre todo, Alberto Herreros. Para ellos fue una auténtica tragedia, un drama existencial.

Qué atronador era el recibimiento al quinteto inicial en aquella década de los 80, cuando se coreaba el quinteto de juego de aquellas temporadas: Gil, López, Del Corral, Jones y el mítico Oso Pinone, el pivot más inteligente que ha jugado en la Liga española. Con apenas 2,02 metros sabía ganar la posición y defender a jugadores muchísimo más altos sacándoles de la pintura. Sus duelos con Arvydas Sabonis, de 2,20, certifican lo que señalo.

Los años 80 fueron tiempos de cambio, transformación y del culto a la incorrección. Se pretendía romper con los convencionalismos culturales. La indumentaria árabe empieza a ser utilizada. Chilabas y turbantes se convierten en habituales. Se hacía, de manera irreverente, un homenaje a la revolución de los ayatolás iraníes. Sus salidas por España eran calificadas de “Reconquista”. Hoy, todavía algunos animan así ataviados a sus ídolos. Esto quizá no fuera muy bien entendido por el público en general, pero no supuso ningún elemento de confrontación. Por otra parte, sería cierto señalar que subyacía un deseo de rechazar el pensamiento dominante en amplios sectores de la sociedad española. Su inconformismo, su rupturismo, su particular absurdo, les posicionó en una incorrección cercana a lo calificado como ácrata.

Hoy sigue editándose el fanzine Intifada (“Boletín Oficioso de la Guerra Santa Demente”). Su anti convencionalismo continúa. Su historia es pues la de una grandísima afición, siempre colegial, del Instituto Ramiro de Maeztu, que ha sabido acompañar en la alegría y el sufrimiento a su equipo. Jamás han dejado de estar presentes allá donde jugara su Estu, deambulando por las diversas canchas madrileñas en las que, por exigencias ajenas, han tenido que transitar: Magariños, Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, Palacio de Vistalegre, Madrid Arena, o el WiZink Center, donde se sitúan en el “Fondo Goya”.

Muchos años de amor a unos colores, muchas décadas de ejemplaridad deportiva y saber estar y animar. Una afición digna de ser reconocida y distinguida por todos. Sin la Demencia el baloncesto español no sería lo mismo, el Estudiantes tampoco.

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